edición: 2616 , Viernes, 14 diciembre 2018
27/01/2009

Orange busca más vacunas para su ‘gripe española’

Ana Zarzuela

Se ha quedado huérfana de altares para pelearle a Alierta los 100 megas. En la portabilidad móvil busca consuelo a la orfandad de la fibra y el golpe del internet para llevar y la tv móvil. Juega a sacudir el mapa de las frecuencias GSM para colar en ellas las mejoras de la 3G y saltarse la brecha que la separa de Telefónica y su liderazgo en el sector. Y ahora disfraza su naturaleza: quiere dejar atrás la imagen de compañía de móviles y promover la de una empresa de telecomunicaciones en sentido amplio. Fortalece su área de servicios, a la fuerza ahorcan. Todo con tal de hacer de la necesidad virtud en un mercado en el que se enseñorea Telefónica.

El 60% de los ingresos de Orange procede de las pequeñas y medianas empresas y parte con la ventaja de sus servicios globales en 220 países y con una nueva tarifa plana de banda ancha móvil diseñada para los clientes de empresa y autónomos. Pero, empeñada en darle la vuelta a un ajedrez muy consolidado, a la crisis del sector y a sus desventajas de precios puede pisarle los talones a BT en Europa, que se lastra con los servicios globales, los que estaban llamados a ser su salvavidas. Hasta septiembre, Ono y Vodafone se configuran como los principales competidores de Telefónica y su 86% de cuota en el mercado empresarial, a distancia de Orange,  que sólo dispone de 63.871 líneas  -menos del 1% del mercado- superada incluso por Euskaltel, con 78.818 líneas, lo que le sitúa con algo más del 1%, y Jazztel, con 70.513 conexiones.

Sólo supone un 7% de su perímetro, pero para Orange es en tierras ibéricas donde ha empezado los síntomas de su ‘gripe’ europea. France Telecom sólo vale 7.000 de los 13.500 millones de euros invertidos, ha perdido 3.000 millones en dos años y en España, ni en sueños espera salir de rojos antes de 2010. La gala se ha convertido en el mercado español en pionera de la sangría de clientes, erosión de ingresos y orfandad del iPhone, justo ahora que la hora de la convergencia y el ajuste de los mercados europeos llaman a la hora de la verdad. Orange no ha podido impedir que Movistar siga siendo hasta ahora la reina de la portabilidad móvil y de conexión a Internet, con un 44,8% del total del mercado, seguida por Vodafone con un 31,2%, y por Orange, con un 21,6%. La gala ha reducido su cuota del ADSL. Y su plante inversor (100 millones de euros para abrir 300 nuevas tiendas, pero nada de fibra)  no hará más que ahondar esas heridas.

Habrá que esperar. Sin fecha. El nuevo plan de negocio de la filial española de Orange prevé que la operadora de telecomunicaciones no logre un resultado neto positivo hasta el ejercicio 2010, dos años después del horizonte marcado en la memoria de 2006. Ni el deterioro de la rentabilidad de la compañía, ni los 1.585 millones de euros de rojos del último año dan para más optimismo, por mucho que los de Vigolles juren desde mediados de 2008 que las necesidades de financiación futuras de France Télécom España serán cubiertas por los recursos procedentes de las operaciones, por financiación concedida por la matriz y por una disponibilidad de endeudamiento adicional con entidades financieras por importe de 240 millones de euros.

A gala necesita  afinar los anzuelos de la portabilidad y la banda ancha. Pero en el adsl, como la mayoría de los operadores, amasa el humo de sus promesas, pero retoca hasta su publicidad: ya no habla de adsl a 20 megas, ha cambiado el nombre del producto por el de “Máxima velocidad”, que promociona con el “hasta 20 Mbps”, y tan sólo Ya.com (propiedad de Orange), mantiene un producto con el reclamo de los 20 Mbps y un exiguo “hasta”. El despliegue de las redes de fibra FTTH de Telefónica será sólo una palada más en el foso de las debilidades de Orange y Vodafone en la península. Se entretiene con pastillas de victimismo, pero sabe que en España, a la vista del deterioro del ADSL y el móvil, todos sus caminos conducen a la fibra. Ahora que abandona la carrera de pretendientes por Digital+ sus tientos a ONO -la única que tiene red propia junto con Telefónica-, no son en vano.

Orange, con un saldo neto positivo de 12.000 líneas en el tercer trimestre de 2008 ha conseguido pescar con la portabilidad y hacerse - junto con Yoigo y las OMV- con el 84,5% de las nuevas altas móviles.  Pero ahora que los ingresos de los operadores móviles se retraen por primera vez en la historia de España, se le agota el ímpetu de la telefonía celular en los servicios de voz. Para Didier Lombard y el Elíseo -con un  33% de FT- España se ha convertido en un hijo caro. Uno que sólo la pértiga de internet móvil puede impulsar. Y, para desgracia de Lombard, su cuota del 4,7% del mercado de la tv móvil no ha sacudido el mapa del predominio de Movistar y Vodafone. Y  Telefónica sigue siendo la reina de la portabilidad móvil y de conexión a Internet. Pesca en las aguas de los clientes profesionales- la mayoría de los que se suben al carro del Internet móvil -con el Iphone en ristre, las ventajas de su posición como líder en el mercado de móviles, la fidelización de sus clientes y la corona como reina de la portabilidad. Ventajas en redes y límites de descarga, las líneas rojas que aún frenan esa expansión del ‘móvil para llevar’. Las que Orange y Vodafone tratran de sortear por la puerta de las licencias de GSM.

Quieren aprovechar la nueva regulación del espectro de frecuencias radioeléctricas para usar las que tienen en la banda de los 900 megahercios- hasta ahora destinadas al servicio GSM- con las nuevas redes 3G. Un atajo que les permitiría ahorrar en inversiones de red, mirar cara a cara a Telefónica -sigue siendo líder en el sector pero el 75% de sus licencias GSM caducan en 2010- e instalar menos antenas en zonas rurales para lograr la misma cobertura. Pero por mucho que consigan que la CMT redistribuya las frecuencias de 900 Megahertzios y aunque lograran que Yoigo renunciara a sus pretensiones o pudieran arañar a Alierta alguna de las frecuencias que vencen en 2010, todos sus caminos conducen a la inversión. Y a Moncloa, que debería recalificar un espectro vinculado jurídicamente al servicio GSM, para el que se le concedió.

Mientras tanto, Orange y Vodafone se conforman con compartir 3G y seguir paseando a cuatro manos el acuerdo de cooperación, firmado en 2007 para compartir las estaciones base en poblaciones menores a 25.000 habitantes, una red de antenas de telefonía móvil que esperaba llegar a más de 5.000 en los próximos 3 años y que le ha permtido, por ahora,  ahorrar costes en la expansión y mantenimiento de las redes de tercera generación. Aunque, a medio plazo, no sea más que un paliativo. Con o sin escaramuzas, el horizonte de las inversiones será imprescindible. También en España. Más aún ahora que la crisis rebaja un 0,5% los ingresos del sector.

Lo advierte la CMT: el futuro se construye con ladrillos del presente y nadie -Reinaldo Rodríguez dixit- va a ser tan ciego de no invertir en banda ancha móvil y en fibra. En la lotería de la FTTH española ya no sacará mucho más que la pedrea, no podrán desplegar su red antes que Telefónica, ni arrugarle el estreno del Plan Futura. Orange selló la paz de los tribunales con las filas de Alierta y cruza en realidad, los dedos para que Telefónica complete la inversión de 1.000 millones de Futura y el despliegue de la fibra de alta velocidad. Aunque no la obligue Bruselas a poner a mano ofertas mayoristas, las canalizaciones las tendrán cubiertas Orange y Vodafone. Y sólo eso, les permite ahorrarse un 80% del coste del despliegue de la fibra. Por eso FT exige saber de Alierta cómo, cuándo y cuánto apostará por la fibra óptica o el VDSL. Vignolles  tendrá que ir echando cuentas si no quieren perderse el tren de la fibra de altar en altar.

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