edición: 2700 , Miércoles, 17 abril 2019
24/11/2015
Lentitud institucional

Los `planes anticrisis´ de la banca española no llegarán a tiempo

Sigue sin tenerse en cuenta un medidor de la gestión financiera y su grado de responsabilidad en una crisis
Juan José González
En poco menos de un mes, el Banco de España contará con los planes anticrisis de los tres grandes bancos españoles: Santander, BBVA y Caixabank. Para las once entidades bancarias restantes el plazo es mayor, aunque previsiblemente se concentrará en el primer trimestre del próximo año. Se trata de asegurar que el nivel de capital y deuda convertible en capital, se adapta al perfil de riesgo de cada entidad ante la necesidad de afrontar un rescate. Sobre el papel, cualquier tipo de mecanismo de prevención es positivo y debe ser bien recibido. Las experiencias recientes de rescates y quiebras bancarias han dejado de todo menos buen sabor de boca, con saldos negativos para el contribuyente (utilizando fondos públicos, a través del Estado) y pérdidas para clientes y accionistas. La lentitud oficial en los trabajos y la escasa voluntad de transparencia de algunas entidades, añaden más dificultades al proceso.
Llega el plan anticrisis, de nombre técnico Mecanismo Único de Resolución (MUR) europeo, siete años después del fuego que provocó y justificó su existencia: la quiebra de Lehman Brothers. Lo hace con morosidad, aquí utilizada como tardanza, lentitud y pachorra institucional, por mandato de un ya lejano G-20 a las autoridades financieras del mundo para que los mayores 29 bancos del sistema financiero, los conocidos como sistémicos, se dotaran de planes de prevención y resolución de crisis. Los trabajos deberían haber comenzado al efecto a principios del presente año, pero aspectos técnicos como la falta de personal, y económicos como la insuficiente dotación presupuestaria, han alargado la conclusión de los mismos.

El Banco de España, conocedor de la metodología que contempla el MUR, ya ha adelantado que Santander, BBVA y Caixabank no tendrán problemas para cumplir con el nivel mínimo de pasivos, en tanto que sobre el resto de entidades no parece haberse pronunciado todavía mientras espera el cierre anual. En principio, se dice que la ratio o nivel de cada entidad, tendrá una periodicidad anual y que no será comunicada al mercado. Seguramente, cuando las casas de análisis comiencen a hacer cuentas por libre, la autoridad bancaria, o incluso, la propia entidad, decida hacerla pública para mayor certidumbre del mercado.

La culminación del plan de prevención y resolución de crisis bancarias, se producirá en el momento en que se concrete el nivel de ese mínimo de pasivo exigible en cada entidad, momento en el que se podrá hablar también de la distancia, mayor o menor de acercamiento de un banco al punto que se considera como ideal o bien como peligroso. Será también el instante en que se pueda medir su capacidad para solventar los problemas o la crisis, es decir, de autorrescatarse. La fijación por parte de la autoridad bancaria europea de ese nivel o ratio estará en función, entre otros aspectos, de la coyuntura económica global y de la local, así como de la situación singular de cada banco en los mercados. De ahí que no estaría de más que el citado nivel de cada entidad fuera comunicado al mercado.

El Banco de España y la autoridad europea bancaria parecen tener muy claro que las vías de actuación ante un proceso de resolución, son la pérdida de la inversión en el caso de los accionistas y el cambio de posición de los acreedores que, una vez apuntadas quitas y absorbidas las pérdidas se convierten en dueños. Otras vías posibles son la venta de activos, la creación de una sociedad puente en la que se integraría la parte sana y salvable de la entidad, y, finalmente, la creación de un banco malo adonde irían a parar los activos problemáticos.

Ahora bien, en este escenario de necesidad y obligatoriedad en la precaución financiera, el mercado bursátil parece erigirse en el registro público del grado, mayor o menor, de aceptación de la gestión de sus equipos directivos y consejeros. Con independencia de la posición de las entidades en esa ratio de mínimos pasivos exigibles, el mercado bursátil está dictando una sentencia que no resulta nada halagüeña para los dos grupos ejecutivos. Al menos eso es lo que indica una pérdida de valor o capitalización superior al 20% del sector, y su equivalente en pérdida de confianza de inversores y ahorradores. Quizá debería aplicarse otra ratio de forma paralela a la MUR que contemplara ese aspecto de la gestión como otro responsable más de la marcha de una entidad. El `testamento´ o los planes anticrisis, serían el lugar más adecuado para ello.

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