edición: 2311 , Martes, 26 septiembre 2017
15/06/2009
Ni infraestructuras, ni trenes, ni instalaciones energéticas... nada

Moscú le toma otra vez el pelo a Moncloa

El Kremlin ningunea las promesas para Figueruelas y le recuerda a Sebastián que los acuerdos energéticos y los proyectos de infraestructuras son de 'ver pero no tocar'
Instalaciones de Jabárovsk
Javier Aldecoa

Es ruso, pero el vicepresidente Zhukov se ha hecho otra vez el sueco con Moncloa y los euros españoles. A domicilio. El Kremlin enreda a Sebastián y a Blanco en el juego de matriuskas de las Comisiones bilaterales y los acuerdos-marco. Nada por aquí y todo por allá. El ministro de Industria les sacó la bandera blanca de Opel, pero ni Gaz ni Sberbank quieren hablar de su 35% hasta septiembre con Madrid. No, al menos, hasta que deposite en el altar de Opel las garantías públicas para Figueruelas. Medvedev jugó la ficha de la energía española durante su visita a Madrid, dejó los abrazos repletos de promesas de alianzas gasistas e inversiones en renovables. El aval de 1.000 millones del Cesce para la refinería de Jabárovsk era el peaje español para inaugurar la sintonía del gas licuado y las renovables. Pero el presidente ruso ha dejado a Sebastián otra vez con las manos vacías, sin nada más que una nueva reunión de la Comisión hispano-rusa de Energía. El proyecto de Jabarovsk -el mayor acuerdo bilateral- sigue pendiente de nuevas garantías y de un crédito sindicado de un grupo de bancos españoles.

España tendrá que conformarse -al menos por ahora- con seguir mirando de lejos, desde el otro lado del cristal, la celebración en la ciudad balnearia de Sochi de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 y los planes de infraestructuras que incluyen 17.000 nuevos kilómetros de carreteras, 3.000 kilómetros de vías férreas y más de 100 nuevas pistas de aterrizaje. Le baila a Adif y TALGO en las espaldas de Siemens y Alstom el Ave moscovita. Y recuerda a Madrid que las promesas energéticas siguen siendo sólo eso. Lo saben Repsol y Gas Natural, tan lejos como hace tres meses de las tentaciones dibujadas por Medvedev en Yamal, Stockman y Sakhalin.

Sebastián fue a Rusia, con el aliento alemán en las espaldas, para defender la factoría de Figueruelas "con uñas y dientes", pero se confundió en el laberinto de espejos en el que Magna y Sberbank tratan de acomodar a Opel y volvió con la ‘vacuna moscovita’ en las espaldas y la convicción de que en el horizonte de Opel ya no sólo contará la rentabilidad de las plantas, sino “los criterios políticos”. Al ministro de Industria se lo han dicho a la cara y a domicilio, durante su periplo moscovita: Sólo se sabe que, para Figueruelas, hay un binomio sobre la mesa: más ayudas y sacrificios. Pese a que era su opción favorita, los sindicatos de Opel temen que sanear la compañía implique destruir al menos 11.000 de los 55.000 puestos de trabajo. Ni siquiera en el mejor de los escenarios se puede mantener la misma capacidad de producción en ninguna de las factorías de Opel. Sberbank promete que la plantilla de Opel en Alemania experimentará mínimos recortes, pero los recortes serán grandes en el extranjero.

El banco moscovita y sus aliados se ponen cómodos en las dudas, hacen notar su desgana y dejan ver que hasta que se empiece a consumar su desembarco –no antes de cuatro semanas- todo puede pasar aún. Advierten que si llega, el aterrizaje ruso-canadiense lo hará por la puerta pequeña: Magna y Sberbank sólo entregarán 139 millones de dólares por  el 55% de la filial de GM en Europa y otros 400 millones de euros (560 millones de dólares), pero sólo como crédito sin intereses.

Sebastián le ha cantado al Sberbank las alabanzas de la productividad de Figueruelas -entre un 30 y un 40% más que las demás factorías-. A pesar de tener en su mano planes para un 35% de Opel, el banco entona en ‘yo no he sido’ con la automovilista. De los planes industriales, no quiere ni oír hablar. Pero Putin y el Sberbank reclaman garantías públicas de bandera española. Y ya el Ministro de Industria ha adivinado que no será suficiente con ofrecerlas en los altares berlineses, en la sede central de Opel en Ruesselsheim, ni siquiera en los austrocanadienses de Strock. Ni el empeño de Sebastián en “cubrir todos los riesgos”, ni las urgencias de Figueruelas y la orfandad de Opel se lo ponen fácil. Tampoco el marco comunitario de ayudas: el Gobierno español no puede poner dinero sobre la mesa para garantizar la viabilidad de la planta aragonesa. Como mucho, avales o garantías como las que ha comenzado a liberar Angela Merkel. Industria camina con Figueruelas en las manos, en tierra de nadie, amurado entre la indiferencia de Moscú, las presiones de Magna y las ‘ayudas de ida y vuelta’ de Angela Merkel, que quiere que junto con Londres, sea la planta con más ayuda estatal.

EL LABERINTO DE LOS ACUERDOS

Medvedev le recordó alto y claro a Rodríguez Zapatero -en su visita a Madrid en marzo- que tendría que conformarse con la resurrección de la Comisión Mixta de Cooperación Económica e Industrial ruso-española, tras tres años y medio de inactividad. Pero al ministro de Industria la presidencia de su última reunión en latitudes moscovitas, la semana pasada, sólo le ha dejado nuevas promesas -una comisión mixta de energía que comenzará sus sesiones en menos de dos meses-, el mantra de la sintonía empresarial entre Moscú y Madrid y la alfombra roja para que Rusia sea país invitado en el próximo Salón Barcelona Meeting Point en octubre. Eso es todo.

El embajador de Rusia en España, Alexander Kuznetsov está prometiendo en cada CCAA un ‘Eldorado’ para las inversiones en renovables, infraestructuras y construcción. Pero la procesión no tiene horizonte. Medvedev y Zapatero se regodean en la niebla de los acuerdos. Los hay de sobra: de asociación estratégica, cooperación turística y ferroviaria, un memorando entre fiscalías generales, un pacto para el tránsito por el espacio aéreo ruso de nuestras fuerzas en Afganistán, un acuerdo entre el Banco Ruso de Desarrollo y la Compañía Española de Crédito Estatal. Lo tangible ha quedado, hasta ahora para otros. Sólo Italia multiplica por diez los intercambios con Moscú. España tendrá que conformarse -al menos por ahora- con seguir mirando de lejos, desde el otro lado del cristal, la celebración en la ciudad balnearia de Sochi de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014 y los planes de infraestructuras que incluyen 17.000 nuevos kilómetros de carreteras, 3.000 kilómetros de vías férreas y más de 100 nuevas pistas de aterrizaje. Moscú mantiene el sector aeroespacial lejos de las manos y la decena de proyectos ibéricos.

La parálisis de la factoría de Jabárovks, que iba a ser el mayor proyecto industrial bilateral, le recuerda el precio de la sintonía entre Moncloa y el Kremlin a Técnicas Reunidas. El aval del Cesce y la mano tendida a 1.000 millones de dólares en créditos eran parte del peaje de Moncloa para coronar a Moscú como nuevo socio estratégico y despejar el camino al mayor proyecto bilateral entre empresas rusas y españolas. El Kremlin se cobraba caro ya entonces el repudio a Lukoil con un placet avalado por Zapatero para desembarcar en el mercado español del gas y las renovables y la mano abierta de la ayuda financiera. Hoy, su anfitrión, la petrolera Alliance -participada al 100% por West Siberian Resource- no suelta la alianza, sólo la retrasa y camina sobre las ascuas de los créditos que necesita. Técnicas Reunidas espera que llegue pronto -los trabajos de montaje y construcción están parados- Moscú más aún: un grupo de bancos españoles trabaja en un crédito sindicado al estatal Vneshekonombank. El Kremlin vuelve a golpear a las puertas de Moncloa, esta vez con la mano de las urgencias de Técnicas Reunidas.

Medvedev tiene su desembarco ferroviario en España, pero le pasó a la ministra Álvarez por los ojos los 20.000 kilómetros de líneas AVE hasta 2030 y su inversión de 315.000 millones de euros. Y vuelve a reeditar la misma coreografía del desprecio con el ministro  Blanco, condenado a ver sólo de lejos el nuevo tren Moscú-San Petersburgo y el trayecto del futuro Circum-Baikal Railway, que circunvalará Siberia. Ni el ancho de vía variable que Rusia quiere mantener –al que han tratado de aferrarse CAF y TALGO con los galones de su experiencia- ni las promesas de inversiones y el interés por el know how de las empresas españolas les han dado acceso a la médula del nuevo plan de transportes de Medvedev y Putin. Menos aún al tren de alta velocidad Moscú- San Petersburgo, que ha acabado a la mano de Alstom y su alianza con TransMashHolding -de la que adquirió un 25% en marzo-.

Los vagones de alta velocidad quedarán para Siemens -que cocina un acuerdo para construir locomotoras a cuatro manos con  la rusa Sinara-, los demás para Alstom, que es el ariete de la nueva ‘Yalta’ ferroviaria que la gala SNCF acaba de sellar con la estatal RZD. Las dos caminarán al unísono en la red de transportes de mercancías entre Europa. Rusia y Asia que Moscú busca potenciar. Además, la red de ferrocarriles rusos baraja a la futura contraparte en la construcción de vagones de dos pisos en un ‘club’ de pretendientes cerrados y sin apellidos ibéricos, al que sólo tienen acceso Bombardier (Canadá), Kawasaki (Japón) y Alstorm (Francia). En el pasado, el monopolio ferroviario ruso había negociado tal posibilidad con la finlandesa Transtech pero más tarde se supo que su tecnología no es exclusiva y pertenece también a la española Talgo.  Para RENFE y Adif, en vivo y  en directo, por ahora, sólo promesas sobre los intercambiadores de ancho de vía que Moscú prueba desde hace meses. Y el juramento de seguir dialogando, ahora con un grupo de trabajo trimestral como ariete.

ENERGÍA EN EL CONGELADOR

La línea recta no es el camino más corto en las relaciones energéticas entre Moscú y Madrid. El entreguismo de Angela Merkel, el pragmatismo de Silvio Berlusconi y el empeño de la sarkodiplomacia nuclear en torear a dos manos -con el capote diplomático de la UE y el estoque inversor de Total y GDF Suez- le han dejado claro al Palacio de Santa Cruz que las promesas del presidente Medvedev van en serio: sus tentáculos energéticos aprietan de cerca. La línea recta no es el camino más corto en las relaciones entre Moscú y Madrid. Por ahora, Moscú se conforma -y obliga a Moncloa a conformarse- con la ‘diplomacia’ energética: un acuerdo marco, una comisión permanente y muchas intenciones que Gas Natural, Iberdrola y Repsol tendrán que concretar. Desde marzo no se ha podido hacer.

Rusia lanzó a principios de año su primera planta de gas natural licuado (GNL), Sakhalin-2 y pondrá en marcha una segunda en el lejano oriente en los próximos años. En la mira, inversores para los más de 45.000 millones de dólares que necesitará. Y mercados para entre un 20-25% de las exportaciones de GNL mundial. España tiene ya los galones, las compañías, los suministradores y las infraestructuras para ser la puerta del GNL de Europa. Con Repsol y Gas Natural mira al campo de Yamal, en Siberia. Necesita financiación para su GNL y coloca a las españolas en un disparadero en el que ya hay una veintena de multinacionales en liza, pero en el que hasta finales de 2009 no se definirá la viabilidad final del proyecto.

A Gas Natural prometió abrirle el grifo de Stockman hacia la península, un futuro que no llegará hasta 2014 pero que le permite -Miller dixit- a Rusia una grieta por la que horadar nuevos mercados en España y Latinoamérica. Gazprom espera decidir si sus socios en el plan Stockman, la francesa Total y la noruega StatoilHydro, deberán seguir adelante con él a comienzos de 2010 y considera el interés de sus tres socios en Sakhalin-2 -Royal Dutch Shell, Mitsui y Mitsubishi Corp- en posibles proyectos de GNL en la península de Yamal, en la costa norte de Rusia.

Son Gazprom y el Kremlin los primeros en reconocer que la caída del precio de los hidrocarburos puede lastrar o al menos demorar el impulso de Stockman, uno de los proyectos más ambiciosos de la gasista, calculado a precios por encima de 50 dólares/barril para ser viable. Más aún a la vista de que sólo un 30% de la inversión provendrá de los socios y necesita un 70% de financiación exterior. Si el oro negro no se le despeja a Moscú, reducirá un 20% sus programas de inversión y, con el North Stream y South Stream en cabeza, no habrá mucho sitio para Stockman. Ya hace menos de un año, cuando esperaba amasar Stockman desde 2013, tentó un acuerdo entre la división británica del gigante energético ruso, Gazprom Marketing & Trading (GM&T), y  Gas Natural SDG para la reexportación del hidrocarburo proveniente de terceros países como Libia o Azerbaiyán, al mercado español, ampliable al GNL producido en la plataforma rusa del Mar de Barents.

Brufau ya sabe algo de eso: en 2006 firmó un acuerdo con Gazprom para estudiar el desarrollo de proyectos conjuntos de gas, petróleo y GNL en Europa y Latinoamérica. Tiene un 4% en West Siberian Resources, pero no ha conseguido hacerse sitio en Sajalin III, el ‘caramelo’ que ahora vuelve a enseñarle otra vez Miller a cambio del acceso a sus inversiones, a su mercado de GNL, al crudo en el Golfo de Mèxico, Brasil y Cuba y el gas en Perú. Los ojos rusos de Sajalin sólo miran aún a la segunda fase de su proyecto -que Gazprom desarrolla conjuntamente con Shell, Mitsui y Mitsubishi- con el que espera controlar un 8% del mercado japonés del gas natural licuado (GNL), una vez que consume una inversión de más de 20.000 millones de dólares. Moscú ha tentado a Antoni Brufau con la presencia del 'zar del petróleo', Igor Sechin -el hombre del Estado en la petrolera Rosneft- , promete cooperar con Repsol en Rusia y en otras zonas donde Rosneft tiene intereses, como el Magreb o Latinoamérica. Y abrirle la puerta al campo de Yamal y el GNL. De Repsol todo les gusta: tiene un pie en Cuba y otro en el gas estadounidense, allá donde el nuevo GNL de Rusia quiere llegar; la mano sobre el gas de Trinidad, que ha hecho descender la dependencia de Argelia. Y, a sus hombros, tres de los cinco mayores descubrimientos del año: los campos de Guara en Brasil, Kinteroni en Perú y Huacaya en Bolivia.

Pero la petrolera hispana siente aún el aliento de Putin y Medvedev también en la nuca rusa. Su participada West Siberian Resources (en la que, tras la fusión con Alliance Oil, cuenta con un 4% y presencia en el Consejo) ha duplicado sus ingresos en 2008, pero ya desde 2007 acusa problemas para mantener algunas licencias de exploración de crudo por la presión de las autoridades locales. Y no ha tenido más remedio que renovar una línea de crédito de 146 millones de euros -que deberá cancelar antes de 9 meses- con el banco público VTB para alargar el plazo de la deuda y facilitar las inversiones en la refinería. Sólo después de realizar diversas concesiones a los mandatarios de la región autónoma de Nenets, donde se ubica esa provincia -entre ellos el pago de cargos para el desarrollo social y económico de la zona y la domiciliación fiscal de las filiales- West Siberian Resources ha evitado su expulsión de la zona.

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