edición: 2725 , Lunes, 27 mayo 2019
17/02/2011

Pocos italianos creen que el poder judicial consiga derribar a Silvio Berlusconi

Pedro González
El procesamiento del presidente del Consejo de Ministros de Italia, Silvio Berlusconi, para juzgar si efectivamente abusó de su poder tanto para mantener relaciones sexuales con una menor, como para sacarla de una comisaría de policía arguyendo mentirosamente que era familiar de Hosni Mubarak, no acabará con su tumultuosa carrera política. Eso cree al menos una mayoría de ciudadanos italianos, los que por tres veces le han concedido respaldos suficientes para convertirle en el jefe de gobierno más longevo desde el derrocamiento del rey Víctor Manuel II y la proclamación de la República italiana.

Es el enésimo enfrentamiento entre el poder judicial y el ejecutivo de Berlusconi, encausado aún en otros dos procesos: el caso Mediaset y el caso Mills, por fraude fiscal y corrupción, respectivamente, y que Il Cavaliere ha ido sorteando y aplazando en base a una ley hecha a su medida, para anteponer presuntos compromisos institucionales a su comparecencia ante los tribunales. En base a ello, al primer ministro le basta con incluir en su agenda asistencias  “ineludibles” por compromisos de Estado para dilatar en el tiempo la celebración de tales juicios, al tiempo que otra ley, la de prescripción corre paralelamente en su favor.

Ya no hay prácticamente un solo fin de semana en que cientos de miles o incluso algún millón de manifestantes exprese su cólera contra Berlusconi en las calles de las principales ciudades italianas; la última, la que reunió el pasado domingo a millares de mujeres, que clamaban tanto contra las presuntas corrupciones del jefe del gobierno como contra el machismo despreciable con que aureola sus hipotéticas hazañas sexuales. No deja de constituir casi una metáfora el que sean cuatro mujeres jueces, la que lo ha encausado y las tres que compondrán el tribunal que le juzgue, las que afronten los seguros ardides que los abogados del Cavaliere interpondrán para evitarlo.

Sin embargo, las decenas de ruidosas demostraciones soportadas por Berlusconi no se traducen después en el correspondiente castigo electoral. Que líderes políticos y sindicales de izquierda se tiren de los pelos al comprobar que la mayoría de italianos admira en el fondo al antiguo animador de cruceros, convertido sucesivamente en magnate inmobiliario y mediático, primera fortuna de Italia y jefe del gobierno, tiene también por causa el erial político que Berlusconi tiene enfrente. Una izquierda desaparecida, sin discurso y yerma de su pretendida superioridad moral, carece de posibilidades reales de desbancarle. Solo el escindido Gianfranco Fini podría cambiar la situación, sobre todo si los nacionalistas de la Lega Norte de Umberto Bossi siguen sosteniendo al inquilino del Palazzo Chigi.

Todo ello sucede cuando Italia está a punto de cumplir el sesquicentenario de su unidad –será el próximo 17 de marzo-, una efemérides marcada tanto por la crispación de la vida política como por la acentuada división del país entre el norte y el sur; entre una zona con 40 millones de personas con índices de productividad y de renta per cápita que  cuadruplican o quintuplican  la de los 20 millones que habitan en el sur. Giulio Tremonti, ministro de Economía y sucesor in pectore de Berlusconi caso de que éste fuera destituido o dimitiera y se agotara la legislatura, proclama esta realidad en los foros que quieran oírle. Admite tácitamente que la Mafia o la ´Ndrangheta dominan la actividad económica del mezzogiorno, razón por la cual la apertura de mercados y concursos, conforme a las reglas dictadas por la Unión Europea, no rigen en la práctica de Roma para abajo.

La Iglesia, factor decisivo en los equilibrios de poder en Italia, y hasta ahora incólume sostén de Berlusconi, arrostra la embarazosa situación de no poder apoyarle más públicamente. Es notorio que en el Vaticano escudriñan a todos los políticos capaces de sucederle, pero de momento siguen sin encontrar a alguien capaz de concitar una adhesión semejante a la que goza el propio Berlusconi. Este, en todo caso, da ya por descontado que los italianos admiten y avalan su presunta corrupción. En más de una ocasión ha manifestado que le tienen envidia y que la mayoría de los italianos ambiciona su puesto para hacer lo mismo. Pero, incluso esa Italia tan tolerante, no admitiría su culpabilidad si llegara a demostrarse que prostituyó a menores. El testimonio de “Ruby robacorazones”, la explosiva siciliana de origen marroquí, puede ser por lo tanto decisivo en el futuro del primer ministro italiano.

A título de coda final, es interesante la investigación de la BBC sobre el origen de la expresión “bunga-bunga”, que Berlusconi ha universalizado como sinónimo de los juegos eróticos en sus palacios y villas de Roma y Cerdeña. Según la televisión pública británica, el origen de la citada expresión se remonta a 1910, cuando el aristócrata Horace de Vere Cole se hizo pasar por el emperador de Abisinia, contactó con el Almirantazgo y les convenció para visitar oficialmente el imponente buque de guerra “Dreadnought”. Disfrazado y acompañado de un séquito de actores, entre los que estaba la escritora Virginia Woolf, De Vere Cole visitó el barco exclamando, él y su falso séquito, “bunga-bunga” como expresión admirativa. Posteriormente, cuando el verdadero emperador de Abisinia visitó Londres, los ingleses que jalonaban la comitiva imperial le saludaban irónicamente con el mismo grito de “bunga-bunga”.

Noticias Relacionadas

Director
Alfonso Pajuelo ( director@icnr.es )

Redacción (redaccion@icnr.es)

  • Juan José González
  • Javier Ardalán
  • Carlos Schwartz
  • Rafael Vidal

Intelligence and Capital News Report ®
es una publicación de Capital News Ediciones S.L.
Editor: Alfonso Pajuelo
C/ Joaquín María López, 30. 28015 Madrid
Teléfono: 92 118 33 20
© 2019 Todos los derechos reservados.
Prohibida la reproducción sin permiso expreso de la empresa editora.

Optimizado para Chrome, Firefox e IE9+

loading
Cargando...