edición: 3007 , Viernes, 10 julio 2020
12/03/2009
Foro Euromediterráneo

París y Madrid enseñan sus lanzas en el tablero de la energía del Magreb

España amasa la tercera línea de conexión eléctrica con Marruecos, pero la llave de esa luz vendrá de Francia
Argel mira al Medgaz, aspira a hacer del Mare Nostrum el patio de sus ambiciones energéticas y de España el atajo de ese desembarco
Javier Aldecoa

La ha dibujado Antoni Brufau en el Foro Euromediterráneo de Barcelona: la nueva geografía al sur del Estrecho pasa por la diversificación del mix energético magrebí, el incremento de la interdependencia regional y la mayor intensidad de la conexión entre las dos orillas del Mare Nostrum, hasta triplicar el suministro eléctrico en los países del sur. No lo pierden de vista ni Madrid ni París. Las picas de la energía están en ristre: Repsol se enseñorea del crudo al norte del Sahara; las lanzas del gas se las llevan las empresas españolas, con el gasoducto Medgaz y la mitad de las plantas de regasificación de Europa a la mano; Sonatrach se las deja en bandeja, pero le guarda sitio a GDF-Suez y Total en el gas en origen, en el South Stream y en la vía alternativa del gasoducto nigeriano. España mira al Plan Solar Mediterráneo, aún borroso. Y amasa la tercera línea de conexión eléctrica con Marruecos, pero la llave de esa luz vendrá de Francia. La de la nuclear la tiene ya París a mano en todo el sur del Mare Nostrum, es el punto de fuga para Areva y Total a su laberinto galo.

La energía eléctrica es hoy el principal producto que España vende a Marruecos. Pero es mucho más que la tercera línea de interconexión -la llamada a redistribuir hasta Marruecos y de allí al resto del Magreb la energía que llega de Francia a España- lo que el equipo de Miguel Sebastián ha tratado de despejar con Rabat. Madrid sólo tiene ojos para el Plan Solar Mediterráneo, en el que el epicentro marroquí será la plaza de la que se enseñoree la vanguardia española y germana  del sector. Sarkozy y Zapatero pelean sus galones y un sitio en los 80.000 millones de inversión del PSM, un proyecto de proyectos cuyas riendas se pelean París y Madrid.

Francia, pionera del sector termosolar en los años sesenta, con su central experimental de Odeillo y Targassonne, trata de recuperar terreno en un sector que había abandonado a mediados de los ochenta, cuando creyó ciegamente en la bonanza nuclear eterna y se saltó la directiva europea de energías renovables de 2001, a la que sí se sumaron Alemania y España. El primer megavatio solar magrebí entrará en los cables de alta tensión en 2011con el objetivo “considerado factible”  de alcanzar una producción de 20 gigavatios de potencia instalada en el Cinturón Rojo en 2020. Cinco de esos gigavatios irían a la venta y exportación a Europa de electricidad, al precio que el mercado atribuya a las renovables. En su primera fase, la vía de evacuación será la que actualmente conecta Marruecos con España, pero esta interconexión no podrá asumir todo el volumen de generación cuando se vaya desarrollando el proyecto, por lo que serán necesarias nuevas interconexiones a través de Turquía, Italia y España, todavía sin concretar. El plan será uno de los asuntos que intentará impulsar Madrid cuando asuma la presidencia rotatoria de la Unión Europea en junio de 2010.

VENTAJA ESPAÑOLA EN EL GAS

El proyecto europeo de creación de un mercado de gas interconectado en Europa del Sur es aún papel mojado: en Europa el 50% del gas licuado proviene de la ribera sur del Mediterráneo, en el 2030 esto se irá reequilibrando, porque la ribera sur irá consumiendo más hasta el 58% en el norte y 42% en el sur. El ministro argelino Chakib Jelil es el primero en confesar que desde 2007 Argel y Sonatrach no hacen otra cosa que sacarle brillo a sus galones de actor principal en el mercado europeo del gas. Hace diez meses, el memorándum de entendimiento con Bruselas le permitió eliminar los límites geográficos a la exportación y garantizarse que no se incluiría una cláusula territorial en futuros contratos; después, la reedición de la ‘cláusula Gazprom’ le dio cuerda a sus ambiciones europeas. Los argelinos firmaron el acuerdo con Gaz de France, por el cual se obligaron a suministrar el gas licuado a la compañía francesa hasta 2019 y siguen construyendo dos nuevos gasoductos a través del Mediterráneo que permitirán a Argelia aumentar en un 50% los suministros de gas a Europa. Sus aspiraciones -Khelil lo reconoce- llevan ya el apellido del gasoducto tunecino-italiano (cuya capacidad esperan incrementar en un 20%) y el proyecto de Medgaz, llamado a transportar desde finales de año 8.000 millones de metros cúbicos adicionales hacia la península ibérica. Pero sus zozobras tienen también ya apellidos: los de las limitaciones propias y los de los nuevos horizontes del gas español.

Es el propio Khelil el que reconoce que el volumen de descubrimientos está por debajo de la media mundial y que se necesitaban nuevas propuestas para revitalizar la exploración de petróleo y gas y descubrir  pozos intermedios entre los gigantes en Hassi Messaoud y Hassi Rmel y los otros pequeños de la última década. Medgaz ofrecerá a Europa una importante ruta de suministro, pero por el momento, sin embargo, España sólo tiene la infraestructura necesaria para suministrar a Francia una mínima proporción de sus 8.000 millones de metros cúbicos. Tras el taconeo de Gazprom sobre Europa, Sonatrach ha tratado de agitar las fanfarrias del miedo sobre su 43% del gas español, pero lo hace ahora con calma: sabe que está cerca el arbitraje y se apura para cerrar un acuerdo de precios, mejor por las buenas antes de que el Medgaz comience a rodar a finales de año y el contexto del gas mundial siga bajando.

Argel mira al Medgaz, aspira a hacer del Mare Nostrum el patio de sus ambiciones energéticas y de España el atajo de ese desembarco. Ya lo es, de alguna manera: un 87% de los 62.000 millones de metros cúbicos exportados por la estatal magrebí en el último año han terminado en tuberías españolas. Pero Sarkozy sabe que las llaves al Medgaz no están tan cerca de París. Ni la geometría accionarial ni los recelos de Sonatrach se lo ponen fácil. GN, Cepsa e Iberdrola tienen la mano sobre esa llave,  más ahora que Sonatrach acalla sus sables a la luz de la postguerra del gas ruso. En 2006, Sonatrach suscribió un acuerdo con Gaz de France (GDF) por el que se le reservaba una capacidad de regasificación de hasta 1.000 millones de metros cúbicos en la terminal de Montoir de Bretagne, cerca de París. La propia compañía aseguró en su momento que el acuerdo tiene una vigencia de diez años. No obstante, el grupo energético estatal argelino se ha negado a establecer una alianza mayor con GDF-Suez, a pesar de que el propio presidente francés sugirió desde su visita a Argelia en 2008 estrechar las relaciones entre ambas compañías. La argelina sostiene la promesa de vender a partir de 2010 en Francia parte del gas transportado a la Península desde Argelia por el gasoducto Medgaz, que unirá el enclave norteafricano de Beni-Saf con Almería. Pero poco más. Por si acaso, París trata de subirse, en las ruedas de Total y de la mano de Gazprom y Sonatrach, en la alternativa del gasoducto Nigal, una tubería de 4.128 km que traerá hasta 30.000 millones de metros cúbicos de gas al año a Europa desde Nigeria a través de Argelia. Pero la negociación con la argelina para construir a cuatro manos el gasoducto transahariano es aún papel. En la nevera, un convenio llamado a repotenciar el acuerdo que Sonatrach firmó en 2002 con la nigeriana NNPC, para construir la mayor parte de los 4.200 kilómetros, que transcurren por el país centroafricano.

Ni los gasoductos ni las plantas de regasificación acompañan a París en sus pretensiones con el Magreb. España, con siete de las quince plantas de regasificación del continente, tiene ya en su mano la llave al 50% del GNL: es el principal receptor europeo de Gas Natural Licuado. GN, Repsol, Unión FENOSA y ENAGAS se preparan para pescar, con Bruselas por madrina, los recelos de París y los puentes tendidos de Lisboa, en las heridas europeas abiertas por Gazprom. GDF-Suez, con el 10% del GNL europeo en la mano, promete pelearle los galones a las españolas, ahora que la menor demanda del GNL en Asia y la ralentización de las operaciones han comenzado a afearle el resultado. De los 3500 millones de euros que la CE promete invertir en el suministro de gas europeo, por ahora sólo 250 serán para Nabucco. El resto irán a los gasoductos de Escandinavia, Polonia y los países del Báltico y especialmente de las líneas entre Rumania, Eslovaquia, Austria y Hungría. Y al impulso de la opción del GNL. En su informe sobre la “Segunda revisión estratégica del sector de la energía”, la Eurocámara apuesta por exigir a todos los Estados miembros que tengan capacidad para almacenar  distribuir GNL, una opción que hoy por hoy pasa por los dinteles de Francia, España y Gran Bretaña. Gas Natural podría desviar además alguno de los envíos de GNL que no necesita en España a Italia, Portugal o Francia. Otra cosa serán los vecinos. Portugal, con la terminal de Sines y el gas nigeriano en ristre, garantiza buena parte de su consumo interno, pero apuesta por el Mibgas, aunque sea a medio plazo. Pero aferrada a su sarkodiplomacia nuclear, Francia recela de nuevas redes de interconexión gasista, no sólo con España y con otros países europeos, sino incluso en el interior del país. De momento tiene bastante con las dos interconexiones hispano-galas, Larrau-Lacq e Irún-Hendaya y la promesa de multiplicar la capacidad del gasoducto navarro hasta 5 millones de metros cúbicos y  potenciar Midecat a partir de 2014.

PETRÓLEO BAJO SIGNO ESPAÑOL

El petróleo tiene en el Magreb el apellido de Repsol. Brufau mueve ficha en el Magreb. Las de las inversiones y los descubrimientos. Repsol ya tiene presencia en los negocios de distribución y comercialización en Marruecos a través de la filial Repsol Maroc, así como en los de gas a través de National Gaz of Morocco. Pero el desembarco por primera vez en su historia en un pozo petrolero en Marruecos -el Anchois- no es más que la confirmación de que Repsol se blinda mirando al Este. Pero es en el norte del continente donde despliega sus expectativas más tangibles. El plan estratégico 2005-2009 de Repsol  considera a Libia una de las zonas con alto potencial de crecimiento en las actividades de exploración y producción por el valor de sus activos y su rentabilidad.: 58 pozos exploratorios con los que incrementar la producción de hidrocarburos en un 15% hasta 2010. Como siempre, Muanmar el Gaddafi adorna cada nuevo galón para

Antonio Brufau en tierras libias con ‘abrazos del oso’. Lo hace con los nuevos yacimientos descubiertos por la española este mes y con la renovación de contratos exploración y producción hasta 2034 aún calientes. Por eso, el coronel asfixia, pero no tanto como para poner en riesgo la inversión bruta de 4.000 millones que la española ha sellado con NOC. A la petrolera española se le concedieron 15 años adicionales en el contrato del bloque NC-115, y 9 ó 5 años, según los casos, en los contratos del bloque NC-186. Junto a esto, el grupo presidido por Antonio Brufau amplió en cinco años las licencias de exploración en los bloques anteriores. Como contrapartida, el consorcio en el que participa deberá pagar un bono en tres plazos de 1.000 millones de dólares (640 millones de euros). Pero, para espantar las tentaciones de Trípoli de reeditar pinzas como la argelina, la petrolera acaba de comenzar la producción en el campo I/R, el mayor descubrimiento de petróleo en Libia de la última década, realizado por Repsol en 2006, que duplicaría su producción y reservas en el país magrebí. Repsol se queda con el 10% de la producción, unos 25.000 barriles. Libia puede ser, además, el puente al atajo saharaui que la UE quiere desbrozar y que, más que a nadie, le queda a la mano a Repsol. En tierras saharauis espera ya, explorando desde hace meses la estatal libia Tamoil. Invertirá de 100 a 150 millones de dólares en el Sáhara Occidental y doblará la cifra si descubre petróleo.

LA FACTURA NUCLEAR

El Palacio de Santa Cruz y Moncloa tratan de purgar sus pecados magrebíes. Prometen resarcir una legislatura de desencuentros, hacer ahora de la otra orilla del Mare Nostrum una de sus prioridades en política exterior y pescar con la red  del comercio bilateral en unas aguas que se han vuelto algo más hostiles de lo previsto para la ‘diplomacia nuclear’ de Sarkozy. Pero Moratinos y compañía -empeñados en ejercer de ‘madrastra’ de quienes no reniegan del padrinazgo francés- se arriesgan a convertirse sólo en los catalizadores de los desencuentros sobre inmigración, agricultura y terrorismo entre el Magreb y la UE y a recoger las migajas energéticas y nucleares que quieran lanzarles Mohamed VI, Bouteflika, y Gaddafi, tras casi dos años en los que la ‘sarkodiplamacia’ gala les ha adelantado por la derecha.  El Acuerdo de cooperación ganadera no ha sido más que un peaje. Lo de la primera televisión privada marroquí -si llega a manos del catalán Mediterránea- será el premio de consolación. Al tren de alta velocidad y las infraestructuras, de momento ni olerlos desde España. Hoy las esperanzas del túnel y las otras pasan por Bruselas. Moncloa le pondrá sobre la mesa un nuevo acuerdo de cooperación económica y financiera. Como poco, Rabat se lo cobrará en inmigración -sigue sin refrendar la repatriación de menores-, terrorismo y la mediación con los Veintisiete.

Además, la corte de Mohamed VI hace todo lo posible también por excluir a España de su futuro energético atómico. No será ni  Rusia, ni EEUU, ni menos  España, sino Francia la que se lleve el gato al agua de las centrales nucleares marroquíes. ‘Sarko' será también el señor nuclear del Magreb. Francia nuclearizará Marruecos y Libia y lo intentará con Argelia y Túnez. Marruecos, con una enorme dependencia del petróleo y el gas, suspira por esas centrales nucleares civiles para reducir su gasto energético y hacer contrapeso a su rival argelino, el gran exportador de hidrocarburos. Y no quiere saber nada de España, ni como socio promotor en su nueva estrategia energética, ni como consumidor-cooperador: Rabat ha desechado la idea de que las futuras plantas suministren también electricidad a la Península, donde rige la moratoria que impide erigir nuevas centrales. Sarkozy y Medvedev se reparten las nucleares de Oriente (Oriente nuclear). Ni los rusos de Atomstroyexport, que viajaron a Rabat el año pasado, ni los estadounidenses de General Electric, que vendieron un reactor experimental instalado en Maarmore, cerca de la capital marroquí.

Desde el Magreb hasta el golfo de Adén, una docena de países como Argelia, Libia, Turquía, Egipto, Jordania, Arabia Saudí, Yemen y los estados del Golfo han firmado ya acuerdos de cooperación con Rusia, Francia, EEUU, China, Canadá o Corea del Sur para levantar centrales atómicas destinadas a producir energía eléctrica. Será Francia la que nuclearizará Marruecos, como también lo hará con Libia y  lo intentará con Argelia, que cuenta actualmente con dos centrales nucleares experimentales en Draria, en las afueras de Argel y otra en Ain Oussera, cerca de Djelfa y a unos 300 kilómetros de la capital, Argel. Cuando Túnez opte, a su vez, por ese tipo de energía, también elegirá a su proveedor en la antigua metrópoli. Areva, que quiere producir 12.000 toneladas de uranio en los próximos cinco años, se beneficiará, además, de concesiones para buscar uranio en Libia y en el Sáhara y de contratos en materia de electricidad en Argelia, en el marco de la red de interconexión eléctrica entre el Magreb y Europa. Mientras, Alstom construirá en Túnez una central térmica de 400 megavatios por valor de 360 millones de euros y una central eléctrica en Argelia. En los Emiratos Árabes Unidos serán Total y Areva las que se lleven el gato al agua de la energía nuclear.

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