edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
19/12/2008
Lukoil, instrumento táctico del Kremlin

Moscú congela sus caramelos para España

Si no compran el paquete de Repsol, van a tener difícil justificar la desviación de otros contratos a empresas europeas
Ana Zarzuela

Nada por aquí y todo por allá. Moscú no ahorra abrazos pero son los del oso. Le marcan las distancias a ZP con el miedo a Repsol. El Kremlin acompaña la danza de Lukoil con más de un ‘disco dedicado’ a los intereses españoles. Si llega el desembarco de la petrolera rusa, no será precisamente con ofrendas de paz en la mano. Si no, las presiones que Rusia derrocha ya serán el pago a la desafección española. Moscú coloca de nuevo a España castigada contra la pared de las promesas: las de  infraestructuras pasan a mejor vida y otras manos. Para empezar, las ferroviarias a manos de Siemens y Alstom. Moscú aleja las posibilidades de avance de Repsol en Sajalin y en el accionariado de West Siberian. Reserva para Gazprom y Lukoil -directamente o a través de su ficha siciliana- el rol de zapadores del mercado ibérico y de ejecutores de la pinza de precios. Deja el gas y el crudo rusos y en su órbita asiática a más distancia y sin peaje para las energéticas españolas. Y más lejos, aún, las conversaciones entre Gazprom, Repsol e Iberdrola para el suministro de gas licuado a terceros países.

Lukoil coreografía cada vez con más énfasis su danza del desinterés por la petrolera española, con tanto esmero que parece que sólo puede acabar en divorcio o en una consumación cocinada a fuego lento. Alekperov y su vicepresidente, Leonid Fedun, hacen humo y no se resisten, hasta el último segundo, a forzar precios y oportunidades en España. No sería la primera vez: así compró Lukoil a ERG en Sicilia y negoció en Turquía y Croacia. A lo peor, manda mensajes a la galería de Putin y Medvedev, ahora que ha vuelto a pedirles 3.000 millones de dólares más para hacer realidad sus deseos. La línea recta no es el camino más corto en las relaciones energéticas ni las alianzas comerciales entre Moscú y Madrid. Los acuerdos quedarán para otros. Total, GDF-Suez, Eni y E. ON en cabeza.
Rusos, pero Medvedev y Putin se hacen los suecos. Por lo menos con Moncloa y los euros españoles. Las comparaciones son odiosas. Y si se hacen con las concesiones recién entregadas por el Kremlin a Merkel, Sarkozy, Berlusconi y hasta Cristina Fernández en la mano, más. Angela Merkel se volvió de Moscú con un acuerdo de cooperación para la explotación del yacimiento de gas siberiano Jushno Russkoje y un intercambio de activos: E.ON obtendrá el 25% menos una acción en el yacimiento Yuzhno-Russkoye. Si Total tiene en cuenta nuevos proyectos será con Gazprom, con la que ya comparte trabajo en el campo de Shtokman, en el Ártico. GDF Suez se conforma con llegar al bocado ruso por los atajos de las explotaciones regionales, con Lukoil como introductor de embajadores. Para empezar, con la cesión a Gas de France-Suez de un 15% en el proyecto de exploración del sector azerbaiyano del Mar Caspio. Enel produce ya el 5% de toda la electricidad que se genera en Rusia y está decidida a que lo que ha unido Serve no lo separe nadie. Y Eni se deja querer por Lukoil que ya tiene un pie en Sicilia y la propiedad a medias con ERG de una refinería.
MANOS VACÍAS
Después de cuatro peregrinaciones seguidas de Rodríguez Zapatero al Kremlin y un viaje del ministro Moratinos la semana pasada -en el que jura que no pronunció el apellido Lukoil-, España tendrá que conformarse –al menos por ahora- con el intento de resurrección de la moribunda Comisión Mixta de Cooperación Económica e Industrial ruso-española, tras tres años y medio de inactividad. Y con seguir mirando de lejos, desde el otro lado del cristal, la celebración en la ciudad balnearia de Sochi de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 y los planes de infraestructuras que incluyen 17.000 nuevos kilómetros de carreteras, 3.000 kilómetros de vías férreas y más de 100 nuevas pistas de aterrizaje. El consejo empresarial bilateral no llegará, en el mejor de los casos, antes del verano de 2009. Y Moscú se permite marear los trenes españoles. Rusia le tiene ganas al ferrocarril y el AVE españoles, negocia ya su desembarco en 2014 a cambio de alguna llave a su poderío energético. Pero se ocupa de mantener a distancia a las españolas de las infraestructuras viarias rusas que les había prometido.
Los 20.000 km del tren de alta velocidad que el gobierno de Dimitri Medvedev debe construir hasta 2030 quedan lejos para las españolas, tanto como la línea de ferrocarril directa entre Rusia y Europa, con la que en algún momento Moscú tentó a la Moncloa y el Palacio de Santa Cruz. Renfe y el Administrador de Infraestructuras Ferroviarias (Adif) exportarán a Rusia su tecnología y experiencia en construcción y explotación de líneas ferroviarias de Alta Velocidad (AVE). Eso es todo. Talgo selló hace pocos meses un acuerdo de colaboración con los Ferrocarriles Rusos (RZD) y aspira a adjudicarse el contrato de suministro a Rusia de entre cuatro y diez trenes ´Trenhotel´ de ancho variable que cubrirán la futura conexión ferroviaria Moscú-Berlín. Por ahora, sigue aspirando.
Alstom le gana las vías del tren ruso a España. Hace valer su alianza recién puesta de largo con Transmashholding (THM), que acaba de ofrecerle un bocado de hasta el 25% de su capital. Y le venderá a Moscú 1.200 vagones como ‘ofrenda’ inicial. Y es la alemana Siemens la que suministrará a RZD diez trenes de Alta Velocidad (AVE) para conectar a partir de 2010 Moscú y San Petersburgo. A Rusia los trenes se los pone Alstom, las finanzas Deustche Bahn, las alianzas, los magrebíes. Y Para trasportar carga entre Europa y el Pacífico se estudia hoy la incorporación de los ferrocarriles chinos a una empresa mixta de la RZHD con la Deutsche Bahn.
Los Ferrocarriles de Rusia (RZHD) tenían -o eso aseguraron en septiembre- interés en colaborar con España en proyectos en el norte de África, con la vista puesta en el sistema automático de cambio de vías de Talgo, la gestión de AVE y la modernización de vagones. Pero es la RZHD la que guarda para sí misma y para sus aliados de la Deutsche Bahn los concursos que acaba de ganar en Libia (una reconstrucción de 554 kilómetros) y en Argel (un tendido de cercanías y conexión con el aeropuerto).
PRESIONES ENERGÉTICAS
El gigante ruso, ocupado en sacudir el avispero europeo y penetrar por las grietas ibéricas, enseña músculo, llegue ahora o no a buen puerto su órdago. Gazprom y Lukoil le marcan el miedo a Repsol, ahora que Brufau mira al Este y que sus intereses confluyen en Latinoamérica. Moscú peina los celos y las presiones para E.ON, RWE, Enel, Eni  y GDF-Suez en las espaldas españolas y entretiene el juego de manos para Zapatero. El entreguismo de Angela Merkel, el pragmatismo de Silvio Berlusconi y el empeño de la sarkodiplomacia nuclear en torear a dos manos -con el capote diplomático de la UE y el estoque inversor de Total y GDF Suez- le deja claro al Palacio de Santa Cruz que las promesas de Medvedev van en serio: sus tentáculos energéticos aprietan ya.
Presiones, las comerciales, las empresariales. Y las energéticas. España está en su ecuación. Más ahora que, tras el frustrado intento por comprar Repsol, el gigante ruso Gazprom abre su primera sucursal en Madrid para vender energía en España. Moscú, se cobrará mientras tanto en precios para España sus zozobras financieras y los horizontes que ni la producción ni el desembarco accionarial le ponen fácil. Como lo hace con Europa. Al gigante euroasiático no le hace falta Lukoil para conquistar el mercado español. Ya lo ha hecho. Más del 20% de los suministros que reciben las refinerías españolas son ya rusos. Y se ha convertido ya en el primer exportador. Como recuerda la Confederación Española de Empresarios de Estaciones de Servicio (Ceees), cualquier desembarco de Lukoil en la península le daría otra vuelta de tuerca a la ecuación aún más a favor de Moscú. Entretanto, Moscú negocia aliarse con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano que conectará Nigeria con el Mediterráneo, llamado a transportar 25.000 millones de metros cúbicos desde 2015, en concreto para repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.
LA PRESENCIA RUSA DE REPSOL
Repsol YPF plantó cara a la telaraña energética rusa en su propio feudo. En verano, desde la petrolera se pensaba que la alianza con Rosneft -que tiene el 75% del bloque Veninsky y le vendería una parte a la hispanoargentina- no sólo daría acceso a las filas de Antonio Brufau a Sajalin III (un bloque que hoy se reparten Gazprom y Rosneft, junto con la china Sinopec), sino a estrechar su vínculo con la gasista estatal rusa, con la que en 2006 había suscrito un acuerdo tentativo para estudiar el desarrollo de proyectos conjuntos de gas y petróleo en Europa, Latinoamérica y África, así como proyectos de gas natural licuado. Pero Repsol ve ahora cómo el futuro de Sajalin (la isla donde yacen las mayores reservas de hidrocarburos rusos en el Pacífico) redefine este mes las aristas de sus consorcios energéticos sin que su apellido aparezca por ninguna parte.
Y sin que Gazprom -que tiene la llave de control y un 50% del accionariado- le ponga la alfombra roja a los deseos rusos de Brufau. Antes, Sajalin Energy  extraía y exportaba crudo únicamente seis meses al año desde Molikpac, en la plataforma marina al noroeste de la isla, donde se cargaban los petroleros con crudo para clientes en Japón, Corea del Sur,  China, Taiwán, Filipinas, Tailandia y Estados Unidos. Desde hace un mes, la puesta en marcha del oleoducto y la terminal marítima de Prigorodnoye multiplica las posibilidades comerciales del consorcio internacional, que por el monto de sus inversiones (más de 20.000 millones de dólares) es uno de los más importantes en el sector energético de Rusia. Casi tanto como la primera planta de licuefacción de gas (PLG) en Rusia, que acaba de levantarse también en Sajalin. Además, Sajalín-2 acaba de establecer el régimen permanente a sus exportaciones de crudo desde la isla rusa de Sajalín para abastecer a países de la zona del sudeste de Asia y el Pacífico. Comienza a suministrar petróleo de manera ininterrumpida. Y no hay ni rastro del 24% que Repsol quería comprarle a Rosneft en Sajalin III, por más que la promesa de los 52 millones de euros en inversión (sólo para el primer año) está sobre la mesa desde hace meses. La española consuela sus llamadas al cristal ruso con los resultados de su participada WSR. Eso es todo.
West Siberian Resources tampoco se lo pondrá fácil a Repsol YPF si quiere volver a elevar su participación en la compañía rusa hasta el 10%, desde el 3% actual, al que se diluyó  después de su fusión con Alliance Oil el pasado mes de enero.  Ocupada en sacudir el avispero europeo y penetrar con su huelo por las grietas españolas, Gazprom le cierra además a Repsol todas las puertas, las propias y las ajenas, mucho más allá de los muros rusos. Le gana la mano en Irán y tendrán que verse las caras en Iraq. Calienta el sillón en México, tiende la mano a la cartera de las aguas del Golfo cubanas. Y ahora, con ayuda de Evo Morales como introductor de embajadores y de la mano de la gala Total, no oculta su pretensión de adelantar por la derecha a Antonio Brufau en tierras bolivarianas: desembarca en Bolivia para explorar y explotar hidrocarburos con una inversión estimada de 4.500 millones de dólares, pero su inversión no pasa -como con YPF en Andina- por el matrimonio forzoso. Gazprom será, además, la operadora del nuevo consorcio petrolero ruso-venezolano.

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