edición: 3054 , Viernes, 25 septiembre 2020
14/04/2010
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Obama acelera la carrera petrolera del Golfo de México y obliga a mover ficha a PEMEX y Cupet con las multinacionales

Ahora que Chevron y Shell operan en Perdido y EE UU busca acabar la moratoria de los yacimientos tranfronterizos, PEMEX impulsa acuerdos para explotación conjunta, lleva 15 años de retraso
Tanto La Habana como México buscan ‘petroleras amigas’ para llegar a EE UU y sus inversiones y no quedar en fuera de juego con sus yacimientos: Repsol tiene concesiones ya en las tres jurisdicciones
Bloques de Repsol en el Golfo de México
Ana Zarzuela

Juega otra vez sus dados en el tablero de sus vecinas del norte. Como la estatal cubana Cupet, Petróleos de México (PEMEX) consolaba sus retrasos en el Golfo con la moratoria bilateral con EEUU, que dejaba a las multinacionales sin derecho a explotación de los yacimientos transfronterizos a menos de 20 km. El Campo de Perdido y el Hoyo de Dona eran demasiado lejanos para su tecnología, demasiado costosos más allá de un puñado de pozos y de proyectos a partir de 2013. Pero  Washington tienta por primera vez desde hace una década el estatus del Hoyo de Dona ahora que se agota el Tratado de Límites Marinos y con él, la calma de Cuba y de México: comparten sus aguas internacionales y las expectativas de los yacimientos más prometedores. El pistoletazo de Obama para la explotación en aguas estadounidenses, su disposición a levantar también la moratoria en los yacimientos transfronterizos con México y la operación por primera vez de Shell y Chevron en el Cinturón de Perdido devuelven a la petrolera estatal mexicana el eco de las prisas de las multinacionales -ahora con nuevas opciones-. Con más de 15 años de demora, la parte azteca de esos pozos sólo podría explorarse con petroleras foráneas. Será sólo el principio de una carrera que promete tocar los puntos más calientes, como Hammerhed y Trident, a 5 km de la frontera marítima. La ministra Kessel trata de aprovechar el órdago para renovar el modelo de contratos de PEMEX y despejar la exploración conjunta con EE UU si no prorroga la moratoria. Sólo así podría esquivar los contratos bajo el ‘principio de captura’. La Habana no se resiste a buscar ‘caballeros blancos’ para superar el embargo a las inversiones norteamericanas, pero sabe que el ‘caramelo’ de las aguas profundas cubanas es menos apetecible y acelera la fecha prevista este semestre -tras el segundo retraso oficial- para que comience en manos de las privadas asociadas a Cupet la explotación de la ZEE.

PEMEX buscaba aprovechar el tiempo muerto para acelerar la segunda vuelta a la reforma energética que cocina la ministra Kessel, reformar su sistema de contratos para abrir la puerta a contratos de riesgo, más allá de los de servicios y empezar a recoger, de banco en banco, financiación para Chicontepec. Pero el anuncio de Obama que autoriza la extracción por primera vez en dos décadas en las costas de Alaska y nuevos yacimientos hasta ahora vetados en el Gofo de México destapa de nuevo los fantasmas petroleros al Palacio de los Pinos tanto como los primeros resultados de la operación desde marzo en los campos de Trident y White Green. Las costas colindantes con Florida las que albergan la mayor parte del crudo al que las petroleras norteamericanas y multinacionales han empezado a ponerle cifras: 3.500 millones de barriles de petróleo y 17 billones de metros cúbicos de gas, a explotar bajo la modalidad de arrendamiento. Esta vez, en el Palacio de los Pinos comienzan a reconocer que, como denunciaba en su momento Vicente Fox, ya no será suficiente con “sentarse sobre el tesoro” del crudo azteca. También que desde hace semanas, ha empezado el tiempo de descuento y que todos los relojes giran a favor de la Casa Blanca.

No ha sido hasta el anuncio de apertura a la explotación norteamericana cuando el Ejecutivo mexicano ha empezado a negociar de nuevo el Tratado de Límites Marinos -sobre todo para el Polígono Occidental, el Hoyo de Dona- que vence el 17 de enero de 2011 y que en diez años de vigencia no logró por parte de las autoridades mexicanas ni siquiera la gestación de un comité de promoción de esos tratados. Hasta los expertos implicados en la negociación reconocen que con tan poco tiempo, México sólo podría aspirar a un nuevo periodo de gracia para evitar que las compañías estadounidenses comiencen la explotación junto a la frontera común. Nada que ni Washington -ahora que sólo tiene ojos para superar la dependencia de la importación del 57% de sus hidrocarburos- ni sus contratos estén dispuestos a hacer: después de más de 15 años de trabajos exploratorios, Shell y Chevron han bautizado la carrera de la extracción en aguas estadounidenses en el Cinturón Plegado de Perdido -de donde esperan extraer 130.000 barriles diarios- , alguna de ellas justo junto a la frontera, a poco más de 11 kilómetros de la aguas mexicanas.

Aunque ni Great White, Silvertip y Tobago formen parte del paquete de los yacimientos transfronterizos, en el Palacio de los Pinos descuentan que será sólo el principio de una efervescencia exploratoria en todo el Golfo, que en el caso de Perdido, impulsará la operación en estructuras como el Hammerhead y Trident, a 4 y 5,6 kilómetros de México, yacimientos con estructuras simétricas bajo los dos pabellones, pero fuera del alcance del Tratado bilateral, de las limitaciones de los yacimientos transfronterizos y de sus plazos de moratoria. Y, por primera vez, después de más de 15 años de proceso, a tiro -tecnológico y operativo- de las grandes multinacionales con derechos en la zona. No es casualidad que sean justamente Shell y Stone Energy las  concesionarias de los campos Trident y Hammerhead del lado estadounidense, que forman parte de la misma estructura que México comparte en esa región limítrofe.

UN NUEVO MAPA DE MORATORIAS Y YACIMIENTOS COMPARTIDOS

Georgina Kessel se consuela con los títulos. De los 17.900 kilómetros cuadrados de Dona, México logró reconocimiento de su soberanía sobre un 61.78% del espacio -10.629 kilómetros cuadrados-, mientras que EEUU obtuvo el 38.22% -7.371 kilómetros cuadrados-, pero la delimitación, que llevaba años de disputas y negociaciones, fue objeto en el año 2000, durante los gobiernos de George W. Bush y Vicente Fox, de una moratoria en las negociaciones hasta 2008, que hace unos meses se prologó a la espera de su consumación o su recambio bajo la mano de Obama. Pero EE UU y Calderón no sólo chocan las lanzas del petróleo en los yacimientos transfronterizos que regulan sus tratados bilaterales. No era el entonces aún presidente mexicano Vicente Fox el único que encendía las luces rojas de los recursos compartidos: ni siquiera tienen que recurrir a técnicas furtivas para poder extraer crudo desde un lado hacia el otro del yacimiento, en lo que los mexicanos han bautizado como ‘efecto Popote’. Son los técnicos los que reconocen que la operación en aguas estadounidenses -con más de 150 plataformas en todo el territorio del Golfo- puede erosionar presión y recursos en el lado mexicano: hasta la propia ministra Kessel le ha puesto cifras a una distancia de 11 kilómetros en la que se pueden direccionar pozos en forma horizontal (justo la distancia que separa a los nuevos yacimientos de Chevron y Shell). Y Pemex considera que las estructuras geológicas con yacimientos que traspasan la frontera, nunca estuvieron en el Polígono Occidental, sino en las costas del Golfo, entre Texas y Louisiana, en el llamado Cinturón Plegado de Perdido, donde del lado estadounidense ya operan empresas como Shell y Chevron.

Obama tiene más de una llave de los hidrocarburos de la mayor estructura de recursos petroleros del mundo en sus manos: la de la redefinición de la línea divisoria de las explotaciones transfronterizas y el fin de su moratoria, la de las inversiones, la del despegue de la carrera por el crudo del Golfo y la del consumo, ahora que PEMEX vendió el año pasado un 22% más a EE UU y busca colarse por las grietas del crudo venezolano para recuperar -con permiso de Petrobras- sus galones de segundo exportador tras Canadá.

Pero no son Obama y las multinacionales los únicos que le mueven este trimestre todos los mapas a Petróleos de México. Después de 60.000 millones de pesos de inversión en cuatro años, a Chicontepec -que alberga el 30% de los recursos del país- se encienden las alarmas, con unos niveles de recuperación de apenas un 3% y sólo 32.000 barriles por día. A PEMEX se le agotan los cronómetros que la reforma de 2008 le dejó en tiempo muerto: los de la operación, los del perfil financiero y los de la autosuficiencia energética. Ni en el Palacio de los Pinos ni en la Secretaría de Energía lo esconden ya. Está en quiebra técnica, reporta un patrimonio negativo de 18.300 millones de pesos y  ya sabe que ni todos sus activos pueden cubrir su deuda de más de 43.000 millones de dólares (un billón de pesos) y no alcanza ni un 10% de las previsiones de Chicontepec, del que depende el 40% de sus reservas.  Necesita invertir 172.000 millones de dólares en diez años, pero ha pospuesto la emisión de bonos hasta 2011; ganó el doble que Exxon en 2009, pero inyectó al Estado el equivalente a su beneficio.

A la vista del declive de Cantarell -un 38% en el último semestre- y del suelo de su producción nacional -en el nivel más bajo desde 1995- PEMEX intenta acelerar el paso de sus ambiciones con la promesa de inversión de 16.899 millones de dólares en 2009 y la producción de 2,7 millones de barriles de crudo. Será sólo si consigue incorporar nuevos campos. Todos sus ojos miran de nuevo al Golfo, si sus previsiones se cumplen, sólo en Perdido, del lado azteca, habría un volumen de crudo superior al que espera recuperar en Chicontepec en 17 años. Pero ha perforado sólo cuatro pozos en aguas profundas este año. A pesar del mantenimiento de los 1.200 pozos que ya tiene en el Golfo, pero no será hasta el año que viene, como pronto, cuando PEMEX tenía previsto volver a tocar de cercaAltamira y Ébano. Sólo en 2013, en el más optimista de los escenarios, -siempre que consiga aligerar su deuda e invertir más de 1.000 millones de dólares- podrá iniciar la explotación de diez pozos en el área de Perdido, apenas poco más que un aterrizaje testimonial, lejos del centenar largo de pozos al año que ya están en exploración del lado norteamericano.

Todos los ultimátum obran a favor de las aspiraciones del Ejecutivo de Felipe Calderón. El director de Pemex, Suárez Coppel, le ha puesto fecha: ni las pérdidas netas de 46.000 millones de pesos (3.492 millones de dólares) al cierre del año, ni la rebaja de la producción en un 5,3% anual pueden frenar más la “reinvención”, “PEMEX requiere éxitos pronto”. Sin cambios y sin nuevos descubrimientos, dejará a México sin petróleo propio en siete años. Por eso, ni desde la directiva de PEMEX, ni desde la Secretaría de Estado de Energía renuncian aún a recibir el visto bueno, antes de que acabe el actual periodo de sesiones del Congreso, para un nuevo modelo de contratos (de riesgo y no sólo de desempeño) que la Corte Suprema evalúa ya. Las aguas del Golfo de México y sobre todo los yacimientos transfronterizos están llamados en sus planes a ser el bautismo de esa reforma. Sólo así podrían sintonizar con las expectativas de la Casa Blanca y abrir la puerta a fórmulas de exploración conjunta que permitan a PEMEX sellar ‘convenios de utilización’ que permitan un reparto del porcentaje de los recursos extraídos, independientemente de las legislaciones y los pabellones.

Sólo así México podría esquivar la fórmula que tratan de impulsar las multinacionales con derechos de explotación en el Golfo: contratos bajo el ‘principio de captura’, que implican que se levanta la moratoria y el primero que obtenga la producción se queda con ella. PEMEX busca una nueva piel. Hasta ahora, la repesca de los contratos de meros servicios y la venta de equipos al gigante mexicano -un mercado de más de 100.000 millones en diez años- no le ha dado resultado a Pemex. Sólo Statoil Hydro apunta a romper la baraja del desinterés de los contratos por servicios de PEMEX,  aunque no oculta que lo que busca son las los yacimientos transfronterizos que México comparte con EE UU. La estatal mexicana, entre tanto, ha comenzado el ‘cortejo’: no esconde que le gustaría pisarle las huellas a la estrategia que ha permitido a Statoil y a Petrobrás reformar su piel estatal y liderar la avanzadilla en las aguas profundas. La mexicana mira a Petrobrás y a su experiencia en latitudes cariocas en la capa presal. Le pisa ya los talones a la cooperación con la paraestatal brasileña, desde hace seis meses la ministra Georgina Kessel se lo hace saber al gobierno de Lula. PEMEX sólo tiene experiencia en producción de crudo en México y prepara ya nuevos modelos de contratos.

Pero Petrobrás no esperará por su llave para zambullirse en las aguas del Golfo: acaba de hacerse, de manos de la estadounidense Devon Energy, con la concesión de 22 campos en el Golfo de México. A ambas les hace sitio ya en un ‘baile’ de pretendientes en el que Repsol aguarda con silla propia. Sólo Repsol tiene en su mano seis de los 21 bloques activos de la ZEE cubana, con 11.200 kilómetros cuadrados, pero sobre todo, el acceso prioritario a partir de este año a las primeras perforaciones de explotación. Amuebla su refugio del Golfo de México estadounidense, donde  participa en 72 bloques. En los últimos tres años ha resultado favorecida en las licitaciones de 26 bloques geológicos en aguas profundas y ultraprofundas estadounidenses en el Golfo de México y en 2009 resultó la empresa seleccionada por el Gobierno cubano a través de su estatal del petróleo, Cupet, para explorar y explotar yacimientos off shore en aguas profundas en Hoya de la Dona, en la zona económica exclusiva de la isla caribeña en el Golfo de México. Y calienta el interés –y la sintonía con Petróleos de México- para consumar su sitio preferente en la puerta abierta -por primera vez en setenta años- de las aguas aztecas a las multinacionales. En la Secretaría de Estado de Energía azteca no se descarta que sea YPF el puente entre Brasilia y México DF.

PEMEX BUSCA LA DOBLE ALIANZA CON EE UU

En los despachos de Kessel retoman los estudios, pero no pueden esconder que México lleva casi dos décadas de retraso. Del lado americano, el Texas Railroad Commission tiene identificados recursos prospectivos de hidrocarburos que van de 5.000 a 15.000 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, en profundidades cercanas a los 3.000 metros de tirante de agua. Desde la década setenta, las investigaciones geológicas estadounidenses empezaron a estudiar las formaciones en la frontera, bajo las aguas del Golfo, aunque no fue hasta mediados de los años 90 cuando se perforaron los primeros pozos a más de 2.000 metros -en 1996 en Baha-. Y sólo en 2001, tras los fracasos de Baha 1 y 2, el tercer pozo de Alamitos, Trident, comenzó a surtir de éxitos a las multinacionales del lado estadounidense, hoy con tres pozos uno de ellos a 5 kilómetros de la frontera y las áreas colindantes de Canyon Heathley y Walter Ridge. Nada que puedan tentar los planes de PEMEX: ni las más de 30 perforaciones que requirió Trident, ni sus más de 2.960 metros de profundidad se lo ponen fácil.

Del lado mexicano, se calcula que puede haber unas 11 estructuras capaces de producir 3.500 millones de barriles de crudo, pero aunque a México le puede llevar menos tiempo explotar los yacimientos en Perdido, si consigue asumir de manos de las multinacionales con experiencia, no podrá, por sí solo, operar en Perdido -el campo que el presidente Calderón hizo ondear como justificación para la reforma energética- antes de una década. Sería, además, si revalúa y deja al margen de su estrategia otros proyectos costosos. Menos aún podrá zambullirse en las aguas de la Dona. La  Dona Occidental colindaba mayormente con el área Cañón Keathley y, en parte, con las Estructuras Walker. El tratado “Albright-Green”, aceptó que a México le correspondiera la parte más profunda, con tirantes de agua de 3.000 a 3. 800 metros, en este momento no hay tecnología de perforación para intentar acercarse a esas profundidades, menos aún cuando la propia PEMEX reconoce que con un factor de recuperación de 20%, podrían convertirse en reservas de 500 millones, pero distribuidos en los 17.190 kilómetros cuadrados de toda la zona.

La mexicana tendrá que conformarse con mover ficha en otras aguas, en el Golfo de México Sur, donde promete elaborar 17 estudios exploratorios y poner en marcha cuatro pozos antes de 2011 y en Campeche poniente, donde espera perforar otros 19 pozos, a pesar de que los analistas le advierten que, a la vista de su experiencia en los últimos años, sus posibilidades de éxito son menores a un 33%.

PEMEX está abocada a zambullirse en unas aguas en las que se ha destapado la guerra del petróleo, en las que sabe que otros han empezado a llegar ya antes a Perdido. Le han encendido ya las luces rojas los ocho grandes descubrimientos de Anadarko, Murphy Oil, Chevron, BP., Repsol, Shell, Maersk y NFE en los límites marítimos estadounidenses, del otro lado del ‘espejo’ del Cinturón Plegado de Perdido. El caramelo de las concesiones de Petróleos de México amarga aún a las grandes petroleras, que sólo tienen ojos para otras latitudes del Golfo, en las que sumar además reservas y se conforman con la repesca de los servicios y la venta de equipos al gigante mexicano, un mercado de 30.000 millones de dólares. Sólo Noruega apunta, hasta ahora, a romper la baraja del desinterés de los contratos por incentivos. StatoilHydro le pisa los talones a Pemex: recibe de sus manos contratos de servicios, pero no oculta que lo que busca son las los yacimientos transfronterizos que México comparte con Estados Unidos.

CUBA QUIERE MÁS TIEMPO Y ‘CABALLEROS BLANCOS’ PARA OBAMA

Aunque el Servicio Geológico de EE UU reduce de 20.000 (la cifra cubana) a 5.000 millones de barriles las reservas cubanas en costas afuera, las exploraciones a escasas millas de Cayo Hueso harán retumbar  la moratoria que impide realizar perforaciones en los límites marítimos de la Florida al menos hasta el 2010. Raúl Castro quiere más tiempo para la estatal Cupet y nuevos invitados a la mesa de su petróleo. Se ha resistido -desde la llegada de Obama- a que no vengan del norte, las petroleras estadounidenses presionaron durante 2009 a la Casa Blanca para poder acercarse a las aguas profundas de la Isla y pusieron en cuestión las líneas rojas del embargo desde la Cámara de Comercio estadounidense a la Fundación Nacional Cubano-americana, en Cuba Study Group y el Consejo Nacional del Comercio Estadounidense. Y el propio ministro cubano de Industrias básicas por primera vez en 47 años invitó a EE UU a dejar aterrizar a sus inversiones en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) cubana. Pero ni la avanzadilla del Ejecutivo estadounidense y las multinacionales en sus aguas del Golfo, ni el cuestionamiento a la regulación del Hoyo de Dona que comparte con México y EE UU se lo ponen fácil a las aspiraciones de la diplomacia comercial cubana. El Gobierno de la Isla caribeña ha pasado de buscar una tercera vía -por si Washington no cede en los muros del embargo- a intentar darle ahora cuerda, además, de nuevo, a la carrera propia del petróleo del Golfo.

La Habana busca crudo para fortalecer su posición estratégica, cuadruplicar su producción y zafarse del cordón umbilical de los 95.000 millones de barriles anuales que Hugo Chávez les vende. Los cubanos han comenzado a descontar que los 115.000 barriles diarios que llegan desde Venezuela -un 50% de sus necesidades de consumo- no seguirán haciéndolo con la misma intensidad; ni al mismo precio. Cuba ya no oculta que necesita con urgencia nuevos aliados para sacarlo del fondo del mar. Sobre todo si quiere hacer realidad su estrategia de procesar diariamente 350.000 barriles de crudo y abastecer de productos refinados a sus vecinos del Caribe. Ni la producción propia de 1,7 millones de toneladas de crudo en 2009, ni las buenas nuevas oficiales sobre los 11 pozos que Cuba ha comenzado a perforar y explorar en la “franja de crudo pesado” opacan su dependencia exterior en más de un 60%.

Por si acaso, acelera los relojes propios, los de Cupet y sobre todo los de las multinacionales concesionarias. Cuando Repsol YPF comience a beber del crudo del Golfo cubano, la Habana quiere tener a mano la consumación de nuevas alianzas, haberle puesto apellidos -aunque sea de los aliados chinos, rusos y angoleños- al menos a la mitad de la veintena de bloques por otorgar y haberle abierto el apetito y las reformas diplomáticas a Washington. Para empezar, eran los yacimientos a 20 millas de la costa, -los que explota Repsol en colaboración con Norks-Hydro (Noruega) y ONGC (India)- los que prometían emanar buenas nuevas, aunque no será ya en 2010. Con canadiense Sherrit desligada de la explotación de los 59 bloques de los 112.000 kilómetros cuadrados de la ZEE cubana y aún a la espera de que la brasileña Petrobras ejecute su implicación en el programa, el petróleo de las aguas cubanas será luz para pocos ojos. En Washington saben que el rastro de los anuncios de Brufau será sólo el principio: la actividad en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) se multiplicará  si las otras seis compañías que han firmado convenios con la estatal CUPET siguen los pasos de la española, como se plantean ya formalmente para 2010. Sobre todo cuando Petrobrás -con el contrato en ristre desde finales de 2009- se zambulla en las aguas de la ZEE.

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