edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
19/11/2008
Observatorio Latinoamericano
Cristina Fernández de Kirchner

Moody´s , Fitch y la fuga de capitales anticipan un nuevo ´default´ en Argentina

Ana Zarzuela

Cristina Fernández reparte píldoras de optimismo con la nacionalización de las pensiones. Pero, subidos al tren del gasto y el aislamiento en los mercados de crédito, los Kirchner llevan a Argentina por los mismos hitos que en 2001. Los analistas advierten: al otro lado del túnel aguarda el impago. No son Moody´s y Fitch los únicos que le pitan la zona a un 'default' “muy probable”. Estrellan a los Kirchner contra el espejo de la realidad: la de su avidez por dinero fresco, la falta de fuentes de financiación y el ahogo del Banco Central, que no alcanza a apagar los incendios del dólar. La fuga de capitales, la recesión y las mermas fiscales se tragan cada dos meses la misma cantidad que las AFPJ pueden aportarle a las arcas públicas. Las multinacionales aprietan los dientes ante un entorno que hace olas. No entonarán la tocata y fuga, pero las españolas buscan ya compensaciones.

Con cada palada, la Casa Rosada cava el foso de su laberinto, ahora que los tres motores de su nave -el consumo interno, el superávit comercial y el gasto público- dan señales de ahogo. Pone a bailar a sus ansias con la sombra de un ´default´ que ya estaría aquí si no fuera por el maquillaje del IPC sobre los 180.000 millones de dólares de bonos ajustables. Los Kirchner han querido maquillar las grietas con el color de las administradoras de fondos de pensiones (AFPJ) y sus 15.000 millones de pesos en un año. Aunque, a cambio, han tenido que montarse en el caballo de la guerra contra el mayor inversor institucional y el cliente más fiel del mercado local. Pero el empeoramiento del riesgo país hasta los 1.700 puntos, los bonos a precios de liquidación -con tasas de retorno cercanas al mismo 30% de 2001 -y los temblores del Merval -que se deja un 50% en el año- redefinen las líneas rojas de la desconfianza. Y es que a los ojos de analistas, bonistas e inversores, las urgencias sólo arrojan más luz sobre las grietas que la Casa Rosada trataba de esconder: el pánico de las bolsas, la incertidumbre de cuatro millones de pensionistas y la fuga de capitales.

Por mucho que la recaudación de impuestos se haya incrementado en un 35% en octubre, es el propio Gobierno el que advierte de que la desaceleración -lejos del 4% de sus presupuestos- reducirá el colchón fiscal, tal como lo demuestran el IVA y los impuestos a las importaciones. Cada punto de esa retracción, sumado a la caída en el precio de las commodities supone un recorte de 15.000 millones de pesos en los ingresos fiscales calculados por el Gobierno. Lo que trae la nacionalización es mucho menos que lo que se lleva la recesión. Los Kirchner se reparan ya para servir a la mesa un aumento de gasto y de los salarios: dan cuerda a un modelo fallido en el que, la mano de su Estado, puede activar, de nuevo, la subida de precios y la compra de dólares.

Cristina Fernández se ha convertido en jardinera de una estrechez de fondos para el Estado cada vez más difícil de saciar, ahora que promete satisfacer a los bonistas  a tocateja. Los fondos de las AFPJ aportarán liquidez para la caja del poder, que hacía aguas por el apretón fiscal. Y para la hucha del fervor peronista, que se nutre de la euforia de obras públicas y un tsunami de publicidad. Pero el año que viene el Gobierno enfrenta obligaciones de deuda por 20.000 millones de dólares y, ni sus promesas al FMI ni la decisión de reabrir el canje de los bonos de los tenedores que no aceptaron la propuesta de Lavagna parecen suficientes para destrabar el grifo del crédito internacional. Menos aún ahora.

Con el flujo adicional que recaudará la Anses (15.000 millones de pesos), más los intereses (5.000 millones de pesos) el fisco exhibirá un superávit primario de 12.000 millones de dólares. Le seguirán faltando 6.500 millones de dólares para cubrir los vencimientos. Se podrán reprogramar los 2.500 millones en papeles en poder de las AFJP y de bancos locales. Pero todavía faltarían 4.000 millones de dólares. Además, en el pecado, la Casa Rosada llevará la penitencia. Sacrifica el futuro en el altar del presente. El Estado se hará con un flujo mensual de unos 1.000 millones de pesos y del fondo que administran las AFJP por unos 97.000 millones. Pero se perderá parte de las colocaciones: el 55% de las carteras está invertido en títulos públicos. Como socia minoritaria, puede ser otra cosa.

RESCATES DE EMERGENCIA

A Cristina Fernández de Kirchner se le ha rebelado hasta su marido: corre tratando de apagar los incendios de la nacionalización, el miedo de los mercados, las zozobras de los bonos y los suspiros del riesgo país. Néstor Kirchner ensaya un banco de desarrollo para la inversión productiva del Estado. Todas las cartas están ahora sobre la mesa, Incluso la más dolorosa para el ex presidente, llamar a los bomberos del Fondo Monetario Internacional, poner cara ‘ucraniana` y extender la mano a los 21.000 millones de dólares que podría exigirle a Dominique Strauss Khan, la inyección justa para hacer frente a los compromisos externos del Tesoro para 2009. Sería el último de los cartuchos para un ex presidente, condenado a desandar su camino de la retórica anti Fondo, a remover las dudas sobre el Indec y las estadísticas oficiales y a reabrir las heridas de los demás tenedores de deuda argentina.

Ni la subida sin techo de la tasa de interés- hoy las colocaciones de más de un millón de pesos rinden un 27% anual- han impedido la tocata y fuga de los depósitos bancarios, un 6% en el sector privado sólo en octubre. Ni el desprecio de los Kirchner a la salida de capitales -en el tercer trimestre, de 6000 millones de dólares y en octubre, de 4200 millones- , ni los esfuerzos por cubrirlo con los ingresos por exportaciones -en el mejor de los casos 12.000 millones de dólares- opacan la pérdida de reservas del Banco Central (BCRA), abocado a una devaluación gradual del dólar por la vía de la venta de divisas, o un shock devaluatorio para enfrentar las restricciones externas del crédito. Cada vez le resulta más caro pagar las cuentas de la Casa Rosada. En agosto de 2007, tras la crisis de las hipotecas en EE UU, el BCRA dejó por primera vez en cinco años el rol de comprador de divisas al que se había acostumbrado desde 2002 y se desprendió de 800 millones de dólares. Repitió en mayo con el conflicto entre el Gobierno y el campo y tuvo que vender a razón de unos 78 millones por día, un 85,6% más. Ahora, tras la nacionalización de las AFJP, ha tenido que vender a 131 millones de dólares de reservas por día, un 212% más que hace un año.

LA REEDICIÓN DE 2001

Cristina Fernández reedita la radiografía del jardín en el que quedó atrapado el presidente Fernando De la Rúa en 2001: un gobierno con baja popularidad, un nivel de actividad en disminución, alto endeudamiento, el acceso a los mercados voluntarios de deuda cerrado con doble llave, problemas fiscales, el riesgo país en alza, la subida en las tasas de interés, miedos a confiscaciones, intervención sobre el mercado de cambios, auxilios estatales a empresarios bendecidos por la mano de la Casa Blanca y la desconfianza de la población. 

A principios de ese año el gobierno hizo un canje de deuda a tasas similares a las que le pago este Ejecutivo al último préstamo de Hugo Chávez. A mediados del 2001 tuvo que anunciarse el déficit cero para tratar de convencer a la población que las cuentas fiscales iban a ser dominadas. Las tasas de interés comenzaron a subir para retener a los depositantes. Igual que ahora. Hoy también el acceso al mercado voluntario de deuda esta herméticamente cerrado, mientras el riesgo país se ubica en niveles iguales a los de septiembre del 2001, por encima de los 1600 puntos básicos. La calificación para la deuda en pesos es baja desde 2006 (B) y parte del pasivo nacional quedó como bajo en la calificación de restricted default. Hoy, además, la ‘nueva Eva Perón’ le ha sumado al escenario la distorsión de precios relativos y una maraña de subsidios. Un modelo fallido sobre el que ya hace semanas que se dispararon las alertas.

MÁS MADERA AL MISMO MODELO

La crisis global no ha hecho más que llover sobre mojado en un laberinto acotado por el descenso del precio de las commodities -sobre todo la soja y el petróleo- el fracaso del plan para incrementar las tasas a la exportación, la merma de los ingresos fiscales, la escasez de recursos productivos y la ‘euforia’ del gasto público. El jardín de la voracidad fiscal y la caza de recursos por parte del Estado han germinado. La fuga de capitales y desvalorización de las empresas han impactado sobre una tasa de inversión a duras penas sostenida por el Estado a través de la obra pública. Desde el corralito en adelante, la bancarización en el país se tornó lenta y no llegó a formarse un mercado crediticio de plazo y condiciones que alienten la entrada de inversiones. La relación entre los préstamos y el PIB es del 13 %, muy lejos aún del 21 % de México, al 33 % de Brasil y al 55 % de Chile. Y hasta las estadísticas de inflación, pobreza y producto bruto interno siguen bajo sospecha en un reino del que los Kirchner han querido escapar por el atajo de la renacionalización de las pensiones, pero que amenaza con conducirlos, de nuevo, al foso de las zozobras.

Las promesas de cancelación de la deuda con el Club de París, lejos de mostrar la superación de los límites argentinos, han puesto en un nivel superior los condicionamientos con el capital financiero. El gobierno de los Kirchner, el que más  ha pagado en la historia a los organismos internacionales -a pesar de la enseña combativa del ex presidente- es también el que más debe: se ha deslizado de los 144.000 millones de dólares de 2001 hasta los 170.000 de deuda global, 14.000 de ellos de vencimiento inminente. No se ha desendeudado, sólo ha endeudado al Banco Central. El golpe de timón sobre las AFPJ no cambia el ritmo ni la dirección final de la nave económica argentina, por mucho que queme el carbón de los 47.000 millones en reservas del Banco Central con una pérdida del 20% de su músculo en seis meses. El pago al contado supone una sangría para las reservas en divisas, reduce la liquidez internacional de Argentina y apunta al ‘enfriamiento’ de la economía al que el gobierno se resiste. Como prueba, el clamor del propio presidente del Banco Central, Redrado, por un ajuste fiscal.

Además, a Cristina Fernández le esperan aún sobre la mesa los acuerdos con los bonistas que no entraron en la negociación en 2004 -unos 30.000 millones más-. Y casi un 40% de la deuda se ajusta por la inflación, el principal indicador (el del Indec) que genera sospechas: mientras el Gobierno dice que se ubica en un dígito anual, los analistas privados sostienen que supera el 20%. La reducción de la liquidez cuando se le pagó al FMI estaba compensada, potencialmente, por la posibilidad de emitir más pesos a cambio del ingreso de nuevos fondos de afuera.

Desde el burladero, las compañías españolas dosifican la prudencia ante un baile que ya les cobra el castigo bursátil en el Ibex y el Merval. Telefónica, dispuesta a exigir una subida de tarifas, aguanta la pinza de los Werthein sobre las espaldas de su matrimonio con Telecom Italia. Y Endesa –con Edesur en cuarentena tras meses de azote kirchneriano- aprieta los dientes ante una zozobra energética que tiene otros padres. Repsol se cubre las espaldas de YPF en la ‘argentinidad’. La petrolera se ha tenido que acostumbrar a bailar el tango más apretado con Cristina, ahora que Enrique Eskenazi y el manto de los Kirchner le ponen música. Ya hace meses que pesca en las aguas de su vis más argentina, con los resultados, los aliados, la liquidez para diversificar sus inversiones. Y la expectativa de las provincias petroleras, que han comenzado a tenderle la alfombra roja con la concesión para la construcción del gasoducto de Neuquén y el coqueteo al desembarco en sus acciones, al que a pesar de las distancias, no se resisten.

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