edición: 2310 , Lunes, 25 septiembre 2017
05/11/2013
Analistas, economistas y `thinks tanks´, todos en marcha

Moncloa se une al `juego diabólico´ de las calificadoras

El Gobierno confía en que S&P y Moody´s se sumen a Fitch para echar las campanas al vuelo
Juan José González

Las calificadoras parecen encontrar motivos suficientes como para volver a ser activos en ese terreno tan rentable históricamente como es la venta de expectativas. Fitch ha sido la primera agencia de rating en abrir fuego (y juego) con una mejora cualitativa de la opinión sobre el mercado español: confirma la nota BBB de la deuda española, al tiempo que mejora su perspectiva de "negativa" a "estable". Suficiente como para que en Moncloa se hayan puesto las pilas y se dispongan, a toda prisa, a gestionar la noticia a modo de éxito de la salida de la crisis. Interpretan en palacio, que ha llegado la buena nueva procedente del exterior, tan sólo un "brote técnico", pero brote al fin. Un sin fin de alabanzas hacia las reformas aplicadas por el Ejecutivo, que forman parte del `argumentario´ de la calificadora, serán utilizados a partir de ahora como prueba de la eficacia política en la acción de gobierno. En todo caso, regresan las calificadoras al caladero en busca de pescado fresco, una cita a la que acuden economistas, analistas y medios de comunicación, entre otros. El Gobierno espera que S&P y Moody´s no se demoren.

En breve darán comienzo nuevas conferencias, eventos públicos y distribución por los canales habituales, de charlas e informes vinculados a las calificadoras de riesgo. Se trata de una liturgia formada por las reglas que de forma repetitiva aplican analistas de mercado, economistas `independientes´ y thinks tanks afines, etc. todos con alguna vinculación más o menos próxima a las agencias de calificación -con raras excepciones-. Es un juego taquillero el que se desarrolla en torno a los bonos del Estado, la deuda soberana, el riesgo país... todo cambia en función de si la distancia es mayor o menor a la bancarrota, al default, al impago de la deuda, a la intervención de Bruselas. Es el mar propicio, el movimiento de las aguas ideal para lanzar mensajes de catástrofe o de apoyo, todo depende.

La primera en lanzar las artes de pesca es la "hermana" Fitch, la más pequeña en tamaño de las tres calificadoras (S&P y Moody´s). Los comentarios de su primer informe tras la vuelta al `crecimiento positivo´ de la economía española, van en la mejor dirección posible para la `venta política´ del Gobierno. La calificadora alaba las reformas: la laboral, las pensiones, la reducción del déficit (de la sanitaria y la educativa no dice nada, al parecer no tienen repercusión económica) y da por buena la solución política aplicada a la reestructuración financiera. Como parte `buena´ del informe que justifica la mejora de la perspectiva de la nota de España, no está mal, pero deja una sensación de brevedad, transitoriedad, como si se tratase de un suceso fugaz, en fase interina.

La parte `mala´, la negativa, quizás la más real, y que sirve de paso a la agencia para curarse en salud en caso de error, señala que "las perspectivas de crecimiento a medio plazo son débiles" porque en general, todos los sectores de actividad se mantienen con elevado endeudamiento y muy alto desempleo. Tampoco son mejores las opiniones sobre el déficit y la deuda pública. Luego, si el balance entre lo positivo y lo negativo de la argumentación de Fitch se mantiene, en líneas generales, en la misma situación anterior al verano, poco se justifica la nota de la calificadora de la semana pasada, salvo que el cambio cualitativo se quiera asignar, tan solo, a la mejora de la prima de riesgo y a sus cerca de 8.000 millones de euros que la agencia calcula que se ahorrará el Estado.

Por lo demás, es posible que la calificadora se haya visto presionada por el interés de numerosos clientes internacionales que esperaban el `compromiso´ público y expreso de la agencia, una señal que mostrara un primer elemento de confianza para situar al mercado español, de nuevo, en la lista de "mercado objetivo".

Así pues, regresa el juego diabólico de las calificadoras (todavía impunes ante sus errores, hoy `olvidados´) de cuyas `notas´ o señales dependen la gravedad de los problemas para la deuda soberana de un país, como también provocar la caída del mercado bursátil, todo ello capaz de sembrar las dudas letales para la inversión, para el empleo e, incluso, para la estabilidad de un Gobierno (Portugal e Irlanda sin ir más lejos). Juegan, en este sentido, un papel destacado en la `certificación´ del desastre. Aunque al tiempo, son las mismas calificadoras las que con sus `notas´ llegan al circo de la recuperación económica  cuando el fin del mundo ya ha sido descartado y el campo de batalla da entrada a los inversores extranjeros, que comienzan a tomar posiciones, cuando el mercado de renta variable lleva diez meses en tendencia positiva (por encima del 20% anual) la prima de riesgo y el bono a diez años de vuelta a niveles `razonables´ y con algunos sectores (muy pocos) de la actividad económica con ligera demanda de empleo, pero de ahí a echar las campanas al vuelo, como pretende el Ejecutivo, media un peligroso espacio con mucho riesgo, incalificable.

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