edición: 2328 , Lunes, 23 octubre 2017
30/06/2010
Observatorio Latinoamericano

Petrobrás se vacuna para la ‘fiebre’ de su crecimiento y aprovecha el ‘efecto BP’ y la segunda ‘brasilización’ de Lula

Con un 90% de sus reservas en aguas profundas, es refugio para proyectos congelados en EE UU
Repsol, la segunda petrolera de Brasil, la que más acuerdos tiene con Petrobras, destinará al país 1/7 de su inversión hasta 2014, 3.790 millones de euros
Javier Aldecoa

Se convirtió, desde la llegada de Lula al Palacio de Planalto, en la ‘favorita’ del presidente. Con la euforia de cada descubrimiento en Tupí y Santos,no duda en proclamarla nada menos que "la huella de Dios en el paraíso petrolero brasileño”. Lula prometió que todo sería diferente con la empresa paraestatal, con un 60% de sus acciones en manos privadas y un modelo mixto de gestión y ha hecho de ella la llave más ‘terrenal’ de su nueva geopolítica energética en todo el continente. Hoy, Petrobrás es ya la tercera petrolera del mundo por capitalización bursátil y por primera vez está cuerpo a cuerpo con PEMEX en ventas y con Pdvsa en producción. Bebe en las lagunas de sus vecinas y ahora pesca en el ‘efecto BP’: con el 40% de la producción mundial offshore, se ha convertido en principal explorador del Golfo, en refugio para plataformas por las que esperaba desde hace meses y compañías que congelan sus proyectos en el Gofo americano.

Pero se juega el doble o nada de su crecimiento en aguas profundas, a más de 1.000 metros de profundidad, de las que dependen el 90% de sus reservas. Y son sus propias costuras, sobre todo las financieras, las primeras que intenta saltar en su crisis de éxito. Lo tendrá que hacer, justo ahora que  Lula quiere dejarlo todo ‘atado y bien atado’ entre Petrobrás y el Estado. Ya consiguió la aprobación del Senado al plan de 224.000 millones de dólares de inversión hasta 2014, la emisión de acciones por hasta 25.000 millones de dólares -aunque esperará a septiembre- y un nuevo modelo de contratos con propiedad estatal.

Lula ha querido sellar la herencia de la petrolera de bandera brasileña. Como reconoce la propia directiva de Petrobras, para bien o para mal, es mucho más que la empresa de bandera brasileña, la primera petrolera por capitalización y la segunda compañía de todo el continente americano, capaz de ponerle apellidos al alza en un 78% del Bovespa en el último año; se ha convertido en el pilar de su impulso en los mercados y Lula da Silva quiere que sea -lo confiesa en público- la llave al ingreso de Brasil en los países desarrollados, más allá de sus galones BRIC. El Presidente espera que lo haga bajo las riendas -aunque sea indirectas- de Dilma Rousseff. Al fin y al cabo, no es casual que la ‘delfina’ política de Lula da Silva, la candidata oficialista del Partido de los Trabajadores (PT) fuera desde sus tiempos de ministra miembro del Consejo de Petrobrás. Y que ahora, en plena carrera presidencial, desempolve la defensa de la “política petrolera nacionalista” para Brasil y las andanadas contra la oposición, heredera de Cardoso, por intentar “reprivatizar” la empresa.

La estrategia de Planalto busca hacer ‘virtud’ propia de las necesidades de Petrobras. Y hoy, a las puertas de la mayor crisis -en el sentido literal- de crecimiento de la petrolera, todos sus caminos pasan por la capitalización, la refinanciación y los hidrocarburos de las aguas profundas. Un tridente con el que Lula quiere asegurar sus planes (y con ellos los del Estado) antes de dejar la presidencia tras las elecciones del 7 de octubre. Lo ha conseguido ya, para empezar, por partida cuádruple. Tras dos años de batalla legislativa, el Ejecutivo acaba de hacerse con la aprobación del Senado no sólo a la emisión de acciones por un monto que oscila entre 15.000 y 25.000 millones de dólares y a unos planes de inversión de 224.000 millones de dólares hasta 2014, un 20% más que en su anterior plan, (la mayor parte para ampliar la exploración y explotación de aguas profundas), sino sobre todo al nuevo modelo de producción compartida para reemplazar al actual sistema de concesiones en los futuros proyectos petroleros, impulsando el control del Gobierno sobre las reservas en aguas profundas. Petrobras será el único operador de los nuevos proyectos en esa región con una participación mínima del 30%.

Además, el nuevo marco jurídico permitirá al Estado, mediante la compra de acciones, recuperar más control financiero de la compañía. La iniciativa no espanta a las multinacionales, que prometen ajustarse a la nueva legislación y mucho menos al mercado financiero.  Lula les sigue dando pruebas de fe en la economía de mercado y espantando el fantasma de la reestatización de Petrobras, donde el maná está garantizado por la participación de accionistas privados en el 60% de la compañía. Aunque la dirección la ejerce un funcionario designado por el Presidente, su gestión está sujeta a metas de rentabilidad y otras condiciones fijadas por los accionistas, herencia de la privatización parcial aprobada por Fernando Henrique Cardoso. La aprobación -que debe ser refrendada por los diputados- permite a Petrobras emitir hasta 150.000 millones de reales (84.000 millones de dólares), de ellos 41.000 millones de euros en acciones ordinarias, mientras que los otros 27.390 serían como papeles preferencia, como parte de un plan que atraerá capital fresco de accionistas minoritarios y le dará acceso a la compañía a hasta 5.000 millones de barriles de petróleo en el mar. Toda una victoria para Luiz Inácio Lula da Silva, en su intento por un mayor control estatal sobre las reservas y por hacer de Petrobras una herramienta para convertir al país en una potencia mundial.

Pero ahora que Gabrielli ha tenido que posponer como pronto hasta septiembre la emisión de acciones de Petrobrás, sabe que el Gobierno no podrá consumar hasta esa fecha un mayor desembarco en el accionariado de la petrolera y, sólo tras él el retorno a las subastas de campos subsal, suspendidas en 2007. La oferta de acciones, crucial para que Petrobras cumpla con sus inversiones este año, tendrá lugar además en plena campaña presidencial. En una atmósfera politizada, el Gobierno puede presionar para una mayor valoración de los barriles de crudo que se canjean por acciones. Y Lula sabe que el tiempo y las opciones electorales de Jose Serra -el opositor a Roussef- corren no sólo en contra de sus planes, sino del horizonte de Petrobras. Por ahora, ni los bancos de inversión, ni los analistas, ni los mercados han dejado de cobrarle ya los retrasos. Como advertían los analistas de HSBC, “tras meses de incertidumbre, en la medida en que los inversores tienen información poco clara sobre el valor de los barriles y el número de acciones que se ofrecerán”, “si el plan de capitalización sufre otro revés, Petrobras tendría que reducir su plan de inversión”. Y es que ni las promesas de capitalización pública para explotar la capa de presal, ni los planes para invertir no 174.000 millones de dólares hasta 2013 como estaba previsto, sino un 20% más, ni los esfuerzos de la ministra Rousseff para que los bancos privados dejen a Petrobras tocar los 75.000 millones de dólares que el Estado les inyectó opacan algunas de sus grietas. Pero ahora que Lula y el presidente de Petrobras, Sergio Gabrielli se entregan a los nuevos cielos de Guará y a sus posibles 4.000 millones de barriles de crudo adicionales, por primera vez, Planalto acaricia el autoabastecimiento en hidrocarburos y no esconde que, tras él, peleará por un sitio en la batalla de los grandes productores y exportadores. 

Lula mira al “regalo de Dios”, se ha venido arriba con los 8.000 millones de barriles descubiertos en Tupí, el mayor yacimiento hallado en América desde 1976 o los de Santos, tanto como para proclamar una “segunda independencia de Brasil”. Petrobrás bajo el nuevo modelo mixto de gestión se ha convertido en la segunda empresa por beneficios desde Alaska, 12.304 millones de euros en 2009, sólo por detrás de Exxon, y en la primera petrolera de toda América. Es sólo el ‘aperitivo’ de sus aspiraciones: quiere ser la petrolera del mundo con más crecimiento en su producción hasta duplicarla en 2020, alcanzar la autosuficiencia en combustibles con dos nuevas refinerías y validarse como la mayor operadora de aguas profundas. Pero sabe que el ‘regalo’ de sus reservas está lejos y recuperarlo será costoso: exige, para empezar, el programa más ambicioso de perforación de mar adentro de todo el planeta, con una inversión en cinco años de 119.000 millones de dólares. Más aún si, como promete Gabrielli, pretende aumentar la actual producción de 2,5 millones de barriles diarios de petróleo y gas hasta 3,9 millones en 2014 y 5,4 millones en 2020, con una tasa de crecimiento anual del 9,4% hasta 2014 y del 7,1% hasta 2020. Según Gabrielli, de los 3,9 millones de barriles diarios que la firma prevé producir en 2020, 1,2 millones provendrán del presal, en donde serán desarrollados 21 proyectos de producción hasta 2014. Reconoce que serán necesarias 26 sondas de perforación- con un importe de 833,952 mil euros cada una-, 465 barcos de apoyo y 56 plataformas de producción en 2014, y con 84 plataformas y 504 barcos en 2020.

PESCA EN EL ‘EFECTO BP’

Y es que Lula, tras dos años de boom de descubrimientos, busca subirse a unas reservas que según la ANP superan los 50.000 barriles, -según los analistas más optimistas pueden llegar hasta 100.000-, pero que están en casi su totalidad bajo las aguas de la plataforma marina brasileña. Si entre un 10 y un 14% de las reservas mundiales se encuentran en aguas profundas, a más de 1.000 metros, Petrobras sabe que en Brasil, un 90% de sus tesoros están en la capa pre-sal, a profundidades de entre 1.000 y 7.000 metros. De hecho, ya el 80% de su producción procede de ellas (frente al 28% de la cartera de BP o el 23% de Repsol) en pleno epicentro mundial de la prospección offshore (a ambos lados del Atlántico, en la plataforma continental brasileña, el Golfo de México y las aguas profundas de África Occidental). Sólo en el Golfo hay actualmente 4.000 plataformas petroleras en operaciones con una superficie cubierta promedio de veinte mil pies cuadrados cada una. Un triángulo en el que Petrobras (como preveía el Tulane Energy Institute) tiene todas las papeletas para convertirse en la petrolera más beneficiada por el ‘efecto BP’, no sólo con acceso más exclusivo a las aguas del Golfo en sus tres zonas -estadounidenses, mexicanas y cubanas-, sino con expectativas tangibles para fungir ‘refugio’ de las ‘exiliadas’ de los nuevos proyectos de explotación de el Golfo estadounidense. Petrobras no tiene ninguna intención de desacelerar sus planes aguas afuera.

Sergio Gabrielli no descarta que, como para el resto, las nuevas exigencias de seguridad y el precio de los seguros hagan la exploración offshore más costosa. Pero la brasileña tiene las reglas para la capa presal más restrictivas y sólo permite que se haga exploración si el desarrollo de las industrias auxiliares es paralelo, no sólo por su modelo paraestatal mixto, sino por el antecedente de 2001, cuando una explosión mató a once trabajadores y hundió la plataforma P36 en la cuenca de Campos. Hasta tal punto que, como Obama hacía llegar a Planalto, será una de las pocas petroleras que salve las restricciones de la Casa Blanca si los jueces y las demandas de la industria no las echan abajo antes. Petrobras acaba de recibir un crédito avalado por la administración americana de 2.000 millones de dólares. Antes del derrame en Deepwater, ya estaba en la lista de espera a plataformas marítimas -algunas de ellas a dos años vista-, que ahora han quedado a su acceso inmediato y a precios más asequibles.

Ni los tres Gobiernos con aguas jurisdiccionales en el Golfo ni la veintena de multinacionales que operan en él se plantean abandonar sus 37.000 millones de barriles por descubrir, con unas de las mayores tasas de retorno de capital de la industria. Pero, con 35 pozos detenidos, la parálisis de Eni en Appaloosa y Allegheny recuerdan que la moratoria y los recelos pueden ir más allá de las imposiciones legales de EE UU. Las aguas profundas de Brasil calientan motores para recibir a más de un ‘exiliado’, lo saben Petrobras y Repsol, dos de las pocas con tecnología capaz de trabajar a 4.000 metros de profundidad. Brasil ya está recibiendo solicitudes de compañías que quieren mover sus pozos allí. Para empezar, aguardan el sitio que dejará BP si la Agencia Nacional de Petróleo Brasileña (ANP) no aprueba su acuerdo (ahora bajo revisión) con la norteamericana Devon Energy para la compra de activos por 7.000 millones de dólares para abrirse las puertas a Campos y Camamu-Almada.

Hoy todo ha cambiado en Brasil y el reflejo de sus aguas profundas. Mientras BP contempla vender activos para recobrar liquidez y pone en cuarentena su liderazgo en exploración en EE UU y Canadá, Petrobrás planea aumentar actividades en el Golfo,  gracias a los rezagos de Cupet y a las zozobras de Petróleos de México (PEMEX) en sus aguas profundas. Es cierto que tras el derrame de Deepwater Horizon, Cuba se acerca a EE UU para flexibilizar el embargo y busca despegar la explotación este semestre con las privadas asociadas a Cupet, encabezadas por Petrobras y Repsol. Y Pemex descuenta la prórroga de la moratoria de yacimientos compartidos con EE UU y negociará contratos integrales, pero los recelos de las multinacionales dificultan su plan para Perdido cuyas aguas pensaba abrir en octubre. Pero las aguas profundas ya no son prioridad inmediata azteca, no desde luego la única. Pese a que ha invertido 16.798 millones de pesos en estudios y en la perforación de 14 pozos, 13 han resultado secos y uno ha sido productor de gas. Además, ambas carreras, si llegan, será con Petróleos de Brasil en cabeza aprovechando la lentitud del ‘efecto BP’. Le pisa ya los talones a la cooperación con la paraestatal brasileña desde hace seis meses la ministra Kessel. En los últimos tres años Petrobrás ha resultado favorecida en licitaciones de 26 bloques en el Golfo y desde 2009 fue seleccionada por el gobierno cubano para explorar y explotar yacimientos en Hoya de la Dona.

SE HACE FUERTE EN EL PULSO A PEMEX Y PDVSA

Petrobras se mide las fuerzas y las geografías con PEMEX y Pdvsa. No hace ni cinco años, las tres grandes petroleras paraestatales se repartían los galones, los proyectos y el mapa americano de la mayoría de las reservas de hidrocarburos. Desde Caracas a Brasilia se daba por descontado que América del Sur es una región privilegiada que puede autoabastecerse energéticamente, con México, Bolivia y Venezuela como los grandes productores de hidrocarburos y Brasil y Argentina como grandes consumidores. Hoy el paradigma se ha evaporado: por primera vez, como advierte Latin Bussiness Chronicle, Petrobrás sustituye a PEMEX en volumen de ventas. Sólo el ranking por reservas favorece aún a Petróleos de Venezuela y deja a la brasileña en segundo lugar, por delante de Petróleos de México; pero Petrobrás le pisa los talones de la producción a PEMEX y, según los analistas independientes, hace meses que supera la producción real de Pdvsa -no más de 2,3 millones de bdp- lejos de los 3,7 oficiales. Su volumen de crudo y gas natural crecía un 1,4% en febrero, hasta 2.560.000 barriles de petróleo diario. Las zozobras de Pdvsa y las líneas rojas del gigante estatal azteca le despejan a la brasileña por primera vez la corona de la segunda petrolera del mundo en capitalización bursátil, la primera del continente y la quinta compañía del mundo por valor de mercado, con 208.000 millones de dólares. 

Y es que ni Pdvsa ni Petróleos de México se ven en los espejos de Petrobras. Sólo comparten la piel paraestatal y las expectativas de sus gigantes energéticos. Pero Lula ha seguido el camino inverso: a diferencia de la mexicana, incrementó no sus reservas -hasta más de 100.000 millones de barriles-, su producción y la capacidad de refino -1,9 millones-. Con un 57% de sus acciones en manos privadas, abrió las puertas a la inversión extranjera en la industria local (sólo las explotaciones de aguas profundas compartirán la mayoría de la propiedad con la nueva empresa pública Presal) y ha conseguido convertirse en productor y exportador de crudo. Mucho más de lo que Pdvsa- con sus 590.000 millones de barriles de reservas de crudo- puede decir. La venezolana ha multiplicado por siete sus pasivos en tres años y ha bajado su nivel de producción. En el último año, abarrotada de compromisos de inversión propios y ajenos -el proceso la adquisición de las empresas eléctricas- y con un flujo de caja ajustado, Pdvsa recurrió al financiamiento externo y contrajo más de 13.000 millones de dólares en deuda nueva en un solo año.

Miraflores se mira al ombligo de las sextas reservas de petróleo y las octavas de gas del mundo. Pero el brasileño se piensa dos veces su ‘oro negro’. Petrobrás encabeza la lista de las grandes petroleras que prometieron acudir en la Faja del Orinoco a la primera gran licitación en una década en Venezuela y no lo han hecho con la urgencia prevista. Paradojas de su laberinto energético, Chávez se puede convertir, sin querer, en el mejor aliado de la política de autonomía energética de Barack Obama: ya desde finales de 2008 comenzó la disminución de las exportaciones a Norteamérica (12,4%) y Europa (15%). Washington ya ha comenzado a encontrar sustitutos para el crudo venezolano: Petrobras tiene planes de ampliar sus inversiones en esa nación.

Petrobras ha conseguido también mejores alianzas en Pekín y Moscú: firmó un contrato para recibir 7.650 millones de euros del Banco de Desarrollo de China (BDC) con vencimiento a diez años, el mayor préstamo que una entidad china concede a una empresa  brasileña. La paraestatal americana ha sellado un acuerdo con la compañía saudí Modern Mining para realizar inversiones conjuntas valoradas en 365 millones de euros en el país asiático. Además, el mapa del oro negro de Brasilia le rompe la diplomacia energética y las bitácoras de su imperialismo ‘bolivariano’. En el Palacio de Planalto y los despachos de Gabrielli han preferido inyectar 22.000 millones de dólares a Petrobrás para poner de largo su refinería de Maranhao, la mayor del continente y la quinta del mundo -llamada a procesar 300.000 barriles diarios desde 2013- y amasar la calma de la Abreu y Lima, la que Chávez planifica desde 2005 con Lula. Los avances en el proyecto amazónico de Petrobras -transportará desde este año 5,5 millones de metros cúbicos por día del combustible, para generar unos 760 megavatios (MW) de electricidad- adelantan por la derecha al Gasoducto del Sur de Chávez. Y Brasilia tiende ya los lazos de la inversión con Uruguay (donde Petrobras está precalificada para el despegue de la plataforma marina).

REPSOL INTENSIFICA SU ‘SAMBA’

Ni el último descubrimiento este mismo mes a cuatro manos con Petrobrás en la cuenca de Santos, en el campo de Albacora, ni las expectativas de Abaré, ni la confirmación por parte de la petrolera española de que invertirá en Brasil hasta 2014 unos 3.790 millones de euros (de un total de 28.500 millones de euros) y 6.800 millones de euros después, son la únicas evidencias de que en tierras cariocas, con menos competencia en la región y la diversificación de YPF, Repsol está llamada a beber en la fiebre del oro negro brasileño. Antonio Brufau juega su ajedrez global con los alfiles cariocas, al fin y al cabo, sus apuestas cariocas encabezan la lista de reconocimientos de los bancos de inversión y los analistas para Repsol. Merrill Lynch elevó su recomendación desde neutral a comprar por las expectativas generadas por los hallazgos en Brasil y el 60% de los expertos aconsejan adquirir acciones de Repsol, frente a sólo un 9,5% que se decanta por vender.

 Hoy Repsol ya es la segunda petrolera de Brasil por dominio minero exploratorio fuera de la costa, sólo superada por Petrobras, en las cuencas de Santos, Campos y Espíritu Santo y participa en 23 bloques, 11 de ellos como operadora. La petrolera que más contratos y puertas al pre-sal tiene con Petrobras se beneficiará del nuevo modelo de contratos, cuando se abran las licitaciones presal después de tres años paralizadas. Mientras tanto, mira de cerca el futuro de la ampliación de capital de Petrobras: Brufau ya advertía que los calendarios a corto plazo de Repsol estudian las opciones de una salida a bolsa y/o un socio local para abordar su inversión: 1/7 de la total de la petrolera en todos sus mercados. Será, siempre, con una línea roja impuesta por el propio Brufau: el control mayoritario de la compañía. Además, Brasilia le servirá de atalaya para las aguas profundas del resto del continente. En la Secretaría de Estado de Energía de Georgina Kessel no se descarta que sea Repsol YPF el puente entre Brasilia y México DF, si PEMEX comienza finalmente a abrirse con nuevos contratos a sus aguas profundas. Ni la experiencia de la española y la brasileña en exploración y explotación offshore, ni la sintonía con Petróleos de México pasan inadvertidas. Antoni Brufau está en condiciones de hacer valer su buena sintonía con el director general de Petróleos de México (PEMEX) y con el propio presidente Felipe Calderón, desde mucho antes de llegar al Palacio de los Pinos, cuando llevaba las riendas de la Secretaría de Estado de Energía.

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