edición: 2764 , Viernes, 19 julio 2019
24/02/2015

La presidenta de la OPEP refleja las tensiones entre sus miembros por la caída del precio del crudo

Diezani Alison-Madueke lanza un mensaje a Arabia Saudita, el país que realmente mueve el mercado
Diezani Alison-Madueke, presidente de la OPEP
Carlos Schwartz
La presidenta de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Diezani Alison-Madueke, ministra del Petróleo de Nigeria, dijo que si la caída de los precios del crudo se agudiza se verá obligada a convocar una “reunión urgente en el plazo aproximado de seis semanas” del cartel exportador. Tras sus declaraciones el precio del crudo en el mercado de futuros ganó 45 céntimos de dólar por barril brevemente, para volver a caer. La afirmación de un funcionario de la organización de que no estaba prevista reunión anticipada alguna de la OPEP, cuya asamblea semestral está prevista el 6 de junio, sumió al mercado otra vez en la corriente bajista. Al cierre de la pasada semana la analista jefe de Energy Aspects, Amrita Sen, se ganó titulares en los medios especializados al afirmar que era muy probable que una reunión extraordinaria del cartel de exportadores se convocara en el primer trimestre de este año. Su argumento se fundaba en los problemas fiscales de los países más afectados por la precipitada caída de los precios del crudo que desde junio pasado ha superado el 50%. Sus declaraciones ya habían sensibilizado al mercado, motivo por el cual las afirmaciones de Alison-Madueke tuvieron aun mayor repercusión. El incidente justifica una lectura un poco más fina que las meras afirmaciones.
Alison-Madueke, que fue electa presidenta del cartel en la reunión semestral del pasado 27 de noviembre, dijo que “casi todas las naciones de la OPEP, excepto quizá el bloque Árabe, se encuentran incómodas”. Hasta ahora no se habían reflejado fisuras en la superficie de las relaciones entre los estados miembro de la organización. La política de mantener sin reducciones la producción de la organización en los 30 millones de barriles diarios fue aprobada en noviembre pasado tras una campaña de persuasión por parte de Arabia Saudita sobre el resto de los países del Consejo de Gobierno del cartel. El Secretario General del mismo, Adbala Salem El-Badri, ha seguido a pie juntillas esta orientación y la ha defendido en todos los foros internacionales.

Alison-Madueke puede estatutariamente convocar una reunión de urgencia del cartel como presidenta de ese órgano. Pero sería descabellado pensar que lo va a hacer sin un contacto previo con los otros miembros del mismo. Sus declaraciones han tenido por objetivo hacer llegar un mensaje a Arabia Saudita: la mayoría de los países miembros está incómoda. La afirmación no solo incluye a Irán, y Venezuela, sino además a Nigeria y Ecuador... o como dijo la presidente del Consejo a todos los no árabes.

En enero, el Fondo Monetario Internacional (FMI) hizo público su informe sobre el denominado Artículo IV, es decir la revisión de las cuentas nacionales de los países miembro efectuada por una misión del organismo multilateral. El informe sobre el fin de la misión afirmaba que “Nigeria, como los otros países exportadores de petróleo, encara una aguda caída en los precios del crudo (una fuente primaria de divisas e ingresos fiscales) y un incremento de la aversión al riesgo por parte de los inversores internacionales que mantienen su incertidumbre sobre el futuro de los precios del crudo”. El texto del FMI no ahorra comentarios sobre los efectos perjudiciales para el país. Pero bien vale la pena tener en cuenta que el producto interior bruto de Nigeria ha crecido en 2014 el 6,1% lo que no es el caso de otros países exportadores que por añadidura sufren una asfixia de divisas por la reducción de ingresos, lo que restringe su capacidad de importar bienes de primera necesidad.

Hasta ahora Arabia Saudita ha logrado mantener la cohesión del cartel con una estrategia que atrae a todos los países miembro: asfixiar el desarrollo del crudo y el gas no convencional de Estados Unidos al que consideran el principal responsable de los excedentes en el mercado. Es decir reducir los excedentes sin bajar la producción de la OPEP. Una estrategia que requiere tiempo. Y lo que no está claro es que todos los miembros del cartel dispongan de ese tiempo en términos políticos.

En noviembre pasado, Arabia Saudita mantuvo también contactos con naciones que no son parte del cartel en su afán por concertar una política de cerco al crudo no convencional. Los contactos incluyeron a países que son grandes productores y dependen de forma significativa del petróleo, como es el caso de Rusia y México. Pero las tensiones comienzan a aflorar y las declaraciones de la presidenta del Consejo del Gobierno son la primer señal de alarma. En honor a la verdad, la presidencia carece de capacidad para decidir una política, y a lo sumo lo que puede hacer es ruido.

Pero ese ruido puede convertirse en una señal de alarma para los intereses saudíes. Entre otras cosas porque ese país es el que tiene las mejores posibilidades de ganar en esta batalla de precios porque está en condiciones de bajarlos sin sufrir una crisis fiscal, como lo ha hecho en Asia dos veces el año pasado, para asegurarse mercados y clientes. El ministro del Petróleo saudí Ali Al Naimi, quien fue ratificado en su cargo por el nuevo soberano saudí el mes pasado, mantiene su estrategia y en caso de que finalmente se convoque a una reunión de urgencia del Consejo de Gobierno no es fácil que dé su brazo a torcer.

Uno de los problemas añadidos es que los países del Golfo Pérsico son los que tienen el punto de equilibrio para la extracción de crudo más bajos del cartel. Venezuela está separada de ese punto de equilibrio por un verdadero abismo. Pero la línea de tensión también va por un filo de navaja. Arabia Saudita con sus inmensas reservas y su capacidad de producción puede sabotear cualquier política de reducción de producción que decida un grupo de disidentes por su cuenta. Venezuela es el país con mayores reservas probadas del mundo. Pero carece de los medios para su extracción y no podría actuar como regulador del precio. Los saudíes si, y ese es precisamente su poder sobre el cartel. En cualquier caso el país está claro que optará por la persuasión y no dará jamás pie a que el cartel se rompa. Lo que está por ver es si el resto se disciplinará a sus objetivos o romperá el equilibrio.

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