edición: 2682 , Viernes, 22 marzo 2019
29/11/2010
BELVEDERE

Nuevo grito de guerra: ‘Gobierne aunque sea sin consenso’

Alfonso Pajuelo
Este no ha sido un buen fin de semana para Rodríguez Zapatero. La debacle en Cataluña, reduciendo en dos escaños su peor resultado histórico, le pasa factura por mucho que las elecciones catalanas no se interpreten en clave nacional. Es de suponer que la crispación entre los barones socialistas sea máxima y se sientan descorazonados. Pero no ha sido el único revés. El sábado, los empresarios hablaron con claridad abandonando la sutileza y la moderación con que se expresan habitualmente ante el presidente del Gobierno. No hubo foto porque la iniciativa corrió a cargo de los convocados y estos conminaron al Gobierno a actuar, lo que ya de por si representa una crítica implícita mayúscula. Pero de esa “bronca” tampoco se libró el PP, por la misma razón. Incluso hubo quien como Francisco González tronó “Gobiernen aunque sea sin consenso”, la frase más destacada de la sabatina y la que mejor define el ambiente. Nuevamente, la derivada implica al PP, por la misma razón. Fue una reunión interesante; lo de útil, ya veremos.

Los empresarios no dejaron pasar esta oportunidad y se negaron a convertir su presencia en una mera foto con objetivos de marketing político para que Zapatero intentara demostrar que tiene iniciativa. El tono -educado- de los empresarios no disfrazó la contundencia del mensaje: el Gobierno se ha quedado corto en el fondo y largo en el tiempo. Hay que hacer más y hay que hacerlo ya, es lo que vinieron a decir los representantes de las 37 empresas más importantes del país, esas a las que tanto debe la economía española en estos momentos. Por mucho que los mercados nos arreen, España tiene un ramillete de buenas y espléndidamente gestionadas empresas que han sabido reaccionar en la adversidad y sin la ayuda de la política económica, ausente durante el primer año de crisis y pacata en el segundo.

Por mucho que la propia Moncloa calificara la reunión de éxito, la convocatoria puso de manifiesto que las empresas del país están muy descontentas con la política económica y así se lo espetaron a un presidente que por primera vez tenía que enfrentarse cara a cara con alguien que se lo decía en términos precisos y sin aviesas intenciones políticas. Y la forma de hacerlo tiene sumo interés porque los empresarios no criticaron lo que no se ha hecho, sugiriendo, en cambio, lo que hay que hacer. Y no hay tiempo para reflexionar ni más maniobras dilatorias posibles. Puede que Zapatero entendiera el mensaje porque en la rueda de prensa posterior anunció que adelantaría la reforma de las pensiones en dos meses sobre el calendario anunciado hace diez días en el Congreso.

Pero los empresarios también llamaron la atención sobre la dimensión y la eficiencia de las administraciones públicas y su necesario ajuste, una de las reformas estructurales más necesarias. Sin embargo, también será de las más conflictivas para un Gobierno que ha sufrido un batacazo electoral que presagia lo que está por llegar en las próximas generales. Zapatero está ante la tesitura de inmolarse políticamente si acepta el reto de empezar a desarrollar las reformas estructurales porque ello implica decisiones tremendamente impopulares. Pero ese reto desagradable es a su vez la única oportunidad de afrontar una convocatoria electoral a año y medio vista que deje alguna posibilidad a su sucesor. En la medida que ese esfuerzo tenga alguna recompensa en resultados, por mínimos que sean, se puede convertir en una oportunidad para el candidato socialista, siempre y cuando este sea de categoría.

Porque frente a un Gobierno que gobierna, aunque sea con medidas tan impopulares como inevitables, hay una oposición que sólo se dedica a intentar recoger los “daños” del Gobierno y capitalizarlos políticamente. No es creíble que el PP esté rechazando medidas que inevitablemente tendría que tomar si ganara las elecciones. Es el momento de la oposición constructiva -algo que indirectamente reclamaron los empresarios-. Ese “Gobiernen aunque sea sin consenso” tiene que haber sonado a trueno en Génova, no sólo porque viene de un afín como FG, sino porque pide que se olviden de una oposición que se dedica a meter palos en las ruedas. La última inmensa metedura de pata de Pons poniendo en duda la veracidad de las cifras oficiales ha sentado peor que mal en las filas empresariales, conscientes tanto o más que nadie de la repercusión que manifestaciones tan irresponsables causan en la economía. Está por ver que el PP pueda cambiar tan radicalmente de estrategia, tendrá que demostrarlo y no está muy claro que la actual dirección nacional esté preparada para ello después de tanto tiempo asentada debajo de la higuera esperando la caída del fruto mientras Rajoy se fuma un puro.

Una de las lecciones de la jornada electoral en Cataluña ha sido la abstención. Es verdad que se ha superado la participación de las anteriores en tres puntos pero no es menos cierto que en voto en blanco representa el 3% de los votos. Con ello volvemos al desprestigio de la clase política, cuestión sociológica de suma importancia en cualquier momento pero ahora más, cuando tan necesaria es la confianza en los dirigentes. Amén de otras cuestiones como la corrupción (que parece que no cotiza electoralmente lo suficiente), la mala gestión de Zapatero y el comportamiento del PP, especialmente de Rajoy, han contribuido a ese descrédito tan dañino.
 
Zapatero tiene mucho que demostrar y Rajoy, también. Indudablemente Zapatero es el presidente y tiene que gobernar “aunque sea sin consenso”, pero sería preferible que ambos dejaran de actuar en estricta clave electoral y se dedicaran a a buscar afanosamente puntos de encuentro.

A modo de curiosidad, ha llamado la atención la ausencia del presidente de Cepsa en la sabatina. Además de una descortesía, ha invocado la absurda razón de que tenía una cita previa en un consejo en París. Ha dejado claro que aunque Cepsa es una empresa radicada en España no es una empresa española sino una filial de una francesa controlada no por el Estado francés sino por su Gobierno. Que vengan ahora a pedir al Gobierno español que defienda sus intereses, por ejemplo frente a Argelia. Peor, imposible.

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