edición: 2362 , Martes, 12 diciembre 2017
29/12/2008
Observatorio de Telecomunicaciones

Orange y Vodafone, abocadas a la inversión en fibra

Bruselas sella la paz de los 100 megas con la CMT
Ana Zarzuela

Sangran por las heridas de Bruselas. Era el último de sus ‘altares’, pero ahora que la UE han dado vía libre a la regulación española de la nueva red de Telefónica saben ya que las horas de su guerra a la fibra están contadas. El despliegue de la FTTH puede seguir adelante y las lanzas de la Comisaria Neeli Kroes -que disparó contra Alierta con las balas de Vivianne Reding- están ya en el suelo con las de la CMT española.  Será inversión sí o sí para Orange y Vodafone, ahora que César Alierta tiene luz verde para sus 100 megas. Por más que Didier Lombard y Vittorio Colao se aferren a los recelos de la CE, la primera en reconocer que no tiene más remedio que tragarse las dudas sobre la regulación de la fibra en España y las diferencias con el equipo de Reinaldo Rodríguez.  Y que -como advertía  consejero delegado de Telefónica, Julio Linares- o el nuevo modelo regulatorio para los Veintisiete ofrece rentabilidad al dueño de la nueva infraestructura o no habrá fibra para nadie.

La Comisión Europea ha comenzado a deshojar la margarita de los 400.000 millones que necesita la fibra europea. Y deja a Orange y Vodafone huérfanas de opciones distintas a la inversión. Telefónica deberá abrir a sus competidores su red de fibra óptica, tal y como exigía Bruselas, pero sólo parcialmente, para ofertas de velocidades hasta de 30 megabits por segundo (Mbps), como pretendía la CMT. Reniega de la deidad de las inversiones en nuevas redes y a falta de los favores del mercado, junto a Astel ha puesto en los tribunales todas las devociones. Pero la ‘santidad’ de la comisaria Reding no da para más en las batallas de Orange. En la lotería de la FTTH española, France Telecom y Vodafone ya no sacarán mucho más que la pedrea, no podrá desplegar su red antes que Telefónica, ni arrugarle el estreno del Plan Futura. Lo sabe Orange, tanto que selló la paz con Alierta y cruza, en realidad, los dedos para que Telefónica complete la inversión de 1.000 millones de Futura y el despliegue de la fibra de alta velocidad.

España, tras una década que Alierta considera la de “mayor desarrollo tecnológico de la historia” está preparada para la innovación en servicios y producción que representan las TIC, aunque el comercio electrónico sigue sin despegar. Todos sus caminos conducen a la fibra. Como reconoce el Informe de la Sociedad de la Información 2008, las actuales redes están empezando a mostrar signos de agotamiento y la renovación de infraestructuras es imprescindible. El ADSL roza el techo de sus expectativas: aunque las ofertas tocan el suelo de la guerra de precios, no se contrata más.

Las operadoras han encontrado aire en los 30, 50 y 100 megas, pero la fibra, el cable y el VDSL2 piden sitio. Telefónica es más cara que sus competidoras europeas en las velocidades más altas -un 54,6%- pero sus 30 megas ofrecen un 92,85% de la velocidad prometida. Un porcentaje de eficiencia a años luz de las ofertas de ADSL a 20 megas, con el 37,3% de media, según un estudio de ADSLzone. Telefónica es una rara avis en un mercado como el español, uno de los países de Europa donde es más barato navegar por la red, pero en los que el ancho de banda es aún inferior al necesario para aprovechar las posibilidades de las aplicaciones web. Para 2015 se necesitará un ancho de banda de bajada de 11,25 MBps y de subida de 5 MBps, lejos aún de los efectivos ahora: bajada 3,75 MBps y subida 1 MBps.

Para 2011 se triplicará en la UE el actual volumen de tráfico existente en internet, mientras que para 2013 los contenidos digitales se habrán multiplicado por diez y coparán el 80% del total en 2020. La cristalización de esta nueva realidad está, sin embargo, en el aire. Al ritmo actual, el Viejo Continente tardará alrededor de veinte años en renovar sus redes y la dirección que lleva la política de Bruselas puede cuajar en una ralentización adicional.

Con o sin escaramuzas, el horizonte de las inversiones será imprescindible. También en España. Más aún ahora que la crisis rebaja un 0,5% los ingresos del sector. Lo advierte la CMT: el futuro se construye con ladrillos del presente y nadie -Reinaldo Rodríguez dixit- va a ser tan ciego de no invertir en banda ancha móvil y en fibra. No sólo por parte de Telefónica. Otra cosa será hacerlo hoy o dentro de seis meses. Pero el tren de Alierta ha zarpado ya. Y si algún grupo quiere competir en serio en banda ancha en España sin pegarse sustos a largo plazo, o compra Telefónica –algo bastante complicado– o compra Ono, o invierte.  Por mucho que Vodafone estime que para que a un operador le resulte rentable invertir en fibra óptica debe contar con una cuota de mercado de al menos un 40%, frente al 5% de Orange, el 3% de Tele2 y el 2,4% de Jazztel.

SE SUBEN AL TREN DE TELEFÓNICA

Aunque la paz sellada por la Comisión Europea con la CMT española no obligue a Telefónica a poner a mano ofertas mayoristas en la nueva red de fibra, las canalizaciones las tendrán cubiertas Orange y Vodafone. Y sólo eso, les permite ahorrarse un 80% del coste del despliegue de la fibra. Por eso exigen saber de Alierta si apostará por la fibra óptica o el VDSL. Vignolles y Román tendrán que ir echando cuentas si no quieren perderse el tren de la fibra de altar en altar. Pero fieles a la tradicional falta de inversión de los alternativos, sólo algunos operadores de cable- que  han invertido desde 1998 un total de 9.000 millones de euros en redes de fibra -se han planteado el lanzamiento de ofertas de 100 megas.

La inversión es muy elevada- 1.000 euros por casa, el triple que un ASDL-. Por eso Orange se aferra al mástil del victimismo y a las líneas de cobre que, como mucho, pueden ofrecer entre 6 y 8 megas en la mayoría de los casos, muy lejos de accesos reales de entre 30 y 100 megas. Es posible que -como Telefónica advierte- ni siquiera la puerta de la obligatoriedad de abrir las redes invitara a Orange a desplegar su fibra y sólo replicase sus ofertas sin invertir ni arriesgarse.  No lo ha hecho hasta ahora, aunque son conscientes de que su crecimiento en el futuro dependerá de esta red si no quieren descarrilar lejos de los 100 megas y perder el tren de la televisión de alta definición (HDTV), el videoteléfono (cuatro megas), o la telefonía IP. Los bandazos de la portabilidad en el móvil y la banda ancha ya le han enseñado a Orange que puede morir ahogada por sus propios torpedos, los que lanza a la línea de flotación de Telefónica y ahora el abismo de las nuevas redes de fibra pueden rallar aún más sus cuentas de las operadoras menores y engordar el cuento de la lechera de una portabilidad que ha sacado ya fuera de su alcance a más de 30.000 clientes en 2008.

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