edición: 3025 , Viernes, 7 agosto 2020
02/07/2020
banca 
El supervisor quiere diferir los problemas 

No habrá fusiones bancarias hasta 2021, cuando se conozca el alcance real de la recuperación

El BCE permite alargamientos de plazos de amortización para evitar una avalancha de deudores, lo que dispararía la morosidad y que a su vez relaja la presión sobre las provisiones bancarias
Juan José González
Aunque no lo parezca, el Banco Central Europeo viene allanando el camino de las fusiones bancarias desde hace tiempo. A su ritmo, con sus criterios, modulando plazos y medidas, pequeños pasos pero, al parecer, como opina un técnico del supervisor implicado en la producción normativa del supervisor "sin darnos cuenta". Es cierto que la prudencia y la cadencia de los pasos del legislador resultan en la práctica discretos y pasan inadvertidos, incluso para las propias entidades. Pero el movimiento del BCE esta misma semana sobre determinados aspectos de la regulación que "impide de facto" -según la fuente- cualquier acercamiento entre entidades interesadas en una operación de consolidación, ha sido detectado y valorado por el sector como una buena señal. Eso sí, sólo en la dirección de considerar que, al menos, el supervisor parece dispuesto, ahora en serio, a facilitar las labores para que el camino de las fusiones quede medianamente despejado. Para las entidades que tienen en sus planes plantear una fusión a medio plazo, que el BCE haya decidido revisar las medidas más importantes que hasta ahora venían "obstruyendo cualquier fusión", es la puerta que ha comenzado a abrir expectativas nuevas. Todas ellas son ahora, por otro lado, posibilidades a largo plazo pues se da por hecho en el sector (y aquí siempre hay que subrayar que nunca se sabe qué puede ocurrir mañana) que no habrá fusiones en los próximos meses.
El freno en el crecimiento económico primero, y ahora el golpe de la crisis sanitaria y su posterior transformación en una crisis económica inmediata y más tarde una recesión, han trastocado todos los planes en el sector bancario así como el hipotético calendario previsto por el supervisor para un posible escenario donde se darían cita los bancos más interesados en entablar futuros enlaces. El freno de la coyuntura pareció haber ahuyentado a los candidatos al mismo tiempo que avisado a los supervisores sobre el peligro de enfriamiento de los deseos corporativos, abiertamente manifestados por algunos pretendientes que se vieron condenados a la renuncia en la misma puerta de entrada al altar.

Lo cierto que ahora no cabe pensar que una entidad vaya a proponer a otra (o dos al mismo tiempo) una operación, pues no sólo la coyuntura lo impide sino que es evidente que el legislador parece haber entrado en razón y mostrar su voluntad de cambio. En los próximos meses, la actividad del BCE se espera intensa en el apartado de consultas al sector de cara a tomar nuevas decisiones, relevantes que pueden animar la puesta en marcha de fusiones, eso sí, contando siempre con que el plazo para llegar al altar dependerá del escenario económico, que hoy presenta como inimaginable en el medio plazo.

Nada anima a pensar en un horizonte cierto para una operación, pero distintas opiniones arriesgan un plazo que no inferior a un año vista, contando el cálculo con que la iniciativa del supervisor de esta misma semana de flexibilizar los requisitos exigidos para las operaciones corporativas, no sea una medida aislada y sí responda a una primera decisión que deberá ser complementada con otras posteriores. El sector entiende que el BCE se sienta presionado por la coyuntura y que trate de evitar que se enfríen los planes y deseos de los interesados, pero esperan más cambios, mayor flexibilidad.

Contrasta el nuevo impulso de los supervisores de Fráncfort con otra opinión que se escucha en algunos sectores de la banca desde hace tiempo. En el fondo es una preocupación compartida por todos los bancos aunque en distinto grado. Tiene que ver con un criterio temporal. Los bancos vienen observando que hay una serie de aspectos -problemas- sobre el estado de los balances y el valor real que se le atribuye a su salud. Balances que reflejan problemas arrastrados todavía de la crisis financiera e inmobiliaria en el caso español desde 2009. Para unos lo de siempre: activos tóxicos que aún permanecen en los balances. Para otros diferencias de criterio de valoración. En cualquier caso, los problemas siguen ahí, en el balance.

El BCE parece hacer la vista gorda y permite que algunas entidades se mantengan con un estado de salud que no es el más recomendable para el futuro y que sólo debería mejorar en caso de urgencia. Por otro lado, el sector vive en la liquidez, de la liquidez que proporciona y remunera el banquero central. Incluso, llegado el caso, si no es suficiente, el supervisor no pondrá trabas a inyectar más liquidez. Es una posición la del supervisor que garantiza la ausencia de problemas, impagos e insolvencias que llegarán algún día, en el largo plazo, no ahora. Los bancos no tienen un miedo real a los deudores porque las medidas del BCE permiten aplazamientos y alargamientos de plazos de amortización. Y por idéntica razón, tampoco habrá problemas con hacer provisiones porque no habrá deudores ni impagos. Ahora las preguntas que se plantean en el sector es por cuánto tiempo piensa el supervisor prolongar estas `vacaciones´ de problemas habituales y si no será peor el remedio que la enfermedad, pues algún día y en algún memento el BCE se tendrá que poner serio. Puede suceder que para entonces los candidatos a fusionarse hayan perdido el deseo.

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