edición: 2975 , Miércoles, 27 mayo 2020
19/03/2020
banca 
A la banca el aval público le parece insuficiente

Plan de rescate corto, preludio de un déficit disparado y emisiones de deuda extraordinarias

Se contaba con un aval del 70% frente al 50% ofrecido por el Gobierno con el que pretende apuntalar la liquidez de las cajas de las empresas
Juan José González
El Gobierno ya ha enviado el mensaje a la economía, mensaje en principio potente y arriesgado en tanto que se trata de decisiones sobre dinero público y que afecta a toda la población y al sistema económico y productivo del país. Su aportación está en la misma línea de la exigencia y criterios planteados por la Unión Europea, en concreto, con el Banco Central Europeo de proporcionar toda la liquidez necesaria hasta que sea suficiente para que las empresas no se ahoguen entre miles de facturas devueltas e impagados que sería un desastre para el sistema. Pero en particular la banca puede ser ahora la más preocupada, sin despreciar al resto, de los sectores pues de su solvencia y confianza, como en anteriores ocasiones, depende que la máquina de la producción del país continúe funcionando. Es lógica la reacción del Ejecutivo, el gestor político, económico y social de esta crisis, cuando intenta por todos los medios los ingresos de las empresas por cuanto de estos dependen los salarios de los trabajadores y, por tanto, de los ingresos de estos. De ahí que las macrocifras anunciadas sirvan para, al menos, valorar que la munición elegida para el disparo es proporcional, o al menos eso parece, con el objetivo que se pretende alcanzar. En todo caso, si el Gobierno propone avalar 100.000 millones para que la banca proporcione crédito por otros 100.000 millones, o el disparo es corto o el calibre de la munición no es el más adecuado.
Inicialmente, una cifra de crédito por valor de 200.000 millones de euros, parece ser una munición bien elegida, si bien, puede opinarse que se quede un tanto justa o hasta corta -habrá que esperar a los resultados- porque de esa suma voluminosa el Estado aportará la mitad, correspondiendo la otra mitad a la aportación del sector bancario privado. Una primera valoración de la medida que pretende ser el eje central del `rescate´ que plantea el Gobierno, apuntada ya desde alguna entidad financiera, se considera justa, corta y escasa si se tiene en cuenta que la duración del evento sanitario no tiene fecha fija de finalización. 

Por eso parecen escasos los 100.000 millones de euros de aval real propuestos, máxime si se tiene en cuenta que se trata de todo el sistema financiero español. En cambio, sí parece suficiente para aportar la seguridad que puede ser en este caso el mejor fundamento para la solvencia del sector financiero, pues todo indica que la intención del Ejecutivo es que no se cree una montaña de devoluciones, de impagados y fallidos que resultaría letal para la actividad y para la recuperación posterior de la economía.

Porque el peligro de quedarse cortos en el primer disparo es que posteriormente haya que cargar por mucho tiempo una pesada deuda. De ahí que quizá hubiera sido más práctico un 70% de aval que un 50% que al final viene a transmitir el mensaje del Gobierno que subraya el carácter `colegiado´ de que esta crisis debe ser devengada a medias, entre el Estado y el sector privado. Llama la atención que poco o casi nada se dice del factor tiempo. Se hacen referencias, alguna con la intención de quitar hierro a la gravedad del asunto.

En concreto, la referencia del presidente Pedro Sánchez al carácter temporal de la crisis es tan obvio que es el factor, el temporal, el que se repite en todas las crisis, largas, cortas o intermedias. Es probable que para suavizar la misiva, el redactor de Moncloa haya estimado oportuno llamar "temporal" a una crisis que en términos económicos se considera por economistas y expertos de muy diferente signo ideológico como muy aguda y severa si se tiene en cuenta su prevista corta duración, es decir, lo que se entiende como un golpe seco de efectos inmediatos.

Se supone que el Gobierno habrá sabido valorar los riesgos de una infravaloración de las ayudas que, en el caso de que se queden cortas, como indican las primeras reacciones, estará obligado (a cuenta del Estado) a socializar las pérdidas, y que estas pueden ser de tal calibre que el desembolso de los avales que se ejecuten (una hipótesis que luego se ha cumplido en casi todos los episodios en anteriores crisis) nos lleven a otra nueva crisis. Las cuentas al final serán tan sencillas como que en la medida en que el crédito avalado por el Gobierno se quede corto, mayor será el número de impagados del sistema y mayor será el déficit del Estado que, a su vez, obligará a mayor emisión de deuda.

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