edición: 2112 , Viernes, 9 diciembre 2016
19/09/2008
Despligue de la fibra óptica
France Telecom hace en Francia lo que su filial Orange pretende impedir en España

Orange y Vodafone naufragan en el mar de Bruselas

La francesa mantiene la máxima de ´antes muerta que inversora´
Ana Zarzuela

Mucho ruido y pocas nueces. El proyecto de Recomendación comunitario iba a ser el sagrario de sus deseos, pero las velas de Orange y Vodafone le queman las pestañas a Reding y no alumbran lo suficiente como para amargarle la fibra a Telefónica. Apenas lo justo como para que Bruselas pida a las telecos dominantes compartir sus redes ultra rápidas, pero sólo en zonas con poca competencia y según cada región. Vodafone y Jazztel patalean por las redes que Telefónica nutrirá con los 1.000 millones de Futura. Orange -antes muerta que inversora- por el hambre de un muro en el que esconder que busca en Telefónica los favores que France Telecom niega en Francia. Acuna su ley del embudo y pone ahora todas sus velas en los altares de la Audiencia Nacional. Su milagro -las medidas cautelarísimas sobre el despliegue de la fibra en España-  puede tener las horas contadas tras la audiencia del lunes. Orange y Vodafone se disparan a las piernas. Si prospera su guerra judicial, sólo exigirá más tiempo a Telefónica para una oferta mayorista. Y dejará a las  alternativas obligadas a pagarle caro el peaje. Si no, tendrán que abrazarse a las canalizaciones que le han escupido a la cara de Alierta o darle la espalda a la fibra.

Para alivio de Alierta, la guerra de Reding va para corto y topa, como siempre, con la Comisión, los reguladores y hasta la rebeldía de la propia ‘Juan de Arco’. Le queda poco tiempo en su trono de Bruselas y, a la vista de los tropiezos para sus ‘revoluciones’, Vivianne Reding juega a la suelta masiva de globos sonda y algunos dardos con los que sacude a las nuevas redes de fibra. Su escarmiento en las espaldas de Telefónica tiene, por ahora, más de pluma que de daga. Emparedada entre las ansias de competencia y las urgencias de una inversión que cifra en 300.000 millones de euros en la UE,  lo hace con el antecedente británico: los poderes públicos intervendrán o no para impulsar el libre mercado y la competencia en función de la situación de cada región. Fuegos artificiales, pero poco más que ruido, para las operadoras alternativas, que ven cómo sus esperanzas tienen como mucho ínfulas locales, y además justo allí donde menos les interesa. Si prospera el Proyecto de Recomendación Comunitario, Telefónica debe facilitar una oferta mayorista en zonas no competitivas, sin embargo en los próximos años la fibra óptica estará concentrada ern grandes ciudades y en zonas donde ya conviven varios operadores.

Con su consulta abierta hasta el 14 de noviembre, la Comisión está decidida a alinear a los Veintisiete en un sector en el que la UE está todavía muy atrasada frente a países como Corea del Sur y Japón, pero en el que calcula que de aquí a 2011 habrá 20.000 millones de euros en inversiones. Reding, sin embargo, busca ya una salida para otra revolución aguada. Boceta un atajo a su propia madriguera por la puerta del ‘riesgo de inversión’, la compensación a los que invierten en fibra cobrando hasta un 12 % más que el acceso indirecto sobre el cobre. La Comisaria colecciona conflictos. En virtud de su credo de la competencia, le hace la cama a las low cost y las alternativas y cultiva la sintonía con British Telecom, France Telecom y Vodafone, que aplauden cualquier batalla digital llamadas a despejarles el camino en mercados emergentes dentro y fuera de Europa en los que no tienen red. Los únicos en los que -huérfanas de matrimonios, impelidas a hacer olas- puedan pescar los resultados y el horizonte de expansión que sus mercados maduros y en sus operaciones tradicionales ya escasea.

La Comisaria le bebe los vientos al regulador sueco, que con la separación funcional de la red obliga a Telia Sonera a dar acceso a todos sus rivales a la red de fibra que vaya desplegando. Pero hasta Vivianne Reding, ahita de revoluciones, sintoniza ahora con la CMT -con la regulación más exhaustiva de Europa de las redes de telefonía fija de nueva generación sigue los pasos de Holanda y Francia- y reconoce que la inversión estará huérfana si le pone palos en las ruedas de Telefónica, llamada a inyectar 3.000 millones de euros para ADSL y 1.000 millones hasta 2010 para desplegar fibra óptica, la asignatura pendiente de España.

CONDENADAS A INVERTIR

Aunque la decisión de la Comisión es aún indicativa, son las operadoras alternativas y las low cost ibéricas las primeras en interpretar, que, al menos por ahora, el que quiera accesos de fibra, tendrá que desplegarlos él mismo. Aunque sea con la alfombra roja de Alierta. Vodafone, Orange, Jazztel y las demás tendrán en su mano salvar la barrera de la obra civil -que puede suponer hasta el 80% de la inversión total de una red de nueva generación- gracias a las infraestructuras compartidas con Telefónica. Pero aunque ahora desafinen con Bruselas, sus tambores en la guerra de los cien megas no se conforman con ampararse en la vasta red de conducciones y canalizaciones subterráneas. Quieren más. Vodafone estima que para que a un operador le resulte rentable invertir en fibra óptica debe contar con una cuota de mercado de al menos un 40%, frente al 5% de Orange, el 3% de Tele2 y el 2,4% de Jazztel.

Vodafone reniega de la deidad de las inversiones en nuevas redes y a falta de los favores del mercado, Francisco Román insiste en levantar altares en cualquier tribunal a su guerra a la fibra de Telefónica. Con la reestructuración de Colao ha visto cercenadas sus pretensiones de liderazgo europeas, así que afina las bayonetas de la guerra judicial y entretiene su tiempo en el polvo de los archivos de Airtel. Confía en cazar en los tribunales con la acusación de posición dominante contra Telefónica, una pértiga de 670 millones con la que salvar la brecha de los 1.000 millones de inversión que le aventaja la red Futura de Alierta. La inversión es muy elevada -1.000 euros por casa, el triple que un ASDL-, pero los operadores son conscientes de que su crecimiento en el futuro dependerá de esta red si no quieren descarrilar lejos de los 100 megas y perder el tren de los nuevos servicios -televisión de alta definición (HDTV), videoteléfono (cuatro megas), o telefonía IP- cuyo uso se generalizará como ocurrió en el pasado con el móvil o Internet.

Si la Audiencia Nacional no lo cambia, las inversiones que han hecho hasta ahora Orange-Ya.com, Jazztel y Vodafone-Tele2, instalándose en las centrales de Telefónica para poder alquilar sus líneas pasarían a valer muy poco. Lo saben. Se aferran al mástil del victimismo y a las líneas de cobre que, como mucho, pueden ofrecer entre 6 y 8 megas, muy lejos de accesos reales de entre 30 y 100 megas de Futura. Atadas al discurso del monopolio, Orange-Ya.com, Jazztel y Vodafone-Tele2 no invertirán, ni siquiera en grupo. Ahora que las nubes de Reding no traen todo el maná que esperaban para sus inercias, siguen llorando en los pañuelos de los Tribunales. Y  se condenan, en el mejor de sus sueños, a pagarle a Alierta la ventana abierta al servicio mayorista de acceso a su red FTTH.

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