edición: 2748 , Jueves, 27 junio 2019
17/09/2014
Rajoy toma nota de Escocia

Pensiones y ahorros, las fibras más sensibles en los pulsos soberanistas

Cameron contraoferta con el estado de bienestar en defensa de la unión
Juan José González

Hace tiempo que el primer ministro de Reino Unido, David Cameron, ha visto las orejas al lobo, y desde hace menos, incluso, que le ve la cara. Pero nada más sentir el aliento no ha dudado introducirse en su propio terreno para avisar a los pastores de la zona sobre el riesgo inminente. El Gobierno del primer ministro y la Corona pasan por momentos de angustia tras comprobar que la posibilidad de victoria del `sí´ a la independencia de Escocia (mañana se vota) es superior a la inicialmente prevista por Londres. Así que la gravedad del escenario y los temores a las consecuencias futuras han obligado al Gobierno central a echar el resto. El arma elegida para combatir en extremo a la independencia, ha sido el Estado de bienestar, forma directa para influir en las fibras más sensibles de los ciudadanos; pensiones, bancos, ahorros, fiscalidad, divisas... La escena del premier británico es seguida muy de cerca por otros colegas europeos, entre ellos Mariano Rajoy, que parece tomar buena nota, porque llegado el caso...

Cameron, Clegg y Miliband, premier y líderes demócratas, liberales y laboristas de Reino Unido no escatiman esfuerzos estos días para abortar los deseos de independizarse de una buena parte de la población de Escocia. Mañana será el día en que se pueda conocer cuántos ciudadanos quieren abandonar el Gobierno central de Londres, olvidarse de la Corona, de sus impuestos, etcétera, y cuántos optarán por continuar gobernador desde Londres.

En todo el tiempo previo a la cita de mañana con las urnas, los Gobiernos de distintos signo han tratado de gestionar las demandas de Escocia con promesas de futuro y algunas concesiones en forma de cesión de competencias sectoriales: sanidad, circulación, educación... áreas muy limitadas de esas parcelas. El mismo tiempo se ha encargado de demostrar que los parches no sirven para tapar grandes agujeros. Los gobernantes escoceses han hecho saber a Londres que la autonomía no es suficiente cuando existe la convicción de que los servicios públicos, los beneficios sociales son insuficientes. O que la crisis económica les ha perjudicado más que a otras regiones de Inglaterra que han salido mejor paradas. Están convencidos los escoceses que son los ciudadanos del Reino Unido que más impuestos pagan, en tanto que peor representados se encuentran en el Parlamento.

Desean, y están convencidos de ello, de poder ser independientes con el petróleo del Mar del Norte, las riquezas de los bosques (papel) y el turismo de calidad. Quieren gestionar la totalidad de sus riquezas y también de sus impuestos, desean mantener sus servicios públicos y rechazan las privatizaciones, las nucleares, etcétera. Las autoridades locales están convencidas de poder construir una sociedad más próspera y desarrollada que la actual.

Por contra, Cameron y el resto de partidos de ámbito nacional y contrarios a la independencia, contrarrestan los deseos de Escocia con los más incómodos argumentos económicos, políticos y sociales, que son, precisamente, los que tocan las fibras más sensibles de los sentimientos sociales. La divisa, la Libra, ya no sería la moneda de curso legal, habría que modificar fronteras, por tanto, propiedades y derechos quedarían expuestos a los cambios de la nueva situación. Ni las embajadas británicas repartidas por el mundo podrían atender y/o defender a un ciudadano escocés.

Pero desde el punto de vista financiero las fibras ciudadanas muestran su lado más sensibles cuando se mencionan las pensiones: se produciría un bloqueo de las futuras, que entrarían en fase de `recálculo´, se paralizarían las presentes hasta llegar a un acuerdo de conversión, en fin, un caos en el corto plazo. Sería obligatorio hacer un traslado inmediato de las hipotecas y otros productos financieros singulares como seguros de patrimonio, etc. El sector bancario viviría una revolución de impredecibles consecuencias en el corto plazo y el sector financiero se desconoce cómo sería considerado como tipo de riesgo. Los mercados de renta variable serían la pauta para comprobar el ánimo y la postura de los inversores ante un triunfo de la independencia.

Cabe preguntarse en qué medida la experiencia del pulso (y su resultado final) escocés puede servir como enseñanza en el caso español en el pulso que mantienen los Gobiernos central y el actual de la Generalitat catalana. La respuesta será posible sólo en la medida en la que el citado pulso llegue hasta el punto justo en que el Gobierno de Mariano Rajoy se viera obligado -como el británico de Cameron- a defender el `no´ para ver el contenido de las contraofertas a los ciudadanos catalanes. Seguramente no faltarían asuntos como las pensiones, el ahorro, la divisa, la fiscalidad, las deudas, las fronteras, etc. No será nada fácil comprobarlo.

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