edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
10/12/2013
Elecciones de fondo

Montoro y De Guindos, a la greña por el IVA

Si España no se da prisa con las reformas, Bruselas le hará un calendario de la reforma fiscal
Juan José González

La diplomacia política española se mueve a toda velocidad estos días para frenar a una insistente Comisión Europea que pretende mayor firmeza recaudatoria para la reforma fiscal que planean los ministros Montoro y De Guindos. De nuevo el Ejecutivo español se encuentra en una posición comprometida ante unas autoridades comunitarias que muestran a diario que el crédito de la política económica se agota. El rescate bancario, cuyo balance final parece saldado con división de opiniones, agota también el recorrido que permite la explotación del éxito. Mientras el Gobierno español tantea el margen que le permitiría la Comisión para bajar impuestos, en Bruselas contemplan otro escenario y apuntan que no hay margen para bajarlos y que, en todo caso, lo que sí hay es prisa por llevar a cabo una reforma fiscal completa, amplia o integral del sistema tributario. El pulso se prevé firme y férreo, con escaso margen de maniobra para los españoles. De ahí que la diplomacia política deba esforzarse en conseguir que Bruselas no cumpla su amenaza y acabe por hacerle un traje a medida; a la medida fiscal.

De Guindos y Montoro pretenden que el comisario europeo de Asuntos Económicos, Olli Rhen dé el visto bueno a unos planes españoles cuyo objetivo son las citas electorales a la vista; la primera de ellas, las europeas, el próximo mayo. En su pretensión de proceder a la rebaja de algunos impuestos, o de frenar la reforma integral que pretende Bruselas, los españoles sacan tan solo ventaja en que cuentan con el tiempo a favor, puesto que un nuevo modelo fiscal no entraría en vigor hasta 2015. Es difícil que la Comisión pueda apurar plazos en una reforma fiscal, luego es probable que su estrategia se dirija ahora a presionar para que las bajadas de impuestos que pretende el Gobierno español sean muy limitadas o, al menos, para que consigan que algunas de sus recomendaciones sean bien vistas en Madrid.

Entre esas recomendaciones del nuevo modelo fiscal figuran la rebaja de tipos marginales del IRPF y la subida de la tributación del ahorro. Asimismo, se propone la eliminación de deducciones en el impuesto de sociedades y por la creación de impuestos ambientales. Y, finalmente, entre las más destacadas, aconsejan al Ejecutivo español bajar las cotizaciones sociales y subir el IVA. Como se verá, en el espíritu y en la forma de las recomendaciones, dominan las subidas. Por tanto, ni unas ni otras gustan a un Gobierno español, más dispuesto a tirar por una vía por la que, sin perjuicio de la recaudación, cuyo objetivo es que no se reduzca, bajen los tipos impositivos con la eliminación de las deducciones.

Un plan que para la Comisión expresa el interés político electoral del Gobierno al tiempo que pone en peligro el cumplimiento principal del compromiso español con el déficit público, el que más preocupa en Bruselas y el que puede poner la credibilidad del Ejecutivo español contra las cuerdas: cumplir los objetivos del déficit: recortar los dos próximos años entre 3 y 4 puntos el déficit sobre el PIB. Las propuestas o recomendaciones fiscales de Bruselas pueden servir para estar más cerca de lograr ese objetivo que las pretensiones `electorales´ de los españoles, seguramente con mayor facilidad para producir gasto y deuda antes que para lograr ahorro y austeridad.

En Bruselas mueven ficha para tensar el pulso con las autoridades españolas. Insisten esta vez en recalcar que a España le hacen falta más ingresos porque además de su posición deficitaria, resulta que es uno de los socios que menos recauda (menos del 40% del PIB) en tanto que los gastos se acercan al 45% del PIB. Y ahora resulta que la postura de la Comisión con respecto a la fiscalidad no difiere en nada de la que solicitaba hace dos años, cuando pretendía el rescate soberano de España; la fórmula de poner el acento en la fiscalidad indirecta, esto es, subiendo el IVA y los impuestos especiales, y reduciendo el peso en los directos, o sea, reducir IRPF y Sociedades.

De cualquier forma, el Ejecutivo español ya parece haberse inclinado por su iniciativa que es la bajada del IRPF para el próximo ejercicio, aunque ayer el presidente del Gobierno no aclaró si la entrada en vigor se producirá a partir del uno de enero o del uno de julio. En otros apartados de la reforma tributaria, y aunque parece haber numerosas coincidencias entre la Comisión y el Ejecutivo español, el problema se sitúa, curiosamente, en el campo de la contradicción de posturas entre el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro y el de Economía Luis de Guindos, ambos enfrentados por el desacuerdo sobre el IVA, entre dejarlo como está del primero y el partidario de retocarlo del segundo. Si bien las diferencias juegan a favor del calendario político del Gobierno español, también es cierto que juegan con la paciencia de la Comisión, siempre partidaria del aumento de ingresos fiscales y donde a España le queda aún mucho recorrido.

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