edición: 2578 , Viernes, 19 octubre 2018
29/10/2015
Estabilidad financiera

Los Gobiernos, pendientes de la Fed, desaprovechan el ’impasse’ monetario

Las autoridades pierden una buena ocasión, sin amenazas de inflación ni salarios, para ponerse al día en nuevas políticas postcrisis
Juan José González
Puede ser una buena ocasión para que los Gobiernos aprovechen la coyuntura y preparen nuevas políticas, más sostenibles en todos los ámbitos -monetario, fiscal, presupuestario, social y laboral-. No es fácil encontrarse en una situación en la que, como la actual, los precios de los productos, de las materias primas y los salarios coinciden en una misma alineación: ninguno de los tres factores -inflación, materias primas y salarios- está ejerciendo presión alguna sobre la economía, algo que las autoridades económicas y políticas suelen agradecer en tanto generadores de estabilidad social y económica. Por eso, no estaría mal utilizar este compás de `espera monetario´ para avanzar en otras labores más fructíferas. Una estabilidad que se acaba, condicionada por las decisiones que pueda tomar hoy (o mañana) la Fed.
Cuando todavía no se han explicado los acontecimientos de lo sucedido en los mercados financieros, la crisis de las divisas y China, parece asomarse a la actualidad un nuevo episodio, también con el país asiático como protagonista, pero esta vez con el fondo de la Fed norteamericana. Se mantiene el suspense y con éste la espera de los mercados monetarios, porque permanece en el mundo de las probabilidades la decisión sobre cuánto y cuándo se va a producir un cambio en la política monetaria de la Reserva Federal.

Como si se tratara de una batalla entre dos mundos, Europa se encuentra en medio de ambos, de China y de EE UU, viviendo un nuevo episodio de inestabilidad financiera. El Banco Central Europeo debería dar alguna pista, explicaciones o claves hasta que China dé un nuevo paso en su estrategia monetaria, y mientras se espera una decisión sobre los tipos por parte de la Fed. Del comportamiento de ambos depende la estabilidad financiera en Europa y su ritmo de crecimiento.

No es fácil interpretar el pulso de la segunda economía mundial, China, de ahí que cualquier gesto, novedad o movimiento provoque en las economías occidentales una fuerte reacción y expectación para interpretar o buscar el porqué de la novedad. Es probable que el movimiento, o latido que se pudo sentir en los mercados bursátiles a mediados de agosto, no responda si no a un acto reflejo de los inversores europeos, acostumbrados en los últimos tiempos a este tipo de golpes como fue la caída de la Bolsa china.

En un primer momento, la explicación de las autoridades chinas fue lanzar el mensaje de que la economía del país necesitaba mantener su crecimiento a ritmos de dos dígitos, lo que servía para ilustrar la presión de las autoridades del país, que en aquel momento, el verano pasado, estaban preocupadas porque crecían al 7%. Las respuestas a ese desfase (recordar que China crecía durante décadas por encima del 10%) entre el crecimiento histórico y el actual, motivó la reacción de las autoridades locales, lo que no sirvió, precisamente, para tranquilizar los mercados financieros: Europa entendió que se trataba de las orejas del lobo las que asomaban y puso en revisión sus propias estimaciones de crecimiento, por supuesto, con rebajas de las previsiones.

El movimiento de "defensa de la economía" del Gobierno chino no ayudó a que la Reserva Federal adelantase a septiembre su revisión sobre los tipos de interés. Las autoridades norteamericanas entendieron que si la economía china entraba en fase de desaceleración y las autoridades europeas revisaban sus previsiones para el resto del año, no era el momento para endurecer la política monetaria. En todo caso, el movimiento de las autoridades chinas, primero, y el de Europa después, han propiciado que las autoridades americanas hayan decidido echar el freno de mano y aplazar -como sucedió en septiembre pasado- la revisión al alza de los tipos de interés, en principio, y si hoy o mañana viernes no hay contraindicaciones, hasta finales de año.

En la práctica, el aplazamiento de las decisiones de los bancos centrales, particularmente, la americana, han favorecido el retraso de la recuperación europea y el agravamiento de la situación en algunas de las economías emergentes. Significa también esa demora un compás de espera de la economía mundial en su regreso a la normalidad. Prueba de ello es que en ninguna de las áreas señaladas, como Norteamérica, Europa y las economías más avanzadas, se están moviendo los precios; no hay inflación, como tampoco presión -también de precios- de las materias primas ni tensiones salariales. No deberían dejar escapar la coyuntura para poner en marcha políticas más sostenibles, para enterrar la larga crisis económica y ponerse al día.

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