edición: 2804 , Lunes, 16 septiembre 2019
21/05/2014

Montebourg armado con nuevos poderes presiona a GE mientras espera que Siemens oferte por Alstom

A escasos días de las elecciones al Parlamento Europeo Francia se enroca en su defensa de los intereses nacionales
Carlos Schwartz

Valiéndose de los poderes que le ha conferido un decreto aprobado la pasada semana por el Gobierno de François Hollande, del que forma parte, Arnaud de Montebourg ha hecho frente a la ofertas de General Electric (GE) por la división de Energía de la ingeniería Alstom. El decreto da poderes al ministro de Economía para oponerse a adquisiciones de empresas francesas por parte de capitales extranjeros en varias áreas de actividad económica que incluyen transporte y energía. Las dos principales divisiones de Alstom se ocupan respectivamente de ambos sectores, una en el desarrollo de trenes de alta velocidad y la otra en energía y en particular en la tecnología de centrales nucleares. Los analistas extranjeros contemplaban con sorpresa como el ministro Montebourg hacía público el contenido de una reunión con el director de la división de energía de GE al que según relató le dijo que la oferta de su empresa por Alstom no era “aceptable”. GE ha ofertado por la división de energía de la francesa 17.000 millones de dólares.

La posición del Gobierno francés es una clara apuesta por una fusión de Alstom con otra empresa europea. La única que se ha manifestado dispuesta a estudiar esa operación ha sido Siemens que ve sinergias entre su división de energía y ferroviaria con la empresa francesa y estudia una oferta que se basa en la segregación de activos de las dos sociedades para formar un conglomerado con la división ferroviaria en manos de Alstom y la de energía en manos de Siemens. Pero esa oferta se hace esperar. Montebourg informó que la empresa alemana envió una carta a la francesa solicitando más información sobre sus operaciones. La paradoja de esta batalla es que se da en el contexto de las inminentes elecciones al Parlamento Europeo, y el supuesto de un mercado único europeo de la energía y el transporte ferroviario, la libertad en el movimiento de capitales, y los temas sujetos a escrutinio por las autoridades de la competencia, tanto nacionales como de la Comisión Europea (CE), parecen papel mojado. Los principios han saltado por los aires a la hora de encarar la defensa de los intereses nacionales.

El asunto es que no se trata sólo de intereses nacionales. La reacción de Francia que en el mundo sajón se mira como nacionalismo desmedido y choca precisamente con los criterios británicos en materia de inversión extranjera, tiene el soterrado respaldo, no de la CE y la UE, pero si de Alemania. La titubeante presencia de Siemens en este incidente pone al desnudo los temores de esa gran empresa. La entrada de GE en Europa, además comprando una cuota de mercado en el sector de la energía nada desdeñable, con la posibilidad añadida de hacerse con tecnología nuclear, preocupa seriamente a Siemens, pero más si se quiere al establishment político alemán. Deutsche Borse aceptó hace dos años el veto a su fusión con el New York Stock Exchange. NYSE fue adquirido por ICE. Ahora el estadounidense ICE es uno de las principales agentes de la consolidación en los servicios financieros en Europa y el primer competidor para las grandes empresas europeas de servicios financieros.

Un favor que el sector le debe al Comisario Joaquín Almunia. La batalla entre GE y Montebourg es ilustrativa de cómo las empresas de los países que logran encauzar su crecimiento económico pugnan por hacerse con los activos de las empresas menos capitalizadas y en dificultades para hacerse con su tecnología y sus mercados.

  El incidente es un recordatorio de que un proceso similar se puede desatar en cualquier momento en el sector europeo de las telecomunicaciones. No en vano Montebourg pretende una fusión entre Bouygues Telecomunicaciones y otro operador y presiona a la empresa para que busque alternativas a su fracasada adquisición de SFR. Mientras, está claro que el Gobierno francés no puede bloquear totalmente la venta de Alstom Energía a GE. Pero a lo que si aspira es a que la empresa francesa obtenga mejores condiciones que las que negoció durante largos meses su consejero delegado, Patrick Kron, a espaldas del Gobierno con GE. La división de energía de Alstom carece de la dimensión necesaria para ser una de las grandes del sector a pesar de sus desarrollo tecnológicos. No es un problema de tecnología ni de procesos. Es un problema de dimensión de capital, de masa crítica.

Mientras GE ha hecho ofertas complementarias al precio ofrecido por la división de Energía para suavizar la relación con Montebourg. Fundamentalmente ha ofrecido abrir el capital de una división de energía hidráulica a capitales de Francia, y vender la unidad de energía eólica a inversores franceses además de buscar una actividad conjunta de Alstom y GE en su división de señalización ferroviaria. El consejo de Alstom tiene previsto reunirse el dos de junio para considerar un informe independiente sobre la venta de su división de energía sobre la cual ya hay acuerdo en la empresa. Si el consejo ratifica el informe independiente y decide seguir adelante con la venta a GE las cosas tomarán un sesgo más encarnizado. Los analistas sospechan que el Gobierno no quiere bloquear definitivamente la oferta de la estadounidense porque teme que Siemens finalmente desista. En ese caso Alstom necesita vender a un tercero o acudir a una ayuda pública porque sus cuentas están muy lejos de mostrar un aspecto saludable.

Está claro que Montebourg quiere varias cosas, entre ellas la garantía para el empleo en Alstom. Otro frente es la preservación de la tecnología nuclear en manos francesas porque la generación eléctrica del país depende de esa energía. Este es un asunto clave porque el desarrollo de las nuevas generaciones de reactores de dimensiones reducidas están abriendo un nuevo territorio a la generación nuclear cuyo futuro quedó amenazado tras el accidente nuclear de Fukuyima el 11 de marzo de 2011. Pero los analistas consideran que esa forma de generación está al borde de un renacimiento de la mano de nuevas tecnologías más seguras en reactores de menores dimensiones. Alstom trabaja en esos desarrollos.

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