edición: 2471 , Martes, 22 mayo 2018
10/11/2017

Nordstream 2, víctima de las vicisitudes políticas europeas

La Comisión Europea proyecta incertidumbre sobre el nuevo gasoducto ruso alemán bajo el Báltico
Carlos Schwartz
El proyecto ruso alemán para la construcción de un nuevo gasoducto denominado Nordstream 2 bajo el mar Báltico ha quedado sujeto a una mayor incertidumbre tras aprobar la Comisión Europea una decisión que puede alterar los principios sobre los que ha sido diseñado. De acuerdo con el proyecto de reforma de la Directiva Europea del Gas ésta debería adoptar cuatro criterios a partir de finales de 2018: tarifas no discriminatorias; información transparente; que al menos un 10% de la capacidad de la infraestructura sea ofrecida a terceros; y la separación de la propiedad directa respecto del suministrador del gas. La decisión es un giro inesperado y profundo en la política energética europea atribuible a consideraciones geopolíticas y la situación interna alemana. Este cambio de la regulación había sido exigido este año por los países del Este de Europa que consideran que el desarrollo del Nordstream 2 es una amenaza para la seguridad europea. Varsovia ha sido uno de los portavoces más enérgicos de esta posición. La presidencia del Consejo de la Unión Europea en el último semestre de 2016 ejercida por Eslovaquia, y la de Estonia a partir de julio de este año, han apoyado sin fisuras las objeciones de los países del Este. Fuentes próximas a los grupos del Parlamento Europeo han señalado a ICNreport que las reformas que la Comisión Europea y el Consejo Europeo esperan promover en el futuro inmediato pueden crear fricciones con las naciones del Este de Europa.
“Una reforma de la Directiva del Gas que sea de aplicación a los gasoductos existentes y a los futuros puede ser una prenda de paz con ese bloque”, señaló una de las fuentes consultadas. La percepción de que el presidente Emmanuel Macron de Francia intenta recuperar su alianza en Europa con Alemania podría suscitar más preocupación por el impulso liberal de las reformas que son ajenas al sentimiento político dominante en países como Hungría y Polonia, afirman las fuentes. A esta circunstancia habría que añadir la ausencia en el futuro Gobierno de Angela Merkel del Partido Social Demócrata alemán (SPD).

En abril de este año la empresa de gas rusa Gazprom promotora del gasoducto logró cerrar un acuerdo con cinco grandes corporaciones del sector de la energía que tomarán el 50% del capital. Los socios son Royal Dutch Shell, OMV de Austria, Angie de Francia, Wintershall y Uniper de Alemania que aportarán 950 millones de euros cada una para tomar el 50% del capital total del proyecto estimado en 9.500 millones de euros. El proyecto progresó a pesar del bloque opositor que cuenta además con el apoyo de funcionarios de la UE. Las naciones bálticas que también se oponen al proyecto tienen el respaldo del vicepresidente de la CE para la Energía, el eslovaco Maros Sefcovic quien ya ha hecho varios llamamientos para que Bruselas tenga una actitud más vigilante en estos temas que afectan a la dependencia energética respecto de Rusia.

La empresa ha sido investigada por la Comisaría de la Competencia por abuso de su posición dominante como principal suministrador de gas al mercado europeo en una prolongada batalla jurídica al borde de un acuerdo. Pero como telón de fondo al cambio de parecer en la Unión Europea se debe contabilizar el hecho que el SPD que fue el principal defensor del proyecto de Nordstream y Nordstream 2 ha optado por quedar fuera de la coalición de gobierno que intenta Angela Merkel tras atribuir sus malos resultados electorales a la convivencia en la coalición previa. El Nordstream se aprobó bajo el gobierno del canciller socialista (1998-2005) Gerhard Schröder quien tras dejar la política fue designado presidente del Nordstream que ayudó a aprobar y desde septiembre de este año se ha convertido también en presidente del grupo petrolero ruso Rosneft.

Merkel corteja a Los Verdes para su coalición de Gobierno, además de a los liberales del FPD y la CSU, y aquellos mantienen una férrea oposición al gasoducto por motivos medio ambientales y políticos por la dependencia europea de Rusia en materia energética. Para Gazprom el gasoducto nuevo es vital en la medida que al duplicar la capacidad de transporte de gas a Europea del Norte le permitiría prescindir del gasoducto que atraviesa Ucrania y que en la actualidad conduce el flujo de gas fundamental a Europa. “No se trata sólo de los problemas políticos que entraña el paso del gas por suelo ucraniano, se trata además del coste de los peajes y los conflictos económicos con Kiev”, señala una fuente del sector de la energía que destaca que el coste de los peajes es importante por la caída del precio del gas “lo que hace necesario cualquier ahorro significativo para mantener los márgenes del negocio”. Lo que hasta hace seis meses parecía imposible, la modificación del marco jurídico europeo en materia de gas puede convertirse en realidad a corto plazo.

La propuesta aprobada esta semana por la Comisión Europea debe ser tratada ahora por el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo. Si recibe luz verde en este trámite Gazprom deberá hacer una transformación significativa en materia de propiedad de la infraestructura y tendrá que ceder a intereses poco amistosos capacidad de conducción de gas en sus gasoductos, algo que no está claro que el Kremlin esté dispuesto a aceptar. Las empresas europeas asociadas a Gazprom ya recibieron un golpe importante este año cuando el Congreso estadounidense propuso sanciones contra las empresas de energía que mantengan negocios con Rusia por la implicación de ésta en la pasada campaña electoral estadounidense.

Si se aprueba una modificación de la Directiva Europea del Gas las empresas europeas asociadas a Gazprom en los gasoductos van a sufrir un serio revés aunque finalmente el proyecto salga adelante. Es bueno tener en cuenta que el año pasado Croacia, república Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia y Rumanía, escribieron al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, manifestando su preocupación porque el proyecto incrementará la dependencia respecto del gas ruso en Europa Central y del Este. Ese bloque y sus valedores como el Gobierno de Dinamarca sigue en pié. Sin dudas que el resultado de la presente ofensiva va a depender de la posición que finalmente adopte Alemania.

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