edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
28/11/2008
Las denuncias resultan poco rentables

Orange viste de acuerdo la rendición de sus lanzas a Telefónica

Ana Zarzuela

Vignoles ha mirado dos veces sus armas. Y prefiere la paz con César Alierta. Ya Fernández Pujals le enseñó las ventajas de un acuerdo extrajudicial hace un año. Orange reniega de la deidad de las inversiones en nuevas redes y a falta de los favores del mercado, ha llevado todas sus batallas a los muros de Telefónica, todas sus plegarias a los altares de la Audiencia Nacional, Bruselas y la CMT. Pero, con la avalancha de denuncias por competencia desleal y obstaculización del ADSL no ha conseguido más que arañar 30 millones de euros, a cambio de seguir con los sables en ristre y exponerse a la denuncia de 12.000 millones de euros ante Bruselas. Si consigue consumarla, la paz le despejará el cielo al alquiler de las líneas para su banda ancha y para su despliegue de la  fibra. Todos sus caminos conducen a ella y prefiere hacerlo en son de entendimiento.

France Telecom ha hecho costumbre de las escaramuzas legales, pero sus plegarias a la Audiencia Nacional para intentar paralizar la fibra de Telefónica han sido demasiado para Alierta, que un año después de recibir una histórica multa de 151 millones de la Comisión Europea por estrechamiento de márgenes, tras una denuncia del grupo galo, pasó al ataque.

La española se sumaba hace un mes al expediente abierto por la Comisión Europea contra la empresa francesa por las exenciones de parte del coste de sus jubilados aprobadas por el Estado galo, que controla un 25% del operador. En caso de que Bruselas fallara a favor de los demandantes, France Telecom debería devolver todas las contribuciones por desempleo no pagadas más los intereses, unos 12.000 millones de euros. Además, la compañía, que cuenta con una participación estatal del 24,7%, recibió 9.000 millones de euros del Estado galo en marzo de 2003, dentro de una macroampliación de 15.000 millones de euros. Una inyección que la salvó de una delicada situación financiera, con una profunda crisis de liquidez y acuciada por una abultada deuda, pero que la mantiene bajo la lupa de Bruselas.

De este lado de los Pirineos, France Telecom esconde la bandera tricolor para arañarle a Telefónica la nueva FTTH y suelta el lastre de sus activos, pero no acaba de despegar: se pincha con la portabilidad con la que pretendió pescar en Movistar y que le ha costado la sangría de casi 30.000 clientes. Se entretiene con pastillas de victimismo, pero sabe que en España, a la vista del deterioro del ADSL y el móvil, todos sus caminos conducen a la fibra. Y a Orange -a la vista de la de ‘cal’ de la Audiencia Nacional  y los lineamientos de regulación de la CMT- todas sus guerras en ese terreno le permiten pocas opciones: abrazarse a las canalizaciones que hasta ahora le ha rechazado a Alierta o darle la espalda a la red. No podrá desplegar su red antes que Telefónica, ni tampoco arrugarle a Alierta el estreno del Plan Futura. Ni los tribunales ni la CMT están por la labor. Ni siquera la Comisaria Vivianne Reding -lo confiesa ella misma- espera un giro a esa regulación antes de 2009. Orange contemplaba exigir indemnizaciones multimillonarias a su rival con la presentación de una demanda civil por los daños y perjuicios causados (en su opinión) por el incumplimiento de la regulación de Telefónica, pero el nuevo clima entre ambos grupos ha paralizado, por el momento, la iniciativa.

Por eso intenta pisar las huellas de Jazztel, que desde 2007 decidió sellar la reconciliación con César Alierta. Si sigue su guión, será a cambio de una compensación económica: para Fernández Pujals fue de 10 millones de euros y la promesa de buena voluntad en la gestión de las peticiones de alquiler de líneas. Si no hay fumata blanca, el despliegue de las redes de fibra de Telefónica será solo una palada más en el foso de sus debilidades. Bruselas, por mucho que tarde en su proyecto de regulación para la fibra, no promete nada diferente a las propuestas de la CMT española: libertad para que Telefónica pueda desplegar su red Futura y obligación a las telecos dominantes de compartir sus redes ultra rápidas, pero sólo en zonas con poca competencia y en función de cada región. Justo allí donde más lo buscan, las alternativas se quedan sin paraguas. 

Y es que si algún grupo quiere competir en serio en banda ancha en España sin sustos a largo plazo, o compra Ono, o invierte. Vodafone estima que para que a un operador le resulte rentable invertir en fibra óptica debe contar con una cuota de mercado de al menos un 40%, frente al 5% de Orange, el 3% de Tele2 y el 2,4% de Jazztel. Pero los operadores son conscientes de que su crecimiento en el futuro dependerá de esta red si no quieren descarrilar lejos de los 100 megas y perder el tren de los nuevos servicios - televisión de alta definición (HDTV), videoteléfono (cuatro megas), o telefonía IP- cuyo uso se generalizará como ocurrió en el pasado con el móvil o Internet. La inversión es muy elevada -1.000 euros por casa, el triple que un ASDL-. Si opta por la paz con Telefónica, Orange tendrá en su mano salvada la barrera de la obra civil -que puede suponer hasta el 80% de la inversión total de una red de nueva generación- gracias a las infraestructuras compartidas.

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