edición: 2600 , Miércoles, 21 noviembre 2018
21/05/2018
Un balance prendido por alfileres

Nuevos problemas para la recuperación que amenazan un posible desbloqueo salarial

España sigue creciendo por quinto año consecutivo pero se frena Europa y su locomotora, poniendo en riesgo la revisión
Juan José González
Salarios estancados, por debajo de la media de la eurozona, creación de empleo concentrada en los servicios del turismo y ahora en el sector inmobiliario y, como telón de fondo, un aumento de la desigualdad social, se presentan como las notas llamadas a dar color y cuerpo a la recuperación económica española. Es una situación paradójica que cuestiona el avance de la economía y al mismo tiempo ponen en duda algunos efectos de la creación de empleo como podría ser la distribución de los beneficios empresariales, aspecto que sí puede dar fe de que su recuperación es efectiva y sus resultados han llegado a los accionistas. Sería esta la cara opuesta a la recuperación de los salarios de los trabajadores españoles, conocedores sólo de oídas de las mejoras de la economía como también, al mismo tiempo, testigos de que la recuperación no ha entrado todavía en sus nóminas. El desfase existente entre dos realidades; el final de la crisis de la economía española y la realidad salarial y su estancamiento, se ha traducido en un aumento de la desigualdad social. Desfase que contrasta con los mensajes optimistas de la revolución tecnológica, se dice que fuerte creadora de empleo al tiempo que de riqueza y su mayor redistribución. Mensajes que, por otro lado, no parecen encajar en el complejo escenario político español, con conflictos territoriales aunque también con tareas pendientes como la transición energética o la sostenibilidad de las pensiones. Todos parecen problemas y factores pendientes que se entremezclan en un escenario al que cada día parecen sumarse nuevas vicisitudes, caso de los riesgos empresariales españoles en Argentina o el fin de la política monetaria del BCE.
Un panorama de recuperación económica demasiado vulnerable. Así valoran algunas encuestas conocidas días atrás el balance que se está haciendo cuando se cumple una década de crisis financiera primero y económica después. Encuestas entre trabajadores y empresarios, unos valorando las dificultades, la creación de empleo, la inversión y los beneficios conseguidos. Otros coincidiendo en el valor de la creación de puestos de puestos de trabajo pero al mismo tiempo subrayando un aumento de la precariedad laboral y salarial, en particular su estancamiento en el crecimiento de los salarios.

Se hace balance en un momento de fuertes incertidumbres sociales, políticas y económicas. Se constata en Europa un frenazo repentino, motivado por las incertidumbres originadas por las decisiones que vienen del otro lado del Atlántico, en particular, las relativas a una posible guerra comercial, y al mismo tiempo por más incertidumbres procedentes de la situación política de Italia y el temor a que un nuevo -y peculiar Ejecutivo integrado por radicales de izquierda y de derecha- haga valer su rechazo hacia las políticas de la Unión Europea.

En Europa aparecen nubes oscuras y muy consistentes en el momento propicio para la puesta en marcha de grandes proyectos empresariales, inversiones de la fuerte liquidez existente en el mercado y alimento del crecimiento de las economías. Se preveía un cambio -antes de lo previsto- en la orientación monetaria del BCE que conllevaría el inicio de una fase de aumento de los tipos de interés. Cuando, de repente, una amenaza de guerra comercial, unida a varios cambios geopolíticos en Oriente y Asia provocan las dudas en varios gobiernos europeos, en particular, el alemán: la locomotora económica europea reduce velocidad y aunque no de forma directa, España se ve afectada por una nueva incertidumbre.

Los resultados de la recuperación económica se presentan atestados de nuevos y viejos problemas. En un momento de balance de la recuperación, la precariedad laboral, surgida de una reforma laboral, ha dejado a los representantes de los trabajadores con escasa o nula capacidad para negociar mejoras o avances. A esta situación, se suma el fuerte recorte de los gastos sociales como consecuencia de mayores recortes presupuestarios. Viejos problemas que se transmiten, heredan y suceden como la desigualdad, incrementada con fuerza tras la crisis y que llega a la fase de recuperación económica con los peores registros. 

Aunque es, sin duda, el estancamiento salarial -España, único país de la eurozona- el que deja en evidencia que la recuperación económica es, a fin de cuentas, tan precaria y sutil como precarios son los salarios. Y mientras se mantiene o se intenta solucionar la anomalía que representa el estancamiento salarial en una economía que suma cuatro años de expansión y que todo indica -por ahora- que cerrará 2018 -el quinto- con crecimiento, surgen las dudas sobre si empresarios y Gobierno tendrán en consideración que se acercan turbulencias en el corto y medio plazo -precio del petróleo, Italia, tipos, euro débil, turismo y algún que otro imprevisto- que pueden ahondar un poco más la presión del conjunto de la sociedad por la falta de respuesta ante las demandas salariales.

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