edición: 28267 , Jueves, 17 octubre 2019
22/11/2012
Tarde o temprano habrá que asumir pérdidas

Movimientos `concertados´ para la quita de la deuda griega

Alemania provoca la reflexión sobre la continuidad del rescate heleno para 2013 y los acreedores se lo piensan
Juan José González

Algunas partidas de ajedrez tienden a complicarse más cuanto más cerca esta el final, o lo que es lo mismo, cuando menos piezas hay en el tablero. Y Grecia se encuentra desde hace tiempo con el rey y una torre en posición de caída: acostumbrado a vivir en jaque ve como se le acerca el mate sin posibilidad de defensa. El año va a terminar para griegos -deudores- y resto del mundo -acreedores- con pérdidas. Unos más que otros, serán capaces de salvar los muebles, caso de los alemanes, cuyos bancos privados llevan desprendiéndose de deuda desde hace muchos meses. La banca española no tiene, nunca tuvo, posiciones comprometidas, apenas se cuentan los riesgos, como aseguraba Mafo en una de sus comparecencias en el Congreso, "ni las cajas se han pillado en Grecia". Los italianos junto a los ingleses y franceses son los que mayor riesgo parecen tener en cartera. Ahora llega el momento de hacer cuentas y el Gobierno alemán, con su oposición a seguir adelante con la ayuda al país heleno, ha querido someter a reflexión general si merece la pena prolongar el calvario griego a los griegos y al resto de socios, o por el contrario, será mejor liquidar el negocio y proceder al cierre.

En la anterior situación de jaque al rey, el verano pasado, Grecia había dejado de ser una preocupación prioritaria para los bancos privados de la eurozona. Los gobiernos habían decidido poner dinero en los bancos y asumir el riesgo de impago heleno: mera sustitución de acreedores. Pero ahora llegan nuevos vencimientos contra los que el rey no puede defenderse, unos 30.000 millones de euros. Situación comprometida para deudor y acreedores, el primero vendido y los segundos también aunque cuentan con la capacidad de seguir adelante o plantarse. La última opción puede resultar una auténtica catástrofe de cuyos efectos difícilmente se libraría algún socio.

Por eso, la negativa del ministro alemán de Finanzas para proceder al envío de fondos a Grecia, es interpretado como un tiempo libre para la reflexión. Reflexionar sobre la quita de deuda es como volver a empezar la discusión acerca de quiénn quiere asumir ya las pérdidas y quién desea continuir con el sistema de inyectar dinero para no dejar de recibirlo. En la situación actual, ningún Gobierno de la Eurozona se muestra partidario de apuntar la pérdida porque es complicado asumir una mala decisión, y porque además, en todo caso, proponer una quita y aceptarla, como aceptar el perdón de las deudas, es en este caso, un ejercicio que se considera colectivo. Y ahí esta el problema, cómo poner de acuerdo a 16 gobiernos en algo tan indeseado como es asumir una pérdida.

El jueves es posible que los presidentes de gobierno de los acreedores resuelvan la continuidad del sistema, esto es, enviar fondos a Grecia para que esta haga frente a las deudas que vencen. Será una etapa más y una etapa menos, en el calvario griego, impotente ante una deuda superior a los 352.000 millones de euros. Y será una nueva oportunidad para pensar en que tarde o temprano la crisis del socio quebrado deberá ser resuelta de alguna forma razonable. Porque el sistema de pagos de los acreedores al deudor quebrado esta demostrando que no resuelve nada, más que el plazo correspondiente al cuatrimestre. No sirve el sistema para poner en orden a una economía que esta muerta, subsiste a duras penas la industria básica, se mantiene la artesanía pero escasea el petróleo, con la llegada de lo más duro del invierno a la vuelta de la esquina. El sistema, además, no resta tensión, la exacerba y de paso, deteriora las relaciones entre los acreedores. Un sinvivir.

Las pérdidas son elevadas y serán más cuantiosas en la medida en que se mantenga el sistema en el tiempo. Tras la entrega del nuevo tramo de ayuda al país heleno, algo que se da por seguro será ratificado por los socios europeos, salvo cataclismo, el próximo jueves, el problema será más grave, si cabe, cuando toque librar las próximas entregas, dos o tres en 2013. La tensión aumentará sobremanera en los Parlamentos locales europeos, de los que deberá salir el acuerdo para seguir con el sistema de inyectar para cobrar, inyectar para que el deudor cumpla con amortización y deuda.

El escenario se antoja dantesco para Grecia pero belicoso para el resto de Europa, con unos presupuestos estatales reducidos y menguados, con una gestión más dura de los mismos y con unas economías que en el mejor de los casos aspiran a empatar el partido, a crecer décimas por encima de cero. Así que en recesión, ¿quién va a seguir apostando por un sistema que no sirve, que tensiona y resta y divide la ya muy dividida Europa?

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