edición: 2109 , Viernes, 2 diciembre 2016
29/09/2008

Orange y Vodafone se pierden en los altares

Por ensalmos que no quede. A la vista de que la ‘santidad’ de la comisaria Reding no da para más, Orange, Vodafone y Astel ponen en los tribunales las velas de las devociones que el mercado les niega. En la lotería de la fibra ya no sacará mucho más que la pedrea de la Audiencia Nacional, a la espera de la resolución definitiva. No podrá desplegar su red antes que Telefónica, ni arrugarle el estreno del Plan Futura el 31 de octubre. Aunque sus tambores en la guerra de los cien megas desafinan con los de Reding y la CMT, no se conforman con ampararse en las canalizaciones de Telefónica. Buscan la barra libre de la fibra y se van de la mesa sin pagar os 50 millones por el servicio universal. Pero saben que todos sus caminos confluyen en el altar de la inversión, por cuenta propia o con la oferta mayorista de bucle virtual. Por eso exigen saber de Alierta si apostará por la fibra óptica o el VDSL. Vignolles y Román tendrán que ir echando cuentas si no quieren perderse la fiesta de la fibra de altar en altar.

Si Vodafone marea la fiebre de su ‘epidemia’ española en los archivos de Airtel, la filial de la gala trata de pescar en aguas de Alierta los trofeos que France Telecom se guarda en aguas galas. Para escándalo de Free, su acuerdo con SFR le garantiza que el presidente de cada comunidad escogerá un operador que cablee el exterior de un edificio y que  alquilará luego la infraestructura a los demás. Eso, será en Francia. En los altares de Reding, France Telecom defiende los galones de los exmonopolios y se resiste al debate recién abierto en Bruselas sobre el acceso a la banda ancla; en los predios de la Audiencia Nacional busca oradar grietas en el aura de Telefónica. En los altares del mercado, paga ya por todos los ‘pecados’, los de los resultados y los de la portabilidad: pese a haber sacado buenas tarifas y desplegado una gran campaña,  sólo en julio le dijo adiós a 107.628 clientes.

Orange esconde el pedrigrí galo bajo el faldón de sus intereses, pero la cruz de lanzas en ristre no perdona. Orange y Vodafone tratan de doblarle el brazo a la ETNO y a la mismísima ERG - el grupo de reguladores comunitarios – que cierra filas con la decisión de la CMT española y no quiere ponerle puente de plata a la pasividad de las low cost con los ladrillos a la inversión de las grandes operadoras, Por ahora, Orange se conforma con entonar su partitura de plañidera, con un hombro nuevo en el que llorar, el de la Astel y los argumentos prestados del estudio de la consultora Wik para tratar de convencer a la UE de que fuerce a los ex monopolios a abrir las redes y la oferta mayorista al alcance de sus competidoras. Pero las lanzas de su defensa están preñadas, en realidad,  de argumentos a favor de Telefónica.

Si algún grupo quiere competir en serio en banda ancha en España sin pegarse sustos a largo plazo, o compra Telefónica –algo bastante complicado– o compra Ono, o invierte. Pero fieles a la tradicional falta de inversión de los alternativos, sólo algunos operadores de cable- que  han invertido desde 1998 un total de 9.000 millones de euros en redes de fibra -se han planteado el lanzamiento de ofertas de 100 megas.

Vodafone estima que para que a un operador le resulte rentable invertir en fibra óptica debe contar con una cuota de mercado de al menos un 40%, frente al 5% de Orange, el 3% de Tele2 y el 2,4% de Jazztel. La inversión es muy elevada- 1.000 euros por casa, el triple que un ASDL-. Es posible que – como los de Gan Vía advierten - ni siquiera la puerta de la obligatoriedad de abrir las redes invitara a Orange a desplegar su fibra y sólo replicase sus ofertas sin invertir ni arriesgarse. No lo ha hecho con el 80% del coste salvado, gracias a las canalizaciones de Alierta, aunque son conscientes de que su crecimiento en el futuro dependerá de esta red si no quieren descarrilar lejos de los 100 megas y perder el tren de la televisión de alta definición (HDTV), el videoteléfono (cuatro megas), o la telefonía IP. Los bandazos de la portabilidad en el móvil y la banda ancha les han enseñado a Orange, Vodafone, Jazztel y las alternativas que pueden morir ahogadas por sus propios torpedos, los que lanzan a la línea de flotación de los operadores tradicionales. La obsesión del estribillo “internet en cualquier parte”, la orfandad del Iphone y ahora el abismo de las nuevas redes de fibra pueden rallar aún más las cuentas de las operadoras menores y engordar su cuento de la lechera.

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