¿Para esto hacían falta cinco días?
edición: 2535 , Lunes, 20 agosto 2018
04/11/2016

¿Para esto hacían falta cinco días?

Alfonso Pajuelo
El nuevo Gobierno tiene pátina de componenda y carece de lustre. Tal parece que es el que Rajoy ha podido formar en lugar del que ha querido. Algo debe haber fallado en el camino porque justificarlo en el continuismo propio del gallego no es más que esconder la incapacidad para renovar, lo que no significa que no lo haya intentado. Al final se ha limitado a colocar afines leales sin capacidad política y crear un equilibrio inestable entre facciones. Rajoy agota su tiempo político.

No hay representantes del nuevo PP, del PP del futuro. No consta que hayan declinado ofertas ni que estas se hayan producido por lo cual desconocemos la intención de ambas partes. En cualquier caso el resultado es que Rajoy no quema a las figuras del próximo PP, los emergentes, y eso tiene dos lecturas: que es un Gabinete de circunstancia sin ánimo de perdurar y que Rajoy empieza a tener limitado el entusiasmo entre las filas populares. En principio, Rajoy no volverá a ser presidente y se abre la carrera de la sucesión.

La presencia de Cospedal en el Ejecutivo parece más un regalo que un premio para una política agotada con un futuro incierto en el partido. Aun así, Rajoy ha tenido que permitir que siga como número dos en el partido para equilibrar –no del todo- el poder que da a Sáenz de Santamaría, persona con pocas querencias en la formación política. Con ello, abre la puerta a la renovación del partido y no parece que ambas tengan muchas oportunidades de participar en ello. Aun así, hay que esperar al desarrollo de los acontecimientos y observar con detenimiento los movimientos de Feijóo y el peaje que el propio Rajoy el impondrá para designarle sucesor, si es que lo hace.

No parece que el Gabinete tenga la fuerza política necesaria para acometer grandes reformas, da la impresión de que ha sido diseñado para resistir con un presidente rodeado de fieles sin futuro político. No es un equipo para desarrollar grandes proyectos, siquiera para acometer retos inmediatos, como por ejemplo la cuestión territorial. Santamaría está muy vista y no despierta la más mínima confianza fuera del Ejecutivo, además de que no parece contar con ningún entusiasmo dentro del partido, lo que limita su capacidad para enfrentar una cuestión tan espinosa y podrida  como es el problema catalán, problema del que es corresponsable por dejación.

Rajoy tiene unos meses de gracia para flamear el espantajo de nuevas elecciones. Lo hará hasta que el PSOE se haya recompuesto y Ciudadanos aguante. Es lo único que tiene para lograr un mínimo de gobernabilidad. Ya dijo el sábado que no esperan de él que deshaga sus logros. La verdad es que le quedan pocos entre los que le han echado atrás lo tribunales y los que ha aceptado reformar, léase la ley de educación. Queda la reforma laboral pero en eso es probable que cuente con el apoyo de Ciudadanos, apoyo que por cierto es insuficiente.

Tenemos los presupuestos a la vuelta de la esquina para que empiece la refriega parlamentaria. En ello Rajoy va a quemar las mínimas posibilidades que el quedan para lograr el apoyo del PSOE. A partir de ahí, leña al mono, Ya veremos pero esto no tiene buena pinta. Sólo queda esperar a equivocarnos.

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