edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
27/04/2017
Impuestos directos e indirectos

Movimiento en Hacienda para equilibrar la `cesta de los impuestos´

Para rebajar la presión fiscal, como pretende Nadal, hay que contar con nuevos impuestos y, además, cumplir con Bruselas 
Juan José González
El secretario de Estado de Presupuestos, Alberto Nadal, ha vuelto a confirmar la intención del Gobierno de rebajar la presión fiscal, condicionando su ejecución a un difuso e indeterminado "cuando sea posible". Sucede el pronunciamiento oficial en tiempo de declaración de rentas anuales, de rendimientos del trabajo y del ahorro. Coincide, sin embargo, con la sensación permanente de gasto público excesivo, incontrolado, del déficit presupuestario, del escaso avance de los salarios. Pero se produce en un momento social y político delicado, forzado por la gravedad de los hechos -imputaciones por corrupción- de hartazgo para la ciudadanía y desprestigio para los profesionales de la política. La política fiscal resulta, de esta forma, un arma arrojadiza utilizada en la batalla entre unos y otros. Quizá la coyuntura política, muy adversa para el Ejecutivo, estuviera necesitando de declaraciones de este tipo, de rebaja de impuestos, por su evidente atractivo, como reclamo de atención -y de voto- eficaz y porque el buen momento económico, con prometedoras expectativas de crecimiento, suele ser sinónimo de prometedoras caídas de impuestos.
En cualquier caso, no cabe duda que el `manejo´ inteligente de la política fiscal viene a ser el mejor reclamo para enganchar a la ciudadanía, siempre y cuando se trate de bajar impuestos. Del mensaje de Nadal no se desprenden novedades ni se añaden nuevos matices, sino más bien, dejan entrever que se trata de un mero asunto de coyuntura política, no solamente fiscal. Cabe pesar que en el tiempo en que se realizan las declaraciones, estas cuenten con una intención manifiesta como puede ser la de contestar el discurso reiterativo de los responsables del FMI, siempre incisivos en su petición (consejo) de subir impuestos especiales, medioambientales y, por supuesto, el IVA.

Por otro lado, el discurso de política fiscal del Gobierno español no se aparta mucho de otros como el que se escucha en los mítines políticos del vecino francés, donde el candidato Macron recoge en su programa electoral una revisión del impuesto sobre el beneficio empresarial hasta situarlo (reducirlo) hasta el 25%. En este sentido, podría situarse el discurso del secretario de Estado español en la misma línea liberal que el probable futuro presidente de la república francesa pero también en la del presidente norteamericano Donald Trump, sin lugar a dudas, el más liberal y desprendido de todos por cuanto su promesa es situar el impuesto sobre el beneficio (bajarlo) en el 15%.

Las promesas políticas sobre bajadas de impuestos, convertidas así en arma arrojadiza en la pugna política, vienen a responder, sin embargo, al empeño de las autoridades de Bruselas de favorecer la utilización de la política fiscal (subida de impuestos) como herramienta para paliar déficits y enmendar de forma urgente errores y agujeros en la contabilidad pública. La forma de mantener las promesas de bajar impuestos al tiempo que seguir las indicaciones de las instituciones europeas, es de compleja conciliación, si bien, ya cuentan con alternativas suficientes como para satisfacer a todas las partes.

Porque en el fondo, no se trata de reducir todos los impuestos, ni de subirlos con carácter general. Se trata de mantener las promesas de bajarlos a los electores y de ser receptivos a las indicaciones de subirlos de Bruselas. Y la forma de complacer a ambos sin defraudar a nadie es la creación de nuevas impositivas. En este nuevo movimiento creativo se enmarcan los impuestos sobre bebidas azucaradas (los refrescos) original aunque importado de Norteamérica, o los nuevos impuestos medioambientales que en un futuro se aplicarán con carácter general, dado que algunos de esos nuevos impuestos ya se aplican en el ámbito autonómico y local.

Y en esta dinámica de promesas políticas de rebajar impuestos, combate del fraude fiscal y creación (nada novedosa) de algunas figuras impositivas, no estaría demás darle una vuelta a la composición de la `cesta de impuestos´ que recaen en la ciudadanía en busca de hallar una mejor proporción entre impuestos directos (que gravan nuestro trabajo) y los indirectos que lo hacen sobre el consumo, sin perder de vista los que recaen sobre las ganancias de los ahorros e inversiones. Al menos, para que sean más justos.

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