edición: 2112 , Viernes, 9 diciembre 2016
11/09/2008

Morales le cambia la cara a Repsol en Bolivia

Ana Zarzuela

Nuevos apellidos, pero el mismo mantra del chantaje, cada vez a más velocidad. Morales celebra su guerra contra las regiones petroleras encumbrando a Saúl Ávalos. El nuevo ministro planta invoca el milagro forzoso: ya no sólo duplicar en cuatro años sus reservas de gas, sino cuadruplicar el bombeo a Argentina en 2009. Las trasnacionales estaban abocadas a nutrir los 2.500 millones de dólares del ‘Plan 100’ y ahora a aumentar su producción. A Repsol la lámpara de Aladino de Ávalos le saldrá cara: como socio del Estado en Andina, como productor en los megacampos de Margarita  y Huacaya y como puente entre Bolivia y las necesidades de Argentina y Brasil.

Ávalos ha llegado con el pan del gas y el petróleo bajo el brazo para Argentina y Brasil. Bolivia tiene desde hace meses la producción estancada en 40 millones de metros cúbicos diarios de gas, un horizonte insuficiente para abastecer los 32 millones que requiere Brasil, los 7,7 de Argentina y los seis millones de demanda interna. Se ha convertido en el capitán del triángulo de las Bermudas energético, pero urgido de un golpe de efecto que opaque la escisión del país en dos mitades que escapan a su control, Evo Morales se enfunda el traje de la segunda reserva de gas del continente (48,7 billones de pies cúbicos según una certificación ya caduca de 2005) y se ha sacado de la chistera bolivariana un ensueño con el que espera nada menos que duplicar en cuatro años sus actuales reservas de gas y aumentar progresivamente el suministro a Argentina hasta llegar a 28,8 millones de metros cúbicos diarios a partir del 2014.  Paradojas del credo bolivariano, el líder andino manotea su soledad en las espaldas de las multinacionales,  que condenadas a ser protagonistas del mito de Sísifo de sus descalabros petroleros, perpetúan la rueda de los desequilibrios.

Olvida que el ‘genio de la lámpara’ boliviana se ha secado desde la nacionalización de 2006. Como recuerda el Instituto Fraser de Canadá, Bolivia es ya el país con más barreras en exploración y producción petrolera del continente. Las empresas invirtieron más de 4.600 millones de dólares en la búsqueda de hidrocarburos y lograron multiplicar por nueve las reservas conocidas, lo que convirtió a Bolivia en el segundo productor de gas del continente. Pero hoy, ante la zozobra y la inseguridad jurídica, la merma de los beneficios y el incremento del riesgo de la tasa de retorno, han procurado estancar las inversiones a los niveles mínimos para sostener la producción, a pesar de las presiones de Morales, que ha renegociado los contratos con el mantra del chantaje y las inversiones forzosas por bandera. Condenadas al milagro, las trasnacionales energéticas -Petrobrás, Repsol YPF, Total y British Gas- tendrán que suplir la mayoría de los 1.500 millones de dólares que necesita para engendrarse y los 1.000 millones anuales para alimentarse el tentáculo gasista del nuevo monstruo energético de Evo Morales.

LA ECUACIÓN DEL ESCAPE

La ecuación parece sencilla, tal como la ha venido aplicando el presidente del jersey a rayas, que desde el 1 de mayo de 2006 no dudó en acusar de acaparamiento y gestión fraudulenta a las multinacionales. Antonio Brufau lo sabe bien. Si no le gustan las condiciones de los contratos con las compañías, se rompen. Si estorban, se les “nacionalizan” sus acciones y se transfieren al Estado, aunque su participación sea mayoritaria. Si, vapuleadas por las condiciones de la nacionalización en el sector de los hidrocarburos, la telefonía y la minería, las trasnacionales buscan la protección del derecho internacional y acuden al Centro Internacional de Arreglo de Diferencias e Inversiones del Banco Mundial, para la Paz basta con negar la mayor y no reconocer al árbitro.

Morales revalida el barómetro del Real Instituto Elcano: el 48% de los españoles piensa que con Evo, las relaciones con Bolivia han empeorado y más de un 60% que la nacionalización del gas ha perjudicado a España. Repsol YPF prometió no irse de ningún país de la región. No, al menos en tanto los bolivarianos no se lo dejen imposible con sus afanes nacionalizadotes y sus arremetidas impositivas. Pero a Brufau Rafael Correa y Evo Morales le están poniendo la cintura a prueba. Tanto como para acelerar la diversificación regional, un puente de plata para que la petrolera, por la vía de la desinversión en YPF, así como en otros activos del continente latinoamericano, vaya reduciendo su posicionamiento en este área de riesgo, diversifique  inversiones por toda Latinoamérica y pesque en las aguas de los yacimientos de Brasil, Camisea y la posible reforma de la mexicana PEMEX, que prometen darle más alegrías y sobre todo, más reservas, a la  vista del mercado global, en el que la fortaleza del músculo de las refinerías- cada vez más caras e inasequibles para los recién llegados- y la experiencia en aguas profundas marcan las diferencias.

Pero por ahora, todos los caminos en el cono Sur conducen para Repsol a La Paz. Incluso los de Brasilia y Buenos Aires. Tampoco en la Casa Rosada derrochan entusiasmo por el Plan 100 de Morales, que pasa, entre otras cosas, por trata de dejar, sin éxito, en el tejado argentino la responsabilidad del Gasoducto y la mayor parte de su financiación- 1.200 de los 1.300 km-, la factura del desabastecimiento, la culpa de los pagos a destiempo, e incluso la financiación de una planta separadora básicamente para etanol y metanol en el Chaco boliviano. La Casa Rosada confía, sin embargo, en las multinacionales que trabajan en el mercado argentino y son capaces de tener un pie en Bolivia: Repsol YPF, Petrobras y Total. Al menos,  el anexo al contrato bilateral apunta a un acuerdo tripartito entre las dos operadoras estatales, Repsol, Petrobras, Total, Andina, Chaco y BG, donde ellos tengan garantía de pago y a su vez garanticen la entrega.

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