edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
21/03/2018
banca 
Arranca una nueva ronda de consolidación

Moncloa da prioridad al objetivo político frente al económico en la venta de Bankia

BBVA no da señales de vida y Santander, Caixabank y Sabadell se confiesan en fase de digestión
Juan José González
La nueva ronda de consolidación bancaria en España comenzó, en realidad, el 31 de diciembre, con las cuentas legalmente cerradas y con el arranque del nuevo ejercicio anual, un año que se presentaba entonces como decisivo para Bankia y que con el paso de estos meses se ha confirmado. Hay prisas e inquietud en el accionista principal, el Frob, a su vez receptor de las presiones de un Ejecutivo que desea cerrar las (sus) tareas pendientes. Lo que antes eran prisas ahora son urgencias, el peor de los indicios posibles para una venta técnicamente conveniente y orgánicamente favorable para la entidad pública. En los últimos meses algo parece estar cambiando en los planes del Gobierno en los planes de privatización de la entidad: si hasta diciembre el mensaje interno y externo que transmitían el Ejecutivo, la entidad y el Frob, era de tranquilidad, calma mientras los interesados analizan la oportunidad y el Frob las ofertas que llegan -al menos una nacional y dos extranjeras, de grandes fondos- de repente se cambia el ritmo y con éste el mensaje. Aparece la premura, el apuro, porque ahora se impone el tiempo político. La legislatura es el horizonte temporal y en él priman los objetivos políticos, en especial, los de corto plazo. Se quiere acabar con el mantra de la devolución del `dinero del rescate bancario´. La recuperación total es una operación cercana a la prestidigitación, incluso si se tiene en cuenta que la franquicia ya devuelve algo de dinero a las arcas públicas, da beneficios, se da por saneada, se esperan mayores retornos y, además, se quiere bien casada. Si en diciembre los deseos del propietario -Frob- apuntaban a que el pretendiente debería acreditar una dote suficiente como para liquidar la mayor parte del mantra, ahora, además de la dote se exigen buenas y acreditadas referencias políticas. Un cambio revelador. Y urgente.
Lo cierto es que de Moncloa ha salido la iniciativa de acelerar las tareas pendientes, y la privatización de Bankia es una de ellas, antes de que el tiempo político de mayor intensidad -cuatro meses antes de las urnas- en los primeros meses de 2019, comiencen a digerir las propuestas de los partidos -en este caso, del Partido Popular- políticos. Si las prisas a secas no suelen ser buenas consejeras, las prisas políticas menos. Y en este caso, son las que presionan sobre los responsables de Bankia y a su vez las que confirman que el Gobierno, a través del Frob, se muestra dispuesto a imponer una solución política por la vía rápida para la privatización de la entidad bancaria.

Todas las fuentes consultadas apuntan en la misma dirección: prisas. Desde la primera semana de enero, casi tras las doce campanadas, teléfonos y correo reservado hacían llegar a los cuatro grandes del sector un mensaje claro y conciso: necesitaban una declaración expresa sobre el interés que -Santander, BBVA, Caixabank y Sabadell- tendrían en analizar el banco público. En este punto, los señalados en principio como potenciales compradores de la entidad se mostraron muy concentrados en sus propios trabajos; unos en el crecimiento orgánico y otros en tareas de digestión -Caixabank con BPI; Santander con Popular; Sabadell con TSB y BBVA en su digitalización-.

Es cierto que son buenas coartadas, ciertas, pero que en el caso de BBVA se demostraron más bien inciertas. El banco estudia y sigue al milímetro la respiración del banco público y mide a diario las pulsaciones de su presidente Goirigolzarri. En el banco azul un pequeño equipo de técnicos estudia sinergias, pros y contras políticos de la suma con Bankia. Las presiones de Frob, como las declaraciones en la City de Goirigolzarri, apenas han modificado el gesto facial de FG ni siquiera han alterado la estrategia de comunicación del segundo banco, que ha repetido su desinterés por la entidad pública.

Bankia, por su parte, hasta hace dos meses firme en su estrategia de mantenerse independiente en el mercado financiero español, ha modificado levemente su postura (a partir de las declaraciones del presidente José Ignacio Goirigolzarri en la City de Londres) y ha reconocido, de forma indirecta, una primera intención como es señalar la complementariedad (el encaje) de Bankia con BBVA. Es probable que ese "encaje" sea un movimiento táctico de despiste, si bien en la práctica es indicativo de un deseo del presidente en acelerar la consolidación del sector bancario en la que Bankia está llamada a jugar el papel de co-actor principal.

Moncloa ya ha decidido el modelo de sector financiero que desea en el futuro; de grandes bancos bien capitalizados y con posibilidades de jugar un papel activo internacional. Dan por resuelta la discrepancia de algunos miembros del Gobierno en materia de competencia local bancaria, oligopolio financiero y demás. Con cuatro grandes bancos están aseguradas la competencia y la independencia. Y con el concurso y especialización de Ibercaja, Bankinter, Kutxabank y Unicaja se puede dar por salvaguardada la cobertura de los servicios en la práctica totalidad de la geografía española. Una suma de razones que animan al Gobierno a priorizar en factor tiempo, las referencias del candidato -el corto plazo político- pero sin perder de vista la dote, siempre importante aunque aquí no necesariamente decisiva.

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