edición: 2576 , Miércoles, 17 octubre 2018
20/05/2018

Nueva vida para un impuesto

Crece la nómina de millonarios españoles al ritmo alegre que impone la multiplicación por dos, por tres o por lo que sea. En España y en todo el mundo porque la riqueza, como la pobreza, no parece esforzarse y profundizar en distinciones. Indiferentes a fenómenos mundanos de desigualdad social, son los primeros beneficiarios en cualquier coyuntura. Ya no es preciso una nueva guerra para irrumpan nuevos ricos o que los ya ricos antes de la guerra dupliquen o tripliquen. Ahora, la tecnología o las divisas se encargan de hacer el papel de multiplicador.

Se produce el crecimiento de las rentas a mayor velocidad y ritmo que antaño, dejando detrás pobres y pobreza, desigualdad al fin y al cabo. Según parece, los gobiernos creen crear riqueza pero no la distribuyen como es debido. No dan con la fórmula. Quizá es que no se ha intentado. Quizá bastaría con aplicar criterios fiscales y demás posibilidades que pueden haber recibido los cientos de ricos para que el contraste entre ricos y pobres no resulte tan voluminoso ni ominoso.

Y así debería ser ese contraste el que debería dar lugar a una ratio para medir la evolución de la riqueza y de la pobreza, una ratio que sería vigilada por un órgano independiente del poder y cuya aplicación a políticas fiscales estaría orientada a rebajar las desigualdades existentes. 
Mientras las cabezas pensantes y los intelectuales de la sociología y la economía tratan de averiguar el origen de tamaños desajustes económicos y sociales que provoca la riqueza, se debería desarrollar en paralelo un trabajo orientado a frenar y reducir el empobrecimiento de la ciudadanía.

Aunque quizá sería tan necesario como conveniente que los propios poderes públicos hicieran un examen de conciencia para averiguar qué es lo que pudo fallar para que en ocho años de crisis hayan crecido un 64% las personas con patrimonios de más de un millón de euros. Es por todo esto y por mucho más por lo que las amnistías fiscales aprobadas por Hacienda -con el muy noble propósito de que paguen lo que deben quienes deben y no pagan- deberían estar contempladas en algún lugar del Código Penal con prohibición expresa, precisa y detallada. O quizá tampoco sería mala idea, puesto que de corregir desigualdades y puesto que de ricos se trata, qué mejor que darle una nueva oportunidad, una nueva vida, al Impuesto de Patrimonio.

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