edición: 2851 , Jueves, 21 noviembre 2019
19/06/2014
Reforma fiscal

Plan del Gobierno para la reconciliación con los (votantes) contribuyentes

Hacienda asegura que ya no perseguirá -fiscalmente- a los famosos para predicar ejemplaridad
Juan José González

Muchos no acaban de creer que la semana que terminará con la llegada de un nuevo jefe del Estado, sea la de la aprobación de la reforma fiscal. Se quiere que sea esta un motivo de orgullo y satisfacción para los españoles, porque ayudará a la recuperación de la economía (se entiende que con menos IRPF y más dinero para gastar, los contribuyentes se tirarán a la calle en busca de tiendas, viajes y concesionarios) y porque el poder actual quiere reconciliarse con los mismos contribuyentes, votantes que hace unas semanas les dio la espalda.

Hay que recuperar contribuyentes y votantes como sea, basta de decisiones que generan desgaste y coste político: toca bajar impuestos. Algunos críticos aseguran que se trata de un ejercicio que practican los gobiernos cuando ya no quedan argumentos. Pero lo cierto es que cuando se anuncia una reforma fiscal es como abrir la puerta de la felicidad, y cuando la reforma se nota en el bolsillo es grado de satisfacción es indescriptible. Lo sabe Montoro, obligado por todo a equilibrar ingresos y cubrir agujeros.

El Gobierno desea seguir presumiendo de atleta reformista en los aspectos de mayor interés para la ciudadanía, que suelen coincidir con áreas de regulación sobre la que tienen puestos sus ojos las autoridades europeas. Es, por tanto, la de los impuestos una materia sobre la que, teóricamente, no caben chapuzas y tampoco improvisación: hay que agradar (cumplir) a Bruselas y dejar satisfechos a los contribuyentes, entre los que se cuentan los votantes. Un aspecto sociológico al que debe prestar atención es aquel que supieron identificar bien y complacer mejor, los dos padres de las anteriores reformas: Enrique Fuentes Quintana y Francisco Fernández Ordóñez: que todos, todos, los ciudadanos pagasen impuestos.

Sin embargo, y al margen de los propósitos económicos y/o políticos del legislador en la reforma de impuestos en marcha, se mantiene la asignatura pendiente de la falta de eficacia en los resultados, una situación que refleja la insuficiencia, crónica, de la recaudación y sin que hasta el momento, y a pesar de la permanente lucha contra el fraude, menores deducciones y desgravaciones, sigue siendo un punto débil de la fiscalidad española. Es una especie de reincidencia la que atenaza la recaudación pública, que sigue sin contar con explicación razonable el hecho de que los tipos de gravamen más altos de Europa (los españoles) no se correspondan con la baja recaudación. En buena lógica (aunque en impuestos lo de la lógica...) la capacidad recaudatoria del Estado español debería gozar de tan buena salud como el país modelo que supera todos los estándares de la fiscalidad como es Suecia. Pues nada. 

Cabe esperar de esta enésima reforma más y mejores rendimientos, tanto para el ciudadano como para la propia recaudación. Para enviar un mensaje de reconciliación popular (con el electorado y los contribuyentes) la reforma estará obligada, de paso, a mostrar que se toma en serio la función inspectora del Estado, asignando (invirtiendo) recursos a una Agencia Tributaria con medios humanos y técnicos insuficientes, sin los cuales difícilmente podrá aspirar a mayor eficacia. Un Estado que se ve en la obligación de predicar conductas ejemplares a golpe de sentar en el banquillo a famosos deportistas, actores y demás, será un Estado con un grave problema (no sólo fiscal) por resolver, sino también intelectual.

Se supone que, previo a la reforma que aprobará mañana el Gobierno, el ministro de Hacienda y los suyos, habrán realizado un examen profundo de conciencia, lo que incluye una autocrítica en la que figuren algunos errores cometidos en el pasado reciente que no se volverán a repetir. Entre ellos, bajando la base imponible general del IRPF en 2012, gravando (empobreciendo) más a las familias en uno de los años más duros de la recesión. Igualmente deberán corregir -con urgencia- la fiscalidad que soporta el salario medio en España, una de las más altas de los países desarrollados.

Reformar es corregir y subsanar, reparar y también perfeccionar las condiciones fiscales de una sociedad castigada por la recesión, seis años de crisis, pero que a pesar de la incipiente recuperación, sigue con cerca de cinco millones de personas sin trabajo y un Estado deficitario.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Esta web no utiliza cookies y no incorpora información personal en sus ficheros

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...