edición: 2327 , Viernes, 20 octubre 2017
08/05/2012
Crisis de Bankia

Nacionalización, drástica vía de urgencia para desbloquear la reforma del sector financiero

El Banco de España logra la formación de un consejo de administración profesional
Emilio Botín sigue haciendo novillos y Francisco González deja de ser valido del poder
Ignacio Goirigolzarri
Juan José González

El FMI lo señaló y el BCE lo remató. El visto para sentencia fue dictado por el presidente del Gobierno y el ministro de Economía –sin consulta al Banco de España- al borde del avión que les devolvió a Madrid tras despedir a Mario Draghi en Barcelona. Así no hay quien se salve. El sector financiero daba por hecho el evento de un momento a otro: resultaba extraño que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, tardase tanto tiempo en coger el fusil para terminar de una vez por todas con el flanco que más problemas le esta reportando cada vez que sale por Europa. Y es que la atascada reforma financiera no se podía prolongar ni una semana más. Como tampoco se esperaba que fuera tan directo en focalizar el punto central del problema -y señalarlo abiertamente- en Bankia. Al margen de los efectos que provoca sembrar expectativas sobre una sociedad cotizada, el fatal adelanto de una información relevante, deja expuesta a la sociedad al peligro de una suspensión de la cotización y, por tanto, al bloqueo de los ahorros de miles de inversores privados. La decisión de intervenir Bankia, tomada por el Gobierno antes del próximo Consejo de Ministros, equivale a una nacionalización en toda regla, y deja al descubierto la gravedad del ajuste del sector.

 

Tras el movimiento de Rato quedan despejados algunos asuntos pendientes. Uno de ellos, el que parecía preocupar más al Banco de España era la composición del principal órgano de gobierno del grupo: el consejo de administración. En su día, en tiempos de buenas relaciones con Bancaja, el equilibrio entre consejeros de las distintas cajas, las siete que integraron Bankia, apenas ofrecía problemas. Rato dominaba y los consejos se celebraban en armonía y paz absoluta. Armonía porque la voz cantante, la que en la práctica dominaba las decisiones, era la de Rodrigo Rato y los seis consejeros nombrados por el presidente.

Pero los consejos no funcionaban: proponían poco, reflexionaban nada y discutían menos. El Banco de España contaba con información de primera mano sobre los asuntos más relevantes del consejo, a pesar del carácter reservado y secreto de sus decisiones. En pocos meses, el Supervisor comprobó que la composición del consejo, más política que técnica, más de conveniencia que de experiencia, no servía para sacar adelante la integración de las siete cajas, como tampoco para avanzar en el saneamiento del grupo bancario.

De nuevo, desde el Banco de España se intentó por todos los medios que en la primera ocasión que tuviera el presidente de Bankia, la aprovechase para profesionalizar el consejo con un perfil de vocales, a ser posible, independientes, y entre los que ya se proponían junto a Goirigolzarri, otros como Solchaga o González Bueno, hoy en Novagalicia. La hipoteca de Rato con el partido ahora en el Gobierno, se hacía cada día más pesada y compleja y desde Moncloa ya se empezaban a escuchar críticas sobre la marcha del banco. Pero Rato contaba con bula presidencial. Rajoy y Rato siempre han guardado las distancias en política, más como demostración de respeto mutuo que de temor, como sucedía entre Aznar y Rajoy. Y en esta ocasion, con Rato en una situación complicada, no era la mejor opción emprender el ataque y derribo de la presidencia de Bankia. Así que, a esa labor “sucia” se prestó, no sin alguna resistencia, Luis de Guindos.

El sector bancario hace su particular lectura del movimiento al que se ha visto obligado un Ejecutivo neófito en solucionar crisis bancarias. El ministro de Economía, Luis de Guindos, a todas luces el primer implicado oficial en el asunto, ha demostrado su falta de pericia y carencia de cualidades políticas para resolver un asunto que hubiera exigido a un buen negociador en el puesto. De Guindos estaba más centrado en los asuntos macroeconómicos por exigencia de la presidencia de Gobierno. Un Ejecutivo bloqueado por las urgencias, pero sobre todo, sin la colaboración del Banco de España, con un Gobernador en retirada, y sin el concurso en esta fase de la crisis financiera, de las dos entidades que por tamaño y dinero podrían haber sido parte en la solución: la resistencia de Emilio Botín, presidente de Banco Santander, y la abstención interesada de Francisco González, presidente de BBVA.

La jugada bancaria –desde ahora más política que bancaria- sitúa a la entidad de Rato en un nuevo campo de batalla, una vez que el Banco de España, a través del Frob 3 –del que saldrá el capital a inyectar en Bankia- designe –al menos- dos consejeros para la entidad. En esta etapa de intervención estatal –se espera que hasta enero de 2014- es previsible que Bankia se vea obligada, por las circunstancias, a desarrollar un cierto papel de laboratorio experimental del reajuste bancario, aplicando la metodología De Guindos. La hoja de ruta del ministro pasa por una mayor asunción del sector privado en la recapitalización de las entidades con problemas, pero sin negar, al tiempo, una participación pública testimonial que le garantizaría un cierto control de los cambios de las entidades, es decir, un consejero “politico” con voz pero sin voto.

Un laboratorio que, incluso, podría albergar alguna participación de las tres entidades que ahora esperan turno de subasta: Novagalicia, Catalunyacaixa y Banco de Valencia. En su día, Rodrigo Rato quiso demostrar que Bankia era capaz de absorber a una o dos cajas intervenidas, deseos que contaron con la oposición del ministro de Economía, pero que ahora, tras la inyección del Frob en Bankia, puede tener sentido.

De la intervención del Ejecutivo en Bankia se pueden desprender otras consecuencias. La primera de ellas es que las tres entidades en trance de subasta –Catalunyacaixa, Novagalicia y Banco de Valencia-, parecen quedar legitimadas para entrar en ese paquete de “ayuda excepcional” “apañado” a última hora y de urgencia por el Gobierno, y que será aprobado el próximo viernes. Tres entidades, las más vulnerables –que no las únicas- que bien pueden solicitar a partir de ahora, ayuda financiera para recapitalizar, definitivamente, sus balances. Incluso la CAM demandó ayer desde el comité de investigación de la Generalitat Valenciana, un trato similar al que ahora recibirá Bankia. Un despropósito más que apuntar a la larga lista del expresidente de la alicantina.

Otra consecuencia de la acción del Ejecutivo en Bankia es, precisamente, la posibilidad de que la reforma del sistema del sistema financiero sea abordada a partir del segundo –y se espera que definitivo- decreto ley del próximo viernes como un todo, un paquete que bajo la forma ya anunciada de inyección de capital convertible en acciones, abarque al resto de bancos intervenidos. En ese caso, es probable que Santander y BBVA se mostrasen más interesados por las tres entidades en trance de subasta, aunque ya no sería al mismo precio.

La intervención en Bankia deja, por lo demás, en evidencia a Emilio Botín y a Francisco González; el primero parece haber hecho novillos en una jugada en la que se le esperaba, una falta que ni la memoria ni el rencor de Rajoy olvidarán jamás, culpa que el banquero no logrará expiar con facilidad. Mientras el segundo, más táctico que el primero, parece haber jugado sus bazas desde la trastienda, desde el hilo directo que le da acceso a Moncloa como interlocutor “preferido” del Gobierno. Ahora es preciso recordar que no hace mucho tiempo, González no veía otra solución para Bankia más que la unión con Caixabank, lo que parece indicar que el president del BBVA ya conocía la música de la intervención de bankia pero no la letra de Goirigolzarri, su exconsejero delegado, al que cerró el camino natural de una sucesión escrita, a quien terminó por expulsar del banco y crear un enemigo, hoy en el cuarto banco del sistema y con muchas posibilidades de supercar al de González.

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