edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
30/09/2009
BELVEDERE
Francisco González, presidente de BBVA

Motín en el BBVA

Un consejo domesticado decide prorrogar el mandato de Francisco González no se sabe a propuesta de quién
Goirigolzarri va acompañado en su defenestración por Sevilla, su propia alternativa, el único afín que le quedaba tras “vender” a su gente en la penúltima crisis
Alfonso Pajuelo

Que José Ignacio Goirigolzarri no es Marlon Brando está claro. Mucho más que Francisco González no es Trevor Howard. Pero lo sucedido parece una película y se filmó allá por 1962: ‘Mutiny on de Bounty'/Motín en la Bounty. Ahora es el momento en que podemos descubrir el guión de una nueva versión de este clásico (Humphrey Bogart también protagonizó ‘El Motín del Caine’ en 1954) y tiene título: ‘Motín en el BBVA’. El argumento parece calcado pero el desenlace cambia matizadamente, tanto es así que el segundo de a bordo rebelde que lucha contra el despótico capitán es, finalmente pasado por la quilla. En la película de Brando, los amotinados son desembarcados y abandonados y se empeñan en regresar a Reino Unido para contar lo sucedido al Almirantazgo, algo que no sucederá en la historia que nos ocupa.
Goirigolzarri ha sido el aspirante a la presidencia de BBVA desde hace más de cinco años y llegado el momento de exigir tajante que se cumpliera el pacto de sucesión ante la edad de jubilación de FG, es decir, los 65 años, algo que comprometió públicamente y de lo que presumió repetidas veces durante varios años. Pero no. Y ‘Goiri’ ya tuvo pruebas claras de que FG no pensaba cumplir su compromiso en al menos dos ocasiones. Primero, cuando le ofreció la vicepresidencia a Rodrigo Rato; segundo, cuando hace dos años cambió los estatutos para poder seguir en la presidencia hasta los 70 años. En ambas ocasiones se produjeron importantes crisis en la dirección de la entidad. Hasta donde se sabe, en ambas ocasiones ‘Goiri’ consiguió que se renovara el compromiso y en ambas tuvo que ceder algo para mantener el compromiso. En la primera ocasión sacrificó a su equipo de confianza, lo “vendió” para ser más exactos. Se afianzó como candidato pero se quedó solo en el banco. Ahora paga el error con su defenestración.

De la información oficial se deduce que el consejo decide -¿a propuesta de quién?- renovar a FG como presidente para otro mandado. Puede que sea así pero también que ‘Goiri’ exigiera el relevo invocando el pacto y FG lo interpretara como un motín y diera la orden al consejo de darle un nuevo mandato para zanjar la cuestión, lo que dejaría a ‘Goiri’ con el culo al aire (perdón por la expresión pero no hay otra más adecuada). Tengamos en cuenta que el consejo de BBVA está domesticado por su presidente y decidirá lo que él quiera. Y también tengamos en cuenta que el consejo de BBVA no tiene representantes del capital, apenas un 2% se sienta en sus sillones, espléndidamente remunerados por cierto.

Aun así cabe una duda: ¿Cómo es posible que Goirigolzarri plantee un órdago que sabe que va a perder? La respuesta es que tiene que haber algo más, algo con lo que el ex no esté de acuerdo, de lo que quiere distanciarse. De hecho, su salida no es única, le acompaña otro notable con condiciones y aspiraciones de alto copete, José Sevilla. Y no puede ser casualidad. Tiran por la ventana al consejero delegado y al lógico sucesor de éste. Doble defenestración.

Lo del abandono de “mutuo acuerdo” no deja de ser un eufemismo por mucho que corresponda a un concepto jurídico. Dicen que a la fuerza ahorcan pero en este caso da la impresión que ‘Goiri’ ha buscado lo que ha pasado. No podía ocurrir de otra forma dado el control que FG tiene sobre el consejo y lo solo que ‘Goiri’ se había quedado en el banco, únicamente Sevilla estaba a su lado. Por cierto, hace unos días también abandonó el banco la consejera delegada de BBVA Seguros, Rosa Alegría. Lo cito por si acaso.

Goirigolzarri ha sido un buen consejero delegado y ha sabido administrar la espléndida herencia que dejó el BBV a pesar de los vaivenes y “caprichos” del presidente, empeñado en dilapidar esa herencia recogiendo las ideas cedidas y, generalmente, estropeándolas. ‘Goiri’ tiene en su haber el mantenimiento de una magnífica red heredada y haber frenado su deterioro por las constantes aventuras de FG. Hasta cuatro reformas ha forzado en poco más de seis años y con malos resultados todas ellas. Ahora, anuncia la quinta pero ya veremos cómo resulta ya que no estará ‘Goiri’ para administrarla y sí el nuevo consejero delegado, un fiel a FG que carece de experiencia en dirección de red y tiene muy poca en negocio bancario, apenas la obtenida durante su paso por la dirección financiera. Malos momentos para ponerse en manos del jefe de personal.

Goirigolzarri ha tenido en su salida un arranque de ironía que le engrandece al afirmar que "tras ocho años intensos como consejero delegado y más de 30 al servicio del grupo, ha llegado el momento de dar paso a un relevo generacional en la gestión del día a día del banco".  Recuerden que FG cumple 65 años en octubre, unos días después de que Botín cumpla 75, y que ha decidido perpetuarse en el puesto, al menos hasta los 70, pero eso ya veremos si lo consigue. Si no es así, no será porque se lo impida el consejo.

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