edición: 2348 , Martes, 21 noviembre 2017
11/03/2009
Observatorio Latinoamericano

Petrobrás arrolla a Petróleos de Venezuela

Lula se pone la corona de la energía regional y le roba a Venezuela los favores de EE UU
Ana Zarzuela

Bailaron la danza más apretada con la diplomacia por bandera. Lula y Chávez se dejaron ‘tocar' entre sí las joyas de la corona mediante la constitución de dos empresas mixtas entre la brasileña Petrobras y Pdvsa para la explotación de crudo en la Faja del Orinoco, pero ahora enseñan el puño que mantenían a la espalda, el abrazo se torna forcejeo y quiebra la alianza estratégica. Por primera vez el brasileño se entrega a la propia samba de su hegemonía y su autosuficiencia, al son de los crujidos del petroreino chavista, del gas boliviano y de las grietas energéticas de sus vecinos. En las aguas emponzoñadas de Pdvsa pescan Petrobrás y Lula el sueño de hacer de su gigante uno de los cinco primeros exportadores del mundo y duplicar su producción. La sentencia de muerte de Lula da Silva al gasoducto del Sur y a los 25.000 millones de dólares de su inversión es la puntilla a la geopolítica de su petrorreino en la región y la prueba del horizonte con el que sueñan Brasilia y Petrobras. A Chávez, el Palacio de Planalto le amarga la refinería de Abreu en Lima y el interés por el oro del Orinoco. Hasta Uruguay recibirá más que Venezuela del pastel de 174.400 millones de dólares de inversiones de Petrobras hasta 2013.

Lula y la crisis le chafan a Chávez el Banco del Sur, le cierran las puertas al oxígeno de Mercosur y le alejan la diplomacia con EE UU -al que irán dedicados los mayores esfuerzos de su inversión para multiplicar por 200 sus exportaciones-, la negociación con Obama para comprarle el 11% del crudo que proviene de Venezuela. Petrobras le dobla todos los brazos a Pdvsa. Lula le birla a Chávez hasta el atractivo para China y Rusia, volcadas con Brasilia.

No es sólo el director de Abastecimiento de Petrobrás, Paulo Roberto Costa, el que desvela la dimensión del divorcio entre Pdvsa y Petrobras. En 2005 establecieron un acuerdo para construir la refinería de Abreu e Lima, pero en 2007 Brasil comenzó las obras y ya ha constituido la empresa mixta que la gestionará sin que hasta ahora el gobierno de Lula haya visto de Caracas ninguno de los casi 2.000 millones de dólares que debía aportar. El Palacio de Miraflores se aferra a las diferencias y enarbola la urgencia de cobrar a precios por encima del mercado el petróleo que aportará para su refino. Bautiza su orfandad sobre Abreu -y sus 200.000 barriles diarios desde 2011- que se engendra ya a solas con los reales cariocas.

La corona de Petrobras no puede opacar sus desconchones de la mirada de los analistas y los inversores. Ni las promesas de capitalización pública para explotar la capa de presal, ni los planes para invertir 22.000 millones de dólares en 2009 y 174.000 hasta 2013, ni los esfuerzos de la ministra Rousseff para que los bancos privados dejen a Petrobras tocar algo de los 75.000 millones de dólares que el Estado les inyectó opacan sus grietas. Pero Lula da Silva y el presidente de Petrobras, Sergio Gabrielli, sólo tienen ojos para los descubrimientos. Se entregan a los nuevos cielos de Guará y a sus posibles 4.000 millones de barriles de crudo adicionales. Por primera vez, el Palacio de Planalto acaricia el autoabastecimiento en hidrocarburos y no esconde que, tras él, peleará por un sitio en la batalla de los grandes productores y exportadores.  Brasilia y los planes de Gabriellli confían en el mapa del poderío energético regional: México ha dominado la producción de petróleo de América Latina en diciembre con 2,72 millones de barriles por día, seguido por Venezuela, con 2,35 millones de barriles diarios y Brasil con 1,88 millones de barriles por día. Petrobras ha superado los 2,4 millones de barriles por día puntualmente en el mes de enero y confía en hacer crónico ese suelo cuando incorpore, en los próximos seis meses, cuatro nuevas plataformas, entre ellas la llamada a poner en funcionamiento la extracción en el campo de Tupí.

Lo suficiente, además, como para que Lula da Silva acompañe la rebaja de las inversiones de Petrobras en Bolivia con la promesa de que, en breve, se zafará la dependencia con la Paz, un lazo que estrecha en el cuello de Brasilia el 50% del gas y el 60% del que bebe el corazón industrial de Sao Paulo. La compañía deja en la carpeta el proyecto de construir una tercera terminal de gas natural licuado (GNL) hacia el 2014 en tierras bolivianas; consiente con un nuevo contrato de servicios en Ecuador y mete al congelador los 500 millones de deuda de Quito, se conforma con sostener la producción en Bolivia. Y pone en cuarentena parte de sus proyectos con Caracas. 

HEGEMONÍA REGIONAL

El brasileño es el primero en comprobar que, por mucho que Chávez lo arrope, el ajuar de Pdvsa y los presentes del bolivariano están más que roídos. Amparado por la envergadura de la mayor economía al sur del Río Grande y enfrascado en la carrera para hacerse con la hegemonía regional a dos bandas -la comercial y la militar-, el mandatario le saca brillo a la petrolera y trata de pescar en el ajedrez de las miserias latinoamericanas. Hace apenas un lustro, cuando Chávez comenzó a hacer ondear ante sus vecinos el poderío de su bandera petrolera y el supuesto músculo de su reino con pretensiones de autarquía petrolera, desde Caracas a Brasilia se daba por descontado que América del Sur es una región privilegiada que puede autoabastecerse energéticamente, con Bolivia y Venezuela como los grandes productores y Brasil y Argentina como grandes consumidores. Hoy el paradigma se ha evaporado: ni siquiera pueden abastecerse a sí mismas, la boliviana YPFB tiene problemas y Pdvsa está lastrada por la deuda, los problemas de producción y las ambiciones de Chávez, empeñado en convertirla en su compañía-comodín. Lula lo sabe y quiere hacerse con la bandera de esa integración. Y con el botín del oro negro.

Petróleos de Venezuela se aferra a China, Rusia y Vietnam: necesita pasar en 2013 de los 4,9 millones de barriles desde los menos de 3 actuales. Reedita los acuerdos mil veces firmados con Ecuador. Escenifica de nuevo la génesis de la refinería de Manabí. Acaba de dar a luz otra alianza estratégica con Petroecuador para explotar un campo en la selva de la Amazonia con reservas por unos 1 000 millones de barriles y usca ya fórmulas para resucitar las refinerías de Nicaragua y Bolivia. Descartó asociarse con República Dominicana e incluso la construcción de nuevas instalaciones en Cuba ha quedado en el limbo, a la espera de nuevos estudios de factibilidad. Pero a Chávez no le reluce el oro del Orinoco y, de espaldas a Brasil, no tendrá ni el calor de las inversiones ni el gas suficiente para sacar del congelador el gasoducto del sur. Venezuela cuenta con reservas de gas por el orden de los 150 trillones de pies cúbicos, pero están asociadas al petróleo en un 85% y sólo las importaciones de Colombia podrán compensar su déficit de 1.500 pies cúbicos de gas por día.

Los avances en el proyecto amazónico de Petrobas -transportará desde el otoño de 2009 5,5 millones de metros cúbicos por día del combustible, para generar unos 760 megavatios (MW) de electricidad- adelantan por la derecha al Gasoducto del Sur de Chávez, que sigue huérfano de realismo, financiación y socios. Brasilia tiende ya los lazos de la inversión con Uruguay (donde Petrobras está precalificada para el despegue de la plataforma marina) y Argentina – que será el destino del 16% de sus inversiones- allá donde Pdvsa no alcanza. Y ni siquiera Rusia, que coquetea con una sucursal de la Guerra Fría en tierras bolivarianas y planea- sólo sobre el papel- un Banco ruso-venezolano ha conseguido que Gazprom o Lukoil, con su promesa de 3.000 millones vayan mucho más lejos de las buenas palabras y los entretenimientos militares a cuatro manos.

MÁS CERCA DE WASHINGTON

Paradojas de su laberinto energético, Chávez se puede convertir, sin querer, en el mejor aliado de la política de autonomía energética de Barack Obama: de los 200.000 bpd del recorte acordado por la OPEP para Venezuela que asume Pdvsa EE UU sentirá el tijeretazo de casi 166.000. Lo del suministro petrolero a su primer consumidor será otra cosa. Y ya desde finales de 2008 comenzó la disminución de las exportaciones a Norteamérica (12,4%) y Europa (15%), que han tocado fondo en enero. Por más que se empeñe el ex ministro Rodrigo Cabezas, Washington ya ha comenzado a encontrar sustitutos para el crudo venezolano: Petrobras tiene planes de ampliar sus inversiones en esa nación. Alrededor de 354.000 barriles de petróleo por día procedentes de Brasil han reemplazado parte de los 500.000 barriles diarios que Venezuela ha dejado de exportar a Estados Unidos en los últimos meses.

Brasilia pasea sus anzuelos por todo el mundo y ondea la bandera de las joint ventures con quien se presente. Lo hizo por toda Europa y repitió el canto de sirenas en tierras de Barack Obama. Pdvsa ha engendrado una empresa mixta para la explotación y mejoramiento de crudos en el Orinoco con Petrovietnam, para extraer 200.000 barriles del bloque Junín 2 y enviarlos al país asiático.  Y promete producir con China un millón de barriles desde 2015 y bautizar su alianza con una nueva refinería. Poco más. Pero la alianza de Pekín reserva sólo la mirada de soslayo para Caracas y le hace ojitos a Brasilia: Petrobras seguirá siendo su mayor proveedor en la región y mueve sus peones en Asia con un plan de 16.000 millones de inversión para los próximos cinco años. Dimitri Medvedev y Gazprom lo saben: si Petrobras y su paso atrás dejaron este trimestre más sitio a los alfiles de Brufau en Cuba, México y Brasil, ahora Moscú desembarca por las grietas de Lula: no es casualidad que la nueva sede de Gazprom para el continente acabe de abrir sus puertas en Brasilia; ni que por primera vez sellara acuerdos de prospección con la rusa. Las puertas entreabiertas de la colaboración con Pemex son la siguiente parada.

En tierras cariocas, con menos competencia en la región, las vitaminas de la diversificación de YPF y un músculo que promete invertir 32.000 millones hasta 2012, Repsol estaba llamada a beber en la fiebre del oro negro brasileño y en las debilidades de Petrobrás. Repsol juega su ajedrez global con los alfiles brasileños. Sobre el papel, podría comer del oasis de sus reservas sin cargar con las cruces de sus expectativas financieras, sin los pies en el lodo de la inflación brasileña y fuera del tiesto de la zozobra política. Como segunda petrolera en el país, sería uno de los llamados si Lula decide dar participación a las multinacionales en una nueva empresa bajo batuta estatal que explote las nuevas reservas. Repsol YPF es ya es la segunda de Brasil por dominio minero exploratorio fuera de la costa, sólo superada por Petrobras, en las cuencas de Santos, Campos y Espíritu Santo y participa en 23 bloques, 11 de ellos como operadora. Con el inicio de su campaña de perforación en la Cuenca de Santos, Antonio Brufau arrima el ascua a la sardina de Gabrielli. Las dimensiones del pozo Iara, en el norte del megayacimiento de Tupí y la interconexión en la cuenca, que los analistas dan por descontada,  no hacen más que alentar las expectativas de la española, que acaba de iniciar la campaña de exploración en pozos de Santos.

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