edición: 2451 , Viernes, 20 abril 2018
13/06/2016
Pensiones y deuda del Estado

Ningún partido pone cifra a la herencia económica y social

Sacrificios y carencias -las cuentas de la vergüenza- sólo sirven para restar votos
Juan José González
Por muchos esfuerzos que se quieran hacer, la vida económica presente y futura, como la social y la política, parecen hipotecados por el corto plazo que marca la próxima convocatoria electoral del día 26 en España. Es fácil aventurar que los partidos políticos no se van a volcar en dos asuntos capitales que, como las futuras pensiones o la deuda pública, preocupan sobremanera a la ciudadanía a la que tan solícitos acuden en demanda del voto. Lo cierto es que pensiones futuras y la deuda del Estado seguirán presentes, y seguramente al alza, tras la cita electoral. Quizá habría llegado el momento de hablar claro a los electores, señalar los problemas cuantificando los costes futuros -los presentes se conocen- e iniciar en serio la forma de abordar la gestión de una herencia económica y social que se vuelve inabordable con el paso del tiempo.
Por mucho que los asesores hayan trabajado a fondo el argumentario y las respuestas al asunto de las pensiones, no deja de ser uno de los temas más incómodos que puede escuchar un político en jornadas electorales. Lo es porque la respuesta evidencia sospechas de la complejidad de la solución, que sigue dependiendo, a pesar del paso del tiempo, de premisas incómodas como son los recursos financieros, el dialogo social y el acuerdo entre todas las fuerzas políticas y, sobre todo, la voluntad de poner fin al problema de las pensiones futuras. Son cifras impopulares, peligrosas para sumar votos.

Claro está que para abordar el de las pensiones, habría que comenzar haciendo un análisis profundo de las estadísticas demográficas españolas, algo que seguramente ya obra en poder de las fuerzas políticas, si bien ninguna de ellas se haya atrevido a coger al toro por los cuernos ante el tamaño de la empresa en cuestión. Afrontar la solución del futuro de las pensiones pasa por hacer un ejercicio de sinceridad política al que, difícilmente, esté dispuesto cualquier partido político que quiera sobrevivir en las próximas décadas. Hablar de sacrificios es evaluar las carencias del sistema de Seguridad Social y de las exigencias para mantener el Estado del Bienestar Social, lo cual conlleva la necesidad de poner cifras a las carencias, a las debilidades, a los deseos.

De la misma forma, el partido político que asuma la responsabilidad de poner negro sobre blanco los sacrificios que demandaría una solución a esos problemas, estaría obligado a poner cifras -cantidades y tiempo- necesaria para cubrir el agujero de la deuda pública. En cualquier caso, uno y otro, pensiones y deuda, tienen el doble y desgraciado efecto de presionar en el presente y permanecer en el horizonte del largo plazo, es decir, ni las generaciones presentes hoy día en la sociedad ni tampoco las futuras se podrán librar de los dos problemas si ambos continúan en estado de acumulación creciente.

Voliendo a las estadísticas, se puede decir en términos generales que la población española continúa en estado de permanente deterioro. Lo reflejan las cifras de una sencilla operación de comparar la población activa y el número de personas que en calidad de jubilados reciben la prestación social que les corresponde. Si a esta operación se suma que la esperanza de vida de los jubilados es mayor y que los teóricos `contribuidores´ al Sistema de la Seguridad Social suman en la actualidad algo más de cuatro millones de personas sin empleo, el problema adquiere un tamaño tan voluminoso en el presente como colosal en el futuro. 

Es probable que como buenos conocedores de la realidad, a los partidos políticos les embargue el temor a reconocer que la herencia, las deudas del Estado y las pensiones del futuro sean cuestiones de muy difícil solución en el corto plazo, lo cual dificulta su reconocimiento explícito. Así las cosas, sería un buen augurio para comenzar si las fuerzas políticas aprovechasen el escaso tiempo disponible para reconocer que el problema de la herencia social y económica para las próximas generaciones no es asumible sin sacrificios.

Para no perder el tiempo deben hablar claro, con las cifras y calificativos que correspondan, pues dando por ciertas las conocidas del déficit de la Seguridad Social y de la deuda del Estado, no es difícil hacer proyecciones a medio y largo plazo. Aunque habrá que estar muy atentos para ver si se produce el milagro, es decir, que exista voluntad política y preocupación por las futuras generaciones. De lo contrario, habrá que sospechar que no tienen solución para ninguno de los dos problemas.

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