edición: 2724 , Viernes, 24 mayo 2019
25/06/2012

Otra semana de alta tensión en los mercados tras fracasar la presión sobre Merkel en Roma

Carlos Schwartz

La canciller de Alemania, Angela Merkel, se escabulló de las presiones descargadas sobre ella el pasado viernes en una reunión convocada por sorpresa con el acuerdo de Francia, Italia y España en Roma. Merkel acudió forzada a la cita, en tanto que se le comunicó que la reunión congregando al presidente de Francia, al primer ministro de Italia y a su homónimo español se haría de todas las formas. La canciller aceptó con la condición de tener margen de viajar a Dansk a ver el partido de la selección de su país contra Grecia. Toda una metáfora: quería ver a su escuadra aplastar a los griegos. La reunión que fue saludada como un progreso por anunciar un plan de inversión de entre 120.000 y 130.000 euros para infraestructuras en la Unión Europea fue un verdadero fiasco. Alemania ha rechazado una vez más cualquier compromiso para que los fondos de estabilización europeos, el FEEF y el MEE, intervengan en los mercado secundarios de deuda pública y se sigue oponiendo a que los bancos españoles reciban los aportes de capital de la UE de forma directa sin mediación del Estado.

Respecto del plan de inversión, es al menos la segunda vez que se lo anuncia, con lo cual los inversores internacionales no repararán en él como una nueva y seria iniciativa. El plan ya lo había evocado el ubicuo José Manuel Durao Barroso, que lleva ocho años presidiendo la UE, hace algunos meses. El acuerdo genérico sobre el mismo ha sido una forma de pasar por encima de las divergencias que siguen campeando en la relación entre Francia, España e Italia con Alemania. Con la salvedad, claro, que Alemania representa el 45% del presupuesto de la UE. Merkel puntualizó respecto de la ayuda a España para capitalizar a los bancos que mientras “Alemania da ayuda económica no puede determinar que es lo que los bancos deben hacer”. El argumento de que quien debe ordenar y vigilar el saneamiento bancario español es su Gobierno, no es una banalidad. Esta medicina amarga ya la saboreó el ministro de Economía, Luis de Guindos el viernes en Luxemburgo en una reunión en la que no se pudo definir cuál de los fondos europeos dará la línea de crédito para aportar capital a los bancos. Allí el desencuentro se centró en si la UE será o no el acreedor privilegiado de los bancos españoles.

En previsión de las posibles nuevas tensiones en los mercados en la próximas semanas y teniendo en cuenta el incremento del margen para las operaciones de la banca española con repos en la cámara de contrapartida London Clearing House el Banco Central Europeo (BCE) anunció el viernes condiciones más blandas en la política de colateral ofrecido para obtener financiación. También quedó disipada en Luxemburgo la posibilidad de imponer una tasa a las transacciones financieras por parte de los 27 miembros de la UE. La opisición de Reino Unido, y otros países, amén de la urgencia de algunos por aplicarla a muy corto plazo ha dejado librada la tasa a la decisión individual de cada país. Londres sigue peleando por su supremacía como centro financiero internacional en línea con lo que esa actividad representa para la balanza de pagos del país. Los tras`piés del viernes ponen de relieve las tendencias centrífugas dentro de la UE a pesar de las declaraciones de creciente cohesión.

Alemania quiere un proceso de convergencia de muy largo plazo con la constitución de organismos supranacionales con poderes delegados por los estados que apliquen la disciplina fiscal, la disciplina bancaria y su supervisión, y la regulación económica. Este proceso debería culminar en una agencia tributaria europea, capaz de emitir deuda en la forma de eurobonos. Y en un supervisor bancario con capacidad ejecutiva y sus fondos de garantía y de resolución de crisis. Pero condiciona ese proceso a la consolidación fiscal en la zona del euro en los términos y condiciones ya explicitados en el pacto fiscal aprobado por el Consejo Europeo y en vías de aprobación por cada uno de los estados soberanos. Lo que esto implica es que se concibe a la unión monetaria del euro como un mecanismo automático en el cual los países con superávit de balanza de pagos siguen acumulando superávit mientras que los que tienen déficit contraen su actividad hasta lograr un nuevo equilibrio sobre la base de la deflación interna que les permite ganar competitividad internacional y comenzar por tanto a acumular superávit por su propia cuenta. Los costes de este proceso los pagan los países deficitarios con paro y empobrecimiento hasta el equilibrio fiscal.

Este es el modelo del ajuste automático que se le suponía al sistema monetario basado en el patrón oro que se intentó restituir en Europa y a nivel internacional tras la guerra de 1914-1918. Alemania fue una víctima directa de esa política de estabilización de la moneda frente al patrón oro en particular entre 1925 y 1930. Con un tremendo desequilibrio de balanza de pagos excepto en 1926, cuando flirteo con la conversión de las libras en su poder -fruto del crédito Dawes- en oro y lo logró en parte, el país padeció recesión, desocupación y un empobrecimiento de la sociedad agudizado por las reparaciones de guerra. La historia acabó con Adolf Hitler en el poder en 1933. La diferencia fundamental entre el patrón oro de los años 1920 del siglo pasado y la unión monetaria del euro es la existencia de un BCE que dirige los flujos de los países con superávit a los países con déficit.

Pero esta no es una situación que resulte satisfactoria a Alemania. Por el contrario este país quiere una estabilización drástica que limite en el tiempo esas transferencias de recursos que cede su propio banco central. Para Merkel ya se ha desviado más de lo prudente a la periferia del euro. Y no solo para Merkel, también para el lobby germano de banqueros e industriales.

La única fórmula bajo la cual estos conciben a la unión monetaria del euro es bajo la forma de una estabilización drástica sin más desviación de recursos, lo cual supone en los hechos una anexión económica de los territorios sujetos a la estabilización porque deberán cumplir las normas impuestas por los capitales más concentrados de Europa quienes tendrían además la capacidad de determinar en buena medida las políticas económicas de esos territorios en el futuro. En este cuadro los organismos supranacionales que sueña Alemania estarán bajo su control. Es inevitable que un modelo de esta naturaleza choque con los intereses de otras naciones. Como es el caso de Francia e Italia, de momento, y en menor medida el de España. Si las tensiones siguen creciendo la tendencia dentro de Alemania que favorece la salida del euro y el retorno al marco se verá reforzada.

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