edición: 2346 , Viernes, 17 noviembre 2017
24/05/2011

Obama exige a Europa que se adhiera a su nueva estrategia ante las revoluciones árabes

Pedro González
Anoche comenzó en Dublín y en la pequeña aldea de Moneygall el octavo viaje del presidente Barack Obama a Europa, una etapa sentimental para rememorar sus raíces irlandesas, antes de desplazarse a Londres, Deauville y Varsovia, para abordar con los líderes de la Unión Europea la nueva situación en Afganistán, tras la muerte de Bin Laden, y en Oriente Medio y Norte de África, después del estallido de las revoluciones árabes. No será esta vez la economía sino la política lo que impere en la agenda de conversaciones, aunque el presidente norteamericano va a pedir a los europeos que vayan preparando la chequera para participar en el nuevo plan Marshall que Obama preconiza para el buen fin de tales revoluciones árabes. Más que una petición, se trata de una exigencia, que en el caso de no ser atendida tendría como penalización la irrelevancia de la propia Unión Europea en el  nuevo mapa geopolítico diseñado por el inquilino de la Casa Blanca.

Diluida la obamanía europea, basada más en el voluntarismo de querer verle como el contrapunto de George W. Bush que en auténticas razones argumentales que demostraran que Obama se rige más por principios que por la defensa de los intereses de Estados Unidos, el presidente norteamericano pisa ahora Europa habiendo demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo y cobrarse venganza por los atentados contra los intereses de su país. No solo ha liquidado al enemigo público número uno sino que también se las está teniendo tiesas con su principal aliado, Israel.

La firme negativa del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a no aceptar la propuesta de Obama de que israelíes y palestinos negocien con el objetivo de crear dos estados basados en las fronteras de 1967, anteriores a la Guerra de los Seis Días, no le ha disuadido de insistir en su argumento. Más aún, compareció en la conferencia anual del Comité de Asuntos Públicos Israelo-Americanos (Aipac), el más potente lobby proisraelí de Estados Unidos, y les explicó que el statu quo de Oriente Medio está definitivamente roto, y que va en perjuicio del propio Israel obstinarse en querer recuperar una situación que ya está absolutamente superada.

Ese mismo lobby escuchaba esta madrugada al propio Netanyahu, que asimismo comparecía ante el Congreso norteamericano, esgrimiendo a su vez su negativa a negociar con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbás, si éste no rompe antes con Hamás. Su argumentación insiste en que es absolutamente imposible, e incluso suicida, negociar con alguien cuyo primer objetivo es precisamente la desaparición del Estado judío.

Consciente de que no puede quedarse atrás en esta partida de ajedrez, la UE ha demandado una reunión urgente del Cuarteto para Oriente Próximo, formado por la propia UE, Estados Unidos, Rusia y la ONU, “para relanzar el proceso de paz”. Haciéndose eco de las exigencias de Obama, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE se alineaban con él, al señalar que “los cambios fundamentales acaecidos en el mundo árabe demuestran que es necesario tener en cuenta las legítimas aspiraciones de los pueblos de la región, incluyendo las de los palestinos a disponer de un Estado y las de Israel a vivir en seguridad”.

Además del discurso que Obama pronunciará en Westminster, su principal intervención la guarda para el G-8 de Deauville, en donde presentará su plan de ayuda económica a Egipto y Túnez, países invitados a esta cumbre, y en donde se consagrará con toda certeza el nombramiento del nuevo o nueva director gerente del Fondo Monetario Internacional. La diplomacia americana multiplica sus mensajes previos, que vienen a dejar sentada la firme voluntad del presidente Obama de que los procesos de cambio en el Norte de África sigan adelante, tarea en la que Europa deberá abrir fronteras y respaldar con fondos suficientes la buena marcha de semejante transición de los antiguos regímenes dictatoriales a unas democracias más o menos homologables con las occidentales.

La situación en Pakistán y Afganistán es el otro capítulo importante de las conversaciones UE-Estados Unidos, toda vez que la muerte de Bin Laden y el recrudecimiento de la situación en ambos países, no es el mejor escenario para emprender la retirada que el propio Obama había anunciado al principio de su mandato.

Y, finalmente, la etapa de Polonia intentará atenuar la creciente desconfianza de Varsovia hacia el presunto idilio entre Estados Unidos y Rusia, sabedores los polacos, por demasiadas tristes experiencias, que cuando dos se ponen de acuerdo a sus espaldas, siempre son ellos los que salen perdiendo.

Como última coda hay que resaltar que España se queda una vez más al margen de esta nueva gira de Obama. Ni conjunciones planetarias ni diplomacia parvularia, los esfuerzos a menudo bastante infantiles porque Zapatero consiguiera una foto con Obama en la Moncloa vuelven a estrellarse con la dura realidad. Y es que la bisoñez de determinados pecados de adolescencia no se curan ni se perdonan en dos tardes.  

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