edición: 2557 , Miércoles, 19 septiembre 2018
05/07/2012
El Supervisor le recomienda más atención al beneficio

Novagalicia evitará caer en la trampa del tamaño, como Bankia

El plan de Castellano puede convertirse en modelo para el resto de las intervenidas
Juan José González

Sin reducción de plantilla, en solitario y beneficios en 2013. Así es el dibujo de José María Castellano, presidente de Novagalicia, la caja gallega a la que el Banco de España acaba de aprobar los planes de recapitalización financiera presentados a primeros de junio. En principio todo parece sonar muy bien, tanto la música como la letra, así que tan sólo habría que esperar al directo, a la puesta en escena del plan de Castellano. Una primera mirada crítica sobre ese dibujo, muestra que el nuevo banco deberá cubrir una serie de etapas comprometidas hasta poder enseñar, de verdad, sin artilugios contables, los beneficios en 2013, momento casi a la vuelta de la esquina (seis meses para obrar el milagro) también para mantener la estabilidad de la plantilla y, finalmente, lograr que el nuevo/os socios de capital aprueben los planes del presidente del grupo. El Banco de España no descarta aplicar las líneas básicas del plan de Castellano al resto de las entidades intervenidas.

Así que, todo apunta a que el plan de Castellano no es más que una estrategia –la estrategia- para ganar tiempo, puesto que en realidad la aprobación del Banco de España tan sólo despeja una primera (e importante) incógnita: que el nuevo banco tiene vía libre para seguir en solitario, es decir, buscar los recursos de capital suficientes para cumplir con los dos decretos del Gobierno de febrero y mayo del presente año, y que no piensa solicitar más auxilio financiero que el proporcionado hasta el momento por el Frob (2.464 millones de euros). Se trata de encontrar, se dice en principio, 4.500 millones de euros para cumplir con ambos decretos.

Pero por otro lado, la entidad gallega mantiene abiertos otros frentes cuyos números preocupan, al tratarse de obligaciones que deberá cumplir, y que básicamente se centran en el saneamiento de carteras de activos (no inmobiliarios) así como la factura final que dejen las participaciones preferentes y de cuyo desenlace esta pendiente con gran preocupación. En una hipótesis nada descabellada, Novagalicia necesitaría, además de la cifra aportada por el fondo público y de los 4.500 millones para cumplir la ratio de solvencia, otros 3.500 millones más para hacer frente a lo que hoy se considera “sin cuantificar” (el citado saneamiento de otras carteras y el riesgo de las preferentes). 

Una cantidad que en medios financieros se considera como “excesivamente indulgente”, habida cuenta de los desfases de la entidad. En todo caso, la cifra final saldrá de la valoración que haga el mercado de la propia entidad y de sus planes de futuro, si bien, esa promesa de beneficios contables en 2013 no deja de sorprender por irreal, por mucho que se trate de una estrategia de marketing diseñada para atraer a potenciales inversores, además de mensaje positivo para mantener a los depositantes y calmar a los titulares de preferentes.

El banco gallego, resultante de la fusión de las dos principales cajas gallegas, se encuentra ahora nacionalizado, y parece haber perdido el favor o el apoyo político que le había brindado, en un principio, su Gobierno autonómico. Con el visto bueno de los planes de recapitalización por parte del Banco de España, así como de la renuncia implícita a nueva ayuda pública, procedente de esa línea de préstamo de hasta 100.000 millones al sector bancario español, la entidad gallega se sitúa en una posición de máximo riesgo, contando con los técnicos del Frob en el consejo, pero sola ante el peligro, ante los mercados y los clientes.

Los primeros van a exigir rentabilidad y compromisos de plazos como accionistas y acreedores de la entidad, y los segundos también van a exigir buenos servicios, costes razonables y rentabilidad en los productos de activo. Ahora, queda por ver si las previsiones y cuentas (ambiciosas) del nuevo banco se cumplen de verdad, a diferencia de aquéllas promesas de los gestores en el momento de la fusión, cuando además de la rentabilidad prometida, se aseguraba que la devolución de las ayudas se llevaría a cabo en tiempo récord y que sería cuestión de meses convertirse en el quinto grupo financiero del sector bancario español.

Así que mejor será que el plan de Castellano (ahora con la corresponsabilidad del Banco de España al dar su visto bueno a la entidad gallega) haya elegido la parte más clara de la línea que conduce a una mayor eficacia, a una menor concentración de riesgos y con ello a tener en cuenta que un mayor tamaño, antes que sinergias y beneficios, suele dar otros problemas. Al parecer, son las recomendaciones que le acaban de hacer en Cibeles al presidente de la entidad gallega. Y si quiere averiguar el porqué, sólo le bastará con observar el tortuoso camino por el que transita un colega, todo un monstruo de siete cabezas.

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