edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
13/05/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Morales deja a dos velas los hidrocarburos de Bolivia

Quiere llenar la ‘maleta’ en Moncloa con nuevas ‘cargas’ para Repsol y REE
Ana Zarzuela

Se le tiñe de negro el desabastecimiento del invierno andino. El cerco de la nacionalización a la filial de British Petroleum marca en sus espaldas el escarmiento para las demás multinacionales. Mira a Perú. Morales  le bebe los vientos de los celos a la suerte de Alan García, que recibió la promesa de 500 millones anuales de inversión de Repsol.  Hace saber que quiere lo mismo para Bolivia. Al menos, buscará más de la ‘cuadra’ de las empresas participadas por la estatal YPFB, ahora que sus ingresos energéticos se reducirán en un 50% para 2009 y que los 4.000 millones que necesita para la industrialización de los hidrocarburos están sobre la mesa de sus urgencias. Piensa en retoques a la Ley de Hidrocarburos. Por pedir que no quede. Morales quiere más que el vínculo que deja sólo en manos de la española un 48,92% de Andina y le acelera el reloj de los 900 millones del Plan 100 para duplicar en cuatro años sus reservas. Trata de hermanar sus necesidades con el impulso de la petrolera hispano-argentina, que quiere multiplicar por siete la producción de Margarita. Morales paseará su diplomacia de doble faz por el Palacio de Santa Cruz en unos días con presiones sobre las empresas como arma negociadora para la deuda ante España. Brufau no estará solo en el nuevo mapa de las inversiones que diseña.

El presidente Evo Morales quiere subirse a la necesidad de aumentos de producción de gas -que acaba de poner de largo con un acuerdo con las 11 multinacionales operativas en el país-, la única vía con la que la oferta total de gas de Bolivia podría subir a 44,7 millones de m3, desde los 41 actuales. No es fácil la sintonía en la letra pequeña, lo sabe el director general de exploración y producción de Repsol YPF, Nemesio Fernández Cuesta y se dispone a hacérselo sentir el Palacio Quemado. La sintonía está sobre la mesa y el acuerdo marco también, pero las amenazas de La Paz hacen eco en la advertencia de Brufau en el bicentenario de las independencias: hoy, la región no es un entorno que invite a la confianza, es la que ha perdido más inversión exterior en la última década.

Se mira al ombligo de las segundas reservas de gas del continente americano, al epicentro de los primeros depósitos mundiales de litio -el 50% del total- y a sus galones de exportador petrolero, pero ni el embeleso bolivariano puede ya perder de vista que la que quiso ser la ‘Argelia’ latinoamericana está más cerca de consagrarse como el ‘Triángulo de las Bermudas’ energético de la región. El Banco Central no tiene más remedio que reconocer que los ingresos por hidrocarburos -más del 85% de los que recibe el país- se reducirán al menos 1.200 millones de dólares, un 50%. Ni la pinza, cada vez más estrecha por la carga impositiva a las multinacionales -en 2009 unos 1.500 millones- podrá contenerla. Por primera vez este trimestre, la economía boliviana presentó déficit comercial, muy lejos del superávit de los cinco pasados años que permitieron acumular un récord histórico de reservas,  hasta los 7.800 millones de dólares con los que cerró el año. Ni la producción de gas- que cayó en 9 millones de metros cúbicos entre 2008 y 2009 (hasta los 30,62 millones)  ni la de GLP, que disminuirá en 723 metros cúbicos al mes, ni la nula exploración de pozos nuevos (cinco frente a 65 hace cuatro años), ni el desplome de los precios ni la erosión en la venta de hidrocarburos y de líquidos combustibles (un 7,4% desde que Morales llegó al poder) acompañan la bitácora energética del gobierno andino.

YPFB corre un manto de silencio sobre las dimensiones de su producción y las reservas probadas- los analistas descuentan que son sólo 341 millones de barriles de crudo y 17,5 millones de gas- y más aún sobre el caso del contrato con Catler–Uniservice para la instalación de una Planta Separadora de Líquidos con una inversión de 86 millones de dólares, que derivó en la muerte del empresario Jorge O’Connor.  El refino de hidrocarburos por parte de la estatal ha bajado de 43.500 a 38.000 barriles diarios, lo que explica la disminución en el mercado de gasolina, diesel y jet fuel, entre otros. Bolivia le bebe los vientos a los derivados ajenos: sólo en el primer trimestre de 2009 ha tenido que importar 3.783 toneladas de gasolina, 2.000 veces más que en el mismo período de 2008. No es el ex superintendente de Hidrocarburos, Carlos Miranda, el único que advierte que a Morales se le cae “la estantería energética” y que la falta de inversiones y el freno a la producción acabarán cayendo con cada balda energética en el desabastecimiento de diésel, de gas licuado y el déficit de provisión de gasolina de al menos 515 metros cúbicos diarios como muy tarde en dos meses, en pleno invierno austral. La ampliación del Gasoducto Al Altiplano (GAA) aún está en construcción y su aprovechamiento, además, está condicionado a la conclusión del Gasoducto Carrasco-Cochabamba (GCC), prevista para 2010.

Las previsiones del Ministro Saúl Avalos a principios de año -la producción de gas natural aumentaría un 15% en el 2009 y se abrirían nuevos mercados-  han driblado a la realidad. Bolivia tiene desde hace meses la producción estancada en 40 millones de metros cúbicos diarios, un horizonte insuficiente para abastecer los 32 millones que requería  Brasil, los 7,7 de Argentina y  los seis millones de demanda interna. Antes de 2003 incluso hubo interés de EE UU, pero pudo más la oposición a sacar la energía a través de Chile. Hoy Venezuela le vende a ese país. Todas las bazas de Bolivia miran al mercado exterior, del que recibirá el 90% de sus ingresos. Y en el, sólo hay dos apellidos: según sus cálculos, este año Brasil le comprará gas por 1.139 millones de dólares, Argentina por 280. Lula promete cumplir con los acuerdos vigentes hasta 2019, pero “no dependerá más del humor de nadie”. Con cada ladrillo de autonomía, Brasilia levanta el muro del aislamiento energético andino. La terminal de GNL de Río de Janeiro tiene capacidad para procesar 14 millones de metros cúbicos diarios. Lula inauguró en el 2008 una terminal de GNL en Ceará (noreste), con capacidad para 7 millones de metros cúbicos diarios de gas natural. Otra terminal estará concluida entre el 2012 y el 2013. Y Petrobras ha acelerado sus proyectos de producción en la cuenca de Santos.

La maldición energética se teje a la perfección: el presidente quiere pasarle la factura a las multinacionales por un modelo al que da cuerda a pesar de los nulos resultados del intervencionismo: escasez, desabastecimiento dentro y fuera de sus fronteras y precios que crecen más allá de las promesas gubernamentales, pero no hace más que reincentivar el consumo y desalentar la inversión. A fines de 2005, la venta de hidrocarburos, interna y de exportación, era en Bolivia 1.500 millones de dólares anuales, y sólo 300 le quedaban al Estado. Hoy, con la nacionalización, supera los  2.000 millones de dólares a las arcas del Estado. Pero la realidad es que no hubo modernización del sector eléctrico ni del gas y que ni YPFB cuenta con la logística necesaria para la distribución del GLP. No es la Cámara Boliviana de Hidrocarburos la única que advierte que los recelos de las multinacionales y la sequía inversora de la estatal YPFB erosionan el sector: en 2008 sólo se perforaron cuatro pozos de petróleo- dos de ellos en manos de Petrobras y la argentina Pluspetrol-, mientras que Colombia perforaba 82, Perú 153, o Argentina 1.105. Y el cielo de los 1.266 millones de dólares de inversión prometido por el Palacio Quemado ha quedado en 300.

Bolivia entona el himno de la dependencia. Amistosa, con Venezuela y Argentina. Forzosa, con las multinacionales. Olvida que invirtieron 4.600 millones de dólares en la búsqueda de hidrocarburos y lograron multiplicar por nueve las reservas y convertir al país en el segundo productor de gas del continente. Pero hoy, ante la inseguridad jurídica, la merma de los beneficios y el incremento del riesgo de la tasa de retorno, han procurado proteger las inversiones en niveles mínimos para sostener la producción y cumplir con los volúmenes de exportación, no para aumentar las reservas gasíferas y petrolíferas, a pesar de las presiones de Morales, que ha renegociado los nuevos contratos con el manta del chantaje y los compromisos forzosos por bandera. Ni las nacionalizaciones sin fin- BP promete tener secuelas- ni un laberinto acotado por el referéndum revocatorio, la nueva Carta Magna y las elecciones en diciembre hacen más que alimentar los recelos inversores. Como  advierte el Instituto Fraser de Canadá, Bolivia es ya el país con más barreras en exploración y producción petrolera del continente.

El presidente Morales celebra el retorno a la ‘Casa Rusa’ con las alfombras rojas de Medvedev y los 4.000 millones de dólares prometidos por Gazprom hasta el epicentro de su gas con tal de marcarle los planes futuros. Sólo eso, prometidos. Y huérfana del gasoducto del sur, sueña con uno paraguayo que alimente la dependencia de la Asunción y Uruguay, pero sus hidrocarburos no llegarán a ellos antes de seis años. Colisiona con las provincias gasistas bolivianas, se conforma con el aplauso de Hugo Chávez y Pdvsa, se ha convertido en un paria para Petrobrás, en el hermano pobre de un cono sur en el que sus vecinos han asumido que el cinturón energético no se desplegará gracias a la Paz y corren a importar Gas Natural Licuado (GNL). Inerme ante el despegue energético de Perú, se aferra al imposible del gasoducto del Nordeste que espera que Argentina pague.

CERCO A REPSOL YPF

En su momento, La Paz selló con Repsol YPF un compromiso con la petrolera Andina -responsable del 40% del gas natural- como alianza dorada. Pero Morales quiere más que un vínculo que deja sólo en manos de la española un 48,92% del paquete accionarial; obliga a Antoni Brufau a compartir la gestión con los enviados de Palacio, a entregar el timón y conformarse con dos consejeros de siete. De Repsol le gustaría que vista los ensueños de Morales en su triple condición: como socio del Estado, como inversor en los 900 millones de dólares del Plan 100, como productora en los megacampos de Margarita  y Huacaya y como puente de emergencia a las necesidades gasistas de Argentina y Brasil. Repsol ha sido durante dos años el aliado paciente, capaz de aguantar denuncias, subidas impositivas y amenazas. Acepta su rol de socia minoritaria, pero -aviso para navegantes- exige al Estado que, lejos de los tics de YPFB, se enfunde su traje de accionista mayoritario para que la compañía continúe operando, reinvirtiendo y distribuyendo las ganancias.

Andina ha cumplido el quinto mes bajo su nueva piel. Estaba llamada a ser la primera ‘criatura’ de una cohabitación en la que el presidente Evo Morales le escogió a Repsol YPF, a través de la estatal YPFB las arras, el contrato prenupcial y hasta el altar de las inversiones. Hace valer la oferta de Gazprom, que quiere su sitio en la foto de Petroandina. Y Morales dispara en las espaldas de Santa Cruz y la oposición autonomista, aunque sea con balas prestadas y a costa de darle más de una vez a Repsol y la heredera común -Andina- en toda la frente. La primera, hace un año, la segunda, hace menos de dos semanas, en las instalaciones de Yapacaní, que las autoridades santacriuceñas se han acostumbrado -ante el laissez faire del gobierno central- a utilizar como rehén de sus presiones al Palacio Quemado. Morales se engolosina con el juguete que obligó a apadrinar a Repsol, pero Andina y el campo de Vibora le clavan los colmillos a la petrolera: no ve – al menos no a tiempo- cómo en mayo el pozo 34 debía ingresar unos 8 mmpcd de gas en proceso de producción y el pozo 35 unos 7 mmpcd en julio.

EL ‘EQUIPAJE’ PARA MONCLOA

El boliviano juega toda su suerte a la carta de las mismas multinacionales a las que espanta a dos manos. Mandó hace dos meses al ministro Quintana a jurarle a Rodríguez Zapatero la tranquilidad para las inversiones españolas y el propio presidente Evo Morales promete que en su visita a España este mes será el oficiante de una luna de miel con nuevos euros ibéricos para Bolivia. Pero la visita de su enviado no pudo atar todos los cabos de la inversión y la cooperación que quedaron sueltos: Bolivia será preferente para la diplomacia ibérica, el país del continente americano que más cooperación recibe, pero Zapatero le ha dejado claro que las cifras aún no están escritas para la mitad de los 1.500 millones de euros que España prometió invertir en programas de dotación de agua potable y saneamiento básico en países de América Latina. Y sigue bajo la mesa la condonación de la tercera parte de la deuda con Madrid.
La primera prueba de paz de Bolivia no le duraba ni quince días: es mucho más que el viento de Air BP lo que se bebe su nueva aerolínea de bandera estatal, Boliviana de Aviación (BoA). Su administración revisa de nuevo ‘el cumplimiento’ de las inversiones de la filial de gestión de aeropuertos de Aena y Abertis y las concesiones a las que no les pudo encontrar ninguna mácula en verano. O, al menos, hace saber en voz alta que desea hacerlo.

Morales cerca a REE y “salva” a Iberdrola. Ya hay hoja de ruta y -jura el presidente boliviano- también presupuesto para la nacionalización. La partitura está clara, la recuerda La Paz: o las eléctricas negocian ‘por las buenas’ y acuerdan un precio o serán expropiadas. Las tres generadoras -Valle Hermoso, Corani y Guaracachi- están ya en la sala de espera. La siguiente será la Transportadora de Electricidad, controlada por Red Eléctrica Española (REE). Iberdrola -y su filial Electropaz - salva, por ahora, la ‘negociación’. Entretanto, el Gobierno de La Paz arañará más rebajas tarifarias con las que apaciguar a sus huestes y forzar nuevas inversiones para acompañar los acuerdos de renovación con REE.

A BBVA se le nubla el cielo boliviano en todas las latitudes: con las pensiones y con la gestión de las generadoras eléctricas en las que tienen participación las AFP Futuro y Previsión. Ni el silencio de la trinchera que comparte con Zúrich Financial Service ni los primeros sones de la versión más benévola de la nueva Ley de Pensiones consuelan a FG: tendrá que batir a su filial Previsión en duelo con Futura: sólo uno puede quedar en el mapa de las pensiones que ha dibujado el Palacio Quemado. Mientras tanto, las condiciones del mercado y las nuevas líneas rojas del sistema hacen el resto ahora que las nuevas gestoras de los recursos de jubilación deberán otorgar una rentabilidad superior el 8,2% que alcanzaron las actuales Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP), bajar la comisión de administración y mejorar la cobertura del sistema.

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