edición: 2805 , Martes, 17 septiembre 2019
04/07/2019
Venta política de la nueva posición española en Europa

Ni triunfo del Gobierno ni de la diplomacia, España aprovecha el vacío de Reino Unido

La salida anunciada de Reino Unido de la UE y el creciente escepticismo europeo de Italia y Polonia despejan la vía de entrada a una España castigada por el rescate bancario y el déficit público excesivo
Juan José González
España recupera posiciones en las instituciones europeas, donde había logrado alcanzar un peso relevante acorde con su tamaño de población y aportación económica como miembro de la Unión Europea. Lejos ya, pero en un lugar para el recuerdo, figuran Javier Solana (ministro de exteriores europeo entre 1995 y 1999), Joaquín Almunia (Comisario de Economía desde 2004 a 2009 y luego vicepresidente de la Comisión Europea y responsable de Competencia) y el propio Josep Borrell, este al frente del Parlamento Europeo entre 2004 y 2007. Desde la salida de estos por cumplimiento de mandato, España se había quedado sin voz ni influencia alguna en las principales instituciones europeas, lo que equivale a estar ausente y sin autoridad en la cocina de las decisiones europeas, tanto políticas como económicas, a enterarse de nada hasta que se aprueben en el Parlamento. Se puede afirmar por tanto que, desde 2009 el papel de España en estos últimos años, en sus relaciones con las instituciones europeas, ha sido secundario, marginal, de bajo perfil, entendiendo por tal una representación en la Comisaría de Clima y Energía que ocupa Manuel Arias Cañete desde 2014. España no tenía peso, ni voz, era el mudo de la película, sin influencia política ni financiera hasta la llegada el pasado año de Luis de Guindos a la vicepresidencia del Banco Central Europeo.
Pero ahora las tornas parecen haber dado un giro sustancial, más provocado por el hueco de la salida de Reino Unido, que de facto se descuenta desde hace más de un año, que por el trabajo `abnegado´ de una diplomacia española ausente en esta causa europea. La salida anunciada -o en diferido- de Reino Unido parece haber despejado las vías de acceso español a la Europa política institucional. De tal forma que España pasa a ocupar los puestos que con toda probabilidad le hubiesen correspondido a los representantes de Reino Unido. 

Por si no fuera suficiente, el creciente euroescepticismo italiano además del polaco puede haber jugado también a favor de los representantes españoles. Señalar que la salida del presidente del BCE (el italiano Mario Draghi) y del presidente del Parlamento Europeo (también italiano Antonio Tajani) parece ser compensada, tan solo, con el nombramiento de David María Sassoli al frente del Parlamento Europeo como puesto relevante, lo cual es una muestra más de su pérdida de peso. De esta forma y gracias al movimiento de salida de Reino Unido y la crisis de identidad europea que exhiben últimamente Italia y Polonia, España se consolida como la cuarta potencia de los 27 por peso económico y demográfico.

Sobre la pérdida de influencia española en las instituciones se han escuchado pocas opiniones, quizá por falta de un análisis serio o porque quizá la situación era tan clara que no necesitaba reflexiones más profundas. Pero se da por cierto que la fecha del 14 de junio de 2012 ha quedado grabada en los registros de Bruselas como el día en que el Gobierno español, su representante, el ministro de Economía Luis de Guindos, solicitó al Eurogrupo financiación para recapitalizar el sector bancario hasta 100.000 millones de euros. Son eventos que dejan huella y que pesan en el `Debe´ del socio que solicita la ayuda. 

De ahí que no deba extrañar que haya un sector de opinión que crea que la ausencia de la presencia española en las instituciones sea, en la práctica, la muestra de un discreto y mesurado castigo por la cuenta pendiente del rescate bancario y por la `desatención´ en algunas obligaciones presupuestarias. Incluso de hablaría de una asignatura pendiente que parece resistirse al Estado español como es el reiterado déficit excesivo (desde 2008 a 2018). Por otro lado, también es cierto que en algunos organismos de reciente creación en las instituciones europeas, España ha podido colocar a algunos profesionales de prestigio del sector bancario, algunos procedentes del Banco de España y otros del sector privado como el Banco Santander.

Ahora será preciso vigilar el trabajo de los representantes españoles, de su rendimiento y eficacia para, llegado el tiempo del relevo, hacer un balance y comprobar la aportación de su trabajo en las instituciones europeas así como la contribución a los intereses y asuntos de los españoles a los que representan. Es esta razón la que justificaría la rendición de cuentas ante el Parlamento español para que todos los ciudadanos tuvieran la oportunidad de conocer sus logros o fracasos en el desempeño de la función pública para la que fueron elegidos.

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