edición: 2828 , Viernes, 18 octubre 2019
04/11/2009
OBSERVATORIO LATINOAMERICANO

Pemex y Cuba se apartan en la carrera del petróleo del Golfo de México y dejan paso a Repsol en la ‘calle’ americana

La rebaja de la producción, la deuda de 43.000 millones de dólares y el fracaso de Cantarell y Chicontepec dejarán a México sin petróleo en siete años
Cupet, PEMEX y Obama buscan de Repsol -la única con sitio en las tres regiones del Golfo- atajos para la inversión de EE UU en la ZZE cubana y una alianza a tres con Petrobrás
Antoni Brufau
Ana Zarzuela

Se le disparan todos los cronómetros y las luces rojas de su desabastecimiento. No va más para PEMEX, lo reconoce su nuevo director,  a la vista del descenso del 8% en su producción: si no consigue nuevos pozos, en siete años no habrá petróleo suficiente ni para su propio mercado. México respira por las heridas de su gigante estatal. Cantarell ya sólo produce la cuarta parte que hace cinco años y Chicontepec es un pozo sin fondo para sus inversiones, con más de 20.000 millones de dólares en proyectos fallidos y una producción residual. Sólo le queda el ‘salvavidas’ de las aguas profundas del Golfo de México. Mira de reojo a Cuba, se consuela ahora que los Castro le hacen aún ‘ojitos’ a las inversiones estadounidenses y esperarán un semestre más para iniciar la exploración de las aguas profundas de la ZEE que YPF tiene ya a punto. Se miran de refilón, el Golfo es el triángulo de sus oasis, no sólo es que compartan las aguas y sus expectativas, es que las inversiones se rifan y los mercados buscan apellidos.  PEMEX juega sus dados en el espejo de Obama, pero el cristal le devuelve la imagen de las impotencias de su ‘hidalgo añejo’ petrolero. Sus dedos no volverán a tentar el crudo antes de 2015 en el campo de Perdido, el que el presidente Calderón hizo ondear como justificación para la reforma energética.

Los 50 millones de barriles que calculaba en aguas aztecas son demasiado caros para una petrolera que se ahoga en su piel estatal. Se conforma con verlos de lejos, aún a riesgo de que le enciendan ya las luces rojas los ocho grandes descubrimientos de las multinacionales en los límites marítimos estadounidenses y de que Shell y Stone Energy la dejen en fuera de juego en un semestre, cuando completen el proyecto de Perdido. EE UU le bate a la mexicana la mano de las multinacionales en ventajas fiscales, facilidades de inversión y licencias. Lo sabe Repsol, que acaba de comenzar la producción del campo de Shenzi.

Obama tiene más de una llave del crudo mexicano en sus manos: la de la redefinición de la línea divisoria de las explotaciones, la de las inversiones, la del despegue de la carrera cubana por el crudo del Golfo y la del consumo mexicano, ahora que Petróleos de México busca reemplazar a Pdvsa como su principal suministrador. Se miden las distancias y los calendarios, sentados a lado y lado de de las aguas más rentables del mundo para la exploración petrolera. Carrera, haberla hayla. Con menos corredores de lo previsto, pero cada vez más rápido.

Washington, La Habana y México miran al Golfo y Repsol - la única de las grandes petroleras que tiene un pie en las tres aristas del Golfo de México- está en la retina de todos sus caminos. Sólo la española tiene en su mano seis de los 21 bloques activos de la ZEE cubana, pero sobre todo, el acceso prioritario a partir de este año a las primeras perforaciones de explotación. Amuebla su refugio del Golfo de México estadounidense, donde  participa en 72 bloques. Y calienta el interés y la sintonía con Petróleos de México para consumar su sitio preferente en la puerta abierta -por primera vez en setenta años- de las aguas aztecas a las multinacionales.

No ha terminado de digerir la primera de sus reformas, pero por más que los senadores de la Comisión de Energía adviertan que no llegará al menos este año, PEMEX ha comenzado ya a cocinar al menos la necesidad de una nueva piel, en la que haya nuevo sitio para la inversión privada de las multinacionales. No son sólo los analistas los que le han puesto los cronómetros. Con Adrian Lajous en cabeza, los ex directivos de Petróleos de Mèxico (PEMEX) le han encendido todas las luces rojas, la reforma ha sido contraproducente y el declive de los campos, la rebaja de la producción en un 7,6% en el primer semestre, la ausencia de inversiones, las cargas estatales a un ‘hidalgo’ del que depende el 80% de los ingresos de las arcas públicas han terminado por dejar a PEMEX con el agua de la deuda al cuello, más de 25.000 millones de pesos en rojos después de pagar sus derechos, a la caza de 8.000 millones de dólares de liquidez que necesita sólo para el  próximo año y con sus ‘proyectos core bussiness en revisión.

Un horizonte que ni el más pesimista de los informes del Gobierno de Calderón, el de la Secretaría de Energía 2007-2016 -que ya fue tachado de catastrofista- se atrevía a predecir. Le ha puesto fecha y cifras la Academia Mexicana de Ciencias en un informe avalado por el Senado: si no mejora su producción y accede a la carrera del Golfo de México, en menos de ocho años, con 1,8 millones de barriles como mucho, tendrá que colgar los galones de exportador de crudo y echarse al mercado a comprar para su propio abastecimiento.

Al hidalgo añejo de los petróleos aztecas le ahoga la bandera de la ‘mexicanidad’. El lastre de la deuda -43.481 millones de dólares-, el peso de las pretensiones de un gigante que sigue cargando a sus espaldas con el 40% del PIB, las olas del sector y el efecto cambiario de una empresa que opera en divisas anclan a PEMEX sobre todo en las aguas profundas. Petróleos de México está produciendo hoy 1.381.000 barriles diarios menos de los que propuso el ex presidente Vicente Fox hace casi una década y 300.000 menos de los que estaban previstos para esta administración, una cuesta abajo que le acaba de costar el puesto a Jesús Reyes Heroles y que el nuevo presidente del ‘buque insignia’ de la energía mexicana, José Suárez Coppel, ha recibido con un nuevo mantra, el del escepticismo. Es la propia administración la que acaba de reducir su previsión de producción en 100.000 barriles diarios para 2010, por más que reconoce que la inversión necesaria supera los 79.000 millones de dólares.

Petróleos de México mira a Petrobrás, otrora la gemela del modelo de paraestatal y sólo puede tenderle la mano de la cooperación para acceder a las aguas profundas a la brasileña, que la ha desbancado en la región y, por segunda vez en toda su historia, en este trimestre se cuelga –a su pesar- los galones de primera empresa en ventas en Latinoamérica. Con 23 de sus 32 grandes pozos en decadencia, ni la competencia en el mercado de recursos finales, ni el decline de la producción -sobre todo en Cantarell, que en cuatro años ha pasado de 2,1 millones de barriles diarios a 600.000-, ni el fracaso de Chicontepec y la rebaja de su exportación –un 14,6% en el último trimestre- se lo ponen fácil a Petróleo de México. No le dejan muchas más opciones al binomio de sus prioridades: aguas someras y las aguas profundas del Golfo de México, si no quiere salir por la puerta de atrás del club de los mayores exportadores de crudo del mundo.

PEMEX, CAMINO DEL DESABASTECIMIENTO

La petrolera se enfrenta a tiempos oscuros, jalonados por el trinomio de la disminución de sus reservas, el descenso en la producción y la impotencia para abrir nuevas prospecciones y campos. En los últimos tres años ha pasado del sexto al undécimo lugar en el mundo por el gradual descenso de su producción y de no encontrar petróleo ahora, podría dejar de ser un exportador. Ha visto caer sus beneficios un 93% en el segundo trimestre de 2009 y se le pinchan, uno tras otro, los ‘salvavidas’ de su horizonte. No ha conseguido despejar la inversión de más de 8,500 millones de dólares de una refinería que  se le ha secado. Cantarell, ya sólo aporta el 23% de la producción, lejos del 64% de hace cinco años. Y es el propio Suárez Coppel, el que ha tenido que asumir los mandos de la nave petrolera mexicana reconociendo que Chicontepec, el que iba a ser el nuevo motor de la producción nacional, con un 39% de los barriles en sus manos, es más caro y está más lejos, tanto como para tener que haber demorado su despegue y sus expectativas tras los pasos de la bitácora de la propia Comisión Nacional de Hidrocarburos.

Antes de haber visto la luz ya acumula una inversión fallida de casi 20.000 millones de dólares y ni la perforación de más de 6.000 pozos den los últimos cinco años ha permitido más que 30.000 barriles diarios, sólo 50 por pozo y día, muy lejos de 400.000 barriles diarios que los pronósticos de la paraestatal esperaban. Suárez Coppel ha conseguido -en contra de la Secretaría de Energía- que las actividades del petróleo terrestre sigan por unos meses, aunque sólo en las zonas que registren mayores índices de productividad. Reconocen que requeriría 10.000 millones de dólares más a corto plazo y llamar a la inversión y la tecnología de las multinacionales.

Pero con el fracaso de Chicontepec Pemex anuda su dependencia a las aguas profundas, ya depende de ellas un 76% de su producción, pero con cada zancada de sus expectativas, sólo estrecha el lazo de su impotencia. Crisis -jura su presidente- no habrá, pero tampoco dinero suficiente para su coloso petrolero, que pide acuerdos a las puertas de Obama y ha tenido que soltar el lastre donde más le duele y renunciar a la explotación a corto plazo del yacimiento transfronterizo de Perdido.  Mira de lejos el mantenimiento de los 1.200 pozos que ya tiene en el Golfo, pero no será hasta 2010, como pronto, que PEMEX vuelva a tocar de cerca las aguas de Altamira y Ébano.

PEMEX ha perforado sólo cuatro pozos en aguas profundas este año, Se ocupaba hace seis meses de otros ocho pero no serán productivos al menos hasta 2012 y el descubrimiento de Leek-1, que revivió sus expectativas, sólo le permitirá acceder a gas natural. Sólo en 2013, en el más optimista de los escenarios, -siempre que consiga aligerar su deuda e invertir más de 1.000 millones de dólares- podrá iniciar la explotación de diez pozos en el área de Perdido, apenas poco más que un aterrizaje testimonial, lejos del centenar de pozos al año que ya están en exploración del lado norteamericano.

MÉXICO PIERDE EL PULSO PETROLERO AMERICANO

PEMEX está abocada a zambullirse en unas aguas en las que se ha destapado la guerra del petróleo, en las que sabe que otros llegarán antes a Perdido. Le han encendido ya las luces rojas los ocho grandes descubrimientos de Anadarko, Murphy Oil, Chevron, BP., Repsol, Shell, Maersk y NFE en los límites marítimos estadounidenses, del otro lado del ‘espejo’ del Cinturón Plegado de Perdido. El caramelo de las concesiones de Petróleos de México amarga aún a las grandes petroleras, que sólo tienen ojos para otras latitudes del Golfo, en las que sumar además reservas y se conforman con la repesca de los servicios y la venta de equipos al gigante mexicano, un mercado de 30.000 millones de dólares.

Sólo Noruega apunta, hasta ahora, a romper la baraja del desinterés de los contratos por incentivos. StatoilHydro le pisa los talones a Pemex: recibe de sus manos contratos de servicios, pero no oculta que lo que busca son las los yacimientos transfronterizos que México comparte con Estados Unidos. Ahora que Barack Obama ha vuelto a estrechar las puertas a la perforación en costa para los suyos, la batalla por el oro negro del Golfo se destapa. México y los EEUU han logrado acuerdos en lo referente a la delimitación de la región occidental del Golfo, donde se encuentra ubicado el polígono occidental del Hoyo de la Dona, dos yacimientos con forma de polígonos: el occidental enfrente de las costas del mexicano estado de Tamaulipas y del estadounidense estado de Texas y el oriental que se encuentra entre la península de Yucatán y las costas de Nueva Orleáns, con una porción bajo el mar territorial de la República de Cuba. De sus 17.900 kilómetros cuadrados, México logró reconocimiento de su soberanía sobre un 61.78% del espacio  -10.629 kilómetros cuadrados- mientras que los EEUU obtuvieron el 38.22% -7.371 kilómetros cuadrados-, pero la delimitación, que llevaba años de disputas y negociaciones, fue objeto en el año 2000, durante los gobiernos de George W. Bush y Vicente Fox, de una moratoria en las negociaciones hasta el 2008. Hace unos meses se logró un acuerdo rápido y sumario que espera su consumación o su recambio bajo la mano de Obama.

La azteca se arriesga al fuera de juego de Shell y Stone Energy, que esperan completar el proyecto de Perdido en 2010, concesionarias de los campos Trident y Hammerhead del lado estadounidense y que forman parte de la misma estructura que México comparte en esa región limítrofe. Y de Chevron, que obtendrá desde este mismo año más de 130.000 barriles diarios. Exxon Mobil estaba ya en la lista ‘roja’ de los elegidos bajo la mesa para colarse por las grietas de la diplomacia de Obama: para empezar, la petrolera no ha ocultado en los últimos meses su interés por desembarcar por la puerta grande -o alguna gatera mientras tanto- en la isla caribeña. Está en la lista de las 6.000 empresas de EE UU que reclaman su derecho de propiedad sobre activos en la isla y la diplomacia cubana estaba abierta a un acuerdo de compensación y a canjear su retorno por inversiones.

La mexicana tendrá que conformarse con mover ficha en otras aguas, como mucho en el Golfo de México Sur, donde promete elaborar 17 estudios exploratorios y poner en marcha cuatro pozos antes de 2013 y en Campeche poniente, donde espera perforar otros 19 pozos, a pesar de que los analistas le advierten que, a la vista de su experiencia en los últimos años, sus posibilidades de éxito son menores a un 33%. Obama tiene más de una llave en sus manos: la de la redefinición de la línea divisoria de las explotaciones, la de las inversiones, la del despegue de la carrera cubana por el crudo del Golfo y la del consumo: PEMEX vendió un 22% más a EE UU que en 2007 y busca colarse por las grietas del crudo venezolano para recuperar -con permiso de Petrobras- sus galones de segundo exportador tras Canadá.

CUBA QUIERE MÁS TIEMPO

Enseña el fruto hasta ahora prohibido. La Habana busca crudo para fortalecer su posición estratégica, cuadruplicar su producción y zafarse del cordón umbilical de los 95.000 millones de barriles anuales que Hugo Chávez les vende. Ya no oculta que necesita con urgencia nuevos aliados para sacarlo del fondo del mar. La línea roja de la exploración off shore en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) la pasará, antes de nadie, la española. Por eso Raúl Castro da cuerda a las inversiones con el reloj de Brufau. Es el propio ministro cubano de Industrias básicas el que por primera vez en 47 años invita a EE UU a flexibilizar el embargo y a dejar aterrizar a las empresas estadounidenses y sus inversiones en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) cubana.

Pero a la vista de que la Habana tiene que encajar aún el repudio a su nueva plataforma de perforación y las sanciones estadounidenses a las empresas que han caído en la tentación de sus hidrocarburos. Raúl Castro quiere más tiempo para la estatal Cupet y nuevos invitados a la mesa de su petróleo a la que iba a servir la carrera del Golfo de México. Se resiste a que no vengan del norte, más ahora que las petroleras estadounidenses presionan a la Casa Blanca para poder acercarse a las aguas profundas de la Isla, pero la Habana busca ya una tercera vía por si Washington no cede en los muros del embargo. No habrá voces oficiales que lo reconozcan, pero la diplomacia comercial de los Castro tenía su bitácora lista para la puesta de largo de la explotación del Golfo de México cubano este mes, una hoja de ruta con el apellido ‘post-embargo’ que pasaba por Barack Obama y que se desmontó tras el regreso fallido a la OEA. Todos los astros del ‘ahora o nunca’ de la energía cubana se iban a alinear este semestre, la fecha prevista para que comiencen -en manos de las multinacionales asociadas- la explotación de gas y petróleo en aguas profundas, tan cerca de la costa estadounidense como para que retumben los cimientos de la política cubana de la Casa Blanca. Será el próximo semestre pero para empezar, han sido los yacimientos a 20 millas de la costa, -los que explota Repsol en colaboración con Norks-Hydro (Noruega) y ONGC (India)- los que prometen emanar buenas nuevas.

Pero Castro no se resiste a jugar sus dados energéticos en el espejo de sus vecinas del norte. Con la mano aún bajo la mesa a las multinacionales estadounidenses, mientras llegan los debates del Congreso americano, le para los caballos a la estatal Cupet: las perforaciones de Repsol, Oil y CONC en la Zona Exclusiva no llegarán este mes, Cuba Petrolera no quiere que el pistoletazo de salida llegue sin todos en la foto. Pero Cupet está abocada a zambullirse en unas aguas en las que se ha destapado la guerra del petróleo. Hasta  Washington ha tirado abajo el muro de sus recelos al Golfo de México en la costa de Florida.

Con cada descubrimiento en las latitudes estadounidenses –y van cuatro este año-, aceleran las aguas profundas cubanas. En Washington saben que el rastro de los anuncios de La Habana será sólo el principio: la actividad en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) se multiplicará  si las otras seis compañías que han firmado convenios con la estatal CUPET y realizan ya prospecciones en la ZEE siguen los pasos de la española, como se plantean ya formalmente para 2010. Sobre todo ahora que Petrobrás -con el contrato en ristre desde hace semanas- se zambulle en las aguas de la ZEE. Cupet lo necesita tanto como PEMEX, de la otra orilla del Golfo de México. Sobre todo si quiere hacer realidad su estrategia de procesar diariamente 350.000 barriles de crudo y abastecer de productos refinados a sus vecinos del Caribe. Pero hoy Cuba respira por su crisis económica y energética y por las heridas de sus socios. Ni la producción propia de 1,7 millones de toneladas de crudo en 2009, ni las buenas nuevas oficiales sobre los 11 pozos que Cuba ha comenzado a perforar y explorar en la “franja de crudo pesado” opacan su dependencia exterior en más de un 60%.

REPSOL SE HACE FUERTE EN EL GOLFO

Ahora que el 'Big Three' petrolero de EEUU (Exxon Mobil, Chevron y ConocoPhillips) ha ganado un 27% menos y que BP aún se resiente de los problemas en sus refinerías norteamericanas, Antonio Brufau se pone más cómodo en la tierra de las oportunidades. Con  acceso a explotaciones inalcanzables para Washington como las cubanas, la mano de PEMEX en su accionariado, años de experiencia en Latinoamérica y hegemonía en los principales productores de la región -Ecuador, Bolivia y Venezuela- gana puntos a los ojos del nuevo inquilino de la Casa Blanca. Ahora que Barack Obama promete emprender la cuenta atrás de la independencia de los hidrocarburos, sólo las petroleras escogidas tendrán sitio en la mesa energética estadounidense.

Con su 28% en el consorcio que opera Shenzi –con una capacidad de producción de 100.000 barriles de petróleo por día y 50 millones de pies cúbicos de gas– y  ahora que acaba de iniciar la producción de esa plataforma de Green Canyon 653 desde marzo, está dispuesto a demostrar que el pastel energético no sólo es ‘verde’ con Barack Obama. Repsol amuebla su refugio del Golfo de México, donde  participa en 72 bloques, ya se encuentran muy avanzados proyectos de envergadura como el de Shenzi y prevé iniciar  en este primer semestre la actividad en Angostura.  Está dispuesto a demostrar que la compra hace  dos años a BP por  2.145 millones de dólares de su  28% en el yacimiento en Green Canyon, en aguas profundas del Golfo de México es una de sus adquisiciones más rentables. Le dijo adiós a 2008 con el descubrimiento, aún caliente, en las aguas ultra-profundas del Golfo. Sigue las huellas de Chevron, Eni y Anadarko, que acaban de anunciar dos grandes yacimientos de crudo al sudeste de Houston y al sur de Nueva Orleáns, en los aledaños del área de exploración de la hispano-argentina.

Las aguas estadounidenses del Golfo de México le han dado sorpresas en 2009 de la misma intensidad que la samba brasileña le puso a mano en 2008: en diez meses han ‘bautizado’ cuatro de los diez mayores descubrimientos del mundo y Repsol le ha puesto apellidos a dos de ellos, el de Buckskin y el último la confirmación, esta misma semana, de que Shenzi supera en un 20% las expectativas de producción. Ya ha reservado 700 millones de inversión para las extracciones de crudo en las áreas de Genghis Khan –una extensión que entró en producción en 2007- y de Shenzi.

Gracias a una tradición de contratos conjuntos, el antecedente de la Cuenca de Burgos y un 4,9% de su accionariado en manos de la azteca, Repsol encabeza el desfile de las multinacionales llamadas a comer en el pastel energético mexicano. Brufau está en condiciones de hacer valer su buena sintonía con el nuevo director de Petróleos de México (PEMEX), Suárez Coppel, con el secretario de la Gobernación, Juan Camilo Mouriño. Y con el propio presidente Felipe Calderón, que, mucho antes de llegar al Palacio de los Pinos, cuando llevaba las riendas de la Secretaría de Estado de Energía, no dudó en estrechar los lazos comerciales con Repsol y asignarle contratos con Petróleos de México en 2003, una sintonía que ha permitido consumar la firma de un contrato con la Comisión Federal de Electricidad para la compra a Repsol de gas por 26.000 millones de dólares -el que la española transporta desde los yacimientos peruanos de Camisea-, que le aportará beneficios de 18.000 millones de dólares. A las filas de Brufau la segunda reforma de Petróleos de México le permitirá, en teoría, amortizar sus ganas de seguir en la región, la experiencia en aguas profundas, su presencia en el Golfo de México, su fortaleza en refinerías internacionales y el lazo accionarial y de operación con la mexicana.

Con La Habana, Brufau cruza los dedos. Los de la diplomacia parecen más relajados que en 2005 cuando comenzó la exploración; los de las urgencias de los hermanos Castro y los números de Cupet necesitan más crudo sobre la mesa. Y los de la paciencia ya hace mucho que están atados. Repsol busca su sitio en un terreno acotado por la necesidad, las limitaciones técnicas y las promesas de los yacimientos; una isla ebria de delirios energéticos, alimentados por los petrodólares bolivarianos, que busca elevar su capacidad de refinación a 350.000 barriles diarios en 2012 ó 2013.

Raúl Castro jura que pronto convertirá a la Isla en exportadora de petróleo. Se lo ha recordado la estatal Cuba Petróleo (Cupet) al nuevo inquilino de la Casa Blanca: a la luz de las buenas perspectivas de encontrar petróleo en aguas profundas de su Zona Económica Exclusiva (ZEE) en el Golfo de México, Estados Unidos  "está perdiendo" oportunidades en la isla. Con la canadiense Sherrit desligada de la explotación de los 59 bloques de los 112.000 kilómetros cuadrados de la ZEE cubana y aún a la espera de que la brasileña Petrobras decida si se enrola en el programa, el petróleo de las aguas cubanas será luz para pocos ojos. Para empezar, los de Repsol YPF, la noruega Norsk Hydro, la india Oil and Natural Gas Corporation (ONGC), la malaya Petronas, la venezolana PDVSA y la vietnamita PetroVietnam.

Las exploraciones de Repsol YPF en Cuba están despertando el interés de las poderosas petroleras norteamericanas, dispuestas a presionar a la Administración de Barack Obama para que suavice el embargo contra Cuba y poder participar así en un suculento negocio.  No es sólo UBS la que descuenta que Repsol podría ganar 1.700 millones de dólares (1.395 millones de euros) en el corto plazo si consuma su petróleo en las aguas profundas de Cuba. Realizó estudios físicos y perforaciones en la zona hace tres años, gracias a los cuales se llegó a la conclusión de que había petróleo de buenas condiciones, pero en cantidades no comerciales, en aguas situadas a kilómetro y medio de profundidad. Este año le corresponde la perforación. Eso, después, implicaría dos o tres años para poder consolidar la estructura, y evaluar y desarrollar los campos que se vayan encontrando, por lo que la comercialización podría demorarse hasta 2011.

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