edición: 3055 , Lunes, 28 septiembre 2020
11/10/2011

Polonia vuelve a respaldar el programa económico y europeista de los liberales

Pedro González
Se ha convertido en la próspera excepción de una Europa en peligro de recesión. Con un crecimiento del PIB previsto este año del 4%, un déficit del 5,5% y una deuda del 55%, Polonia presenta un balance que demuestra sus aspiraciones de convertirse en un país influyente dentro de la Unión Europea. Así lo han comprendido los electores, que por primera vez desde la caída del comunismo en 1989 reeligen al partido político saliente. Los liberales de la Plataforma Cívica (PO) del primer ministro Donald Tusk se han visto así premiados, tanto por las evidencias de su ambicioso plan de infraestructuras y modernización del país, como por su decidida apuesta por su integración en Europa.

Como ocurriera en su día con España, los fondos de cohesión distribuidos por Bruselas están resultando determinantes en la enorme transformación del país, cuyo principal punto débil sigue siendo no obstante una tasa de paro de dos dígitos, 12%, porcentaje que se dobla en la franja que afecta a los jóvenes de 18 a 24 años.

En esa nueva fisonomía de Polonia hay que anotar la irrupción en el Parlamento del Movimiento Palikot, verdadero ganador de los comicios. Su líder, Janusz Palikot, un filósofo de 46 años, antiguo productor de vino y vodka, se escindió de la Plataforma Cívica para crear un movimiento que aglutina tendencias heterogéneas, pero cuyo denominador común es tanto la hostilidad hacia los partidos políticos tradicionales como su denuncia contra los privilegios de la influyente Iglesia Católica. El procedimiento, ajeno a las normales demandas ante los tribunales de Justicia, que la jerarquía católica está utilizando para recuperar las propiedades e inmuebles que le fueran requisados en su día por la dictadura comunista, es ahora la palanca en que se sustenta el populismo de Palikot, y que le convierte de hecho en la tercera fuerza del Parlamento, por delante de los socialdemócratas, hundidos por debajo del 10% de los votos.

Frente a los liberales, la oposición volverá a estar encarnada por los nacionalistas de Ley y Justicia, aunque su fracaso en desbancar del poder a la Plataforma Cívica probablemente lleve a los nacionalcatólicos a buscarse otro líder. Jaroslaw Kaczynski, hermano del fallecido presidente polaco en el dramático accidente aéreo de Smolensk, ha cosechado ya cinco derrotas en los últimos seis años, entre elecciones presidenciales, generales, europeas, regionales y locales. Una serie que puede haber llegado a su fin, una vez comprobado que su futuro político ya no da más de sí. El ex presidente Lech Walesa, cofundador con los Kaczynski del Sindicato Solidarnösc, piedra angular en el derrocamiento del comunismo, señalaba a Donald Tusk y su Plataforma Cívica como “la mejor solución”, y descalificaba algunas de las proclamas lanzadas por Kaczynski y su Ley y Justicia. Como muchos otros polacos, Walesa considera un exceso las acusaciones contra la canciller Angela Merkel “de haber llegado al poder de la mano de la Stasi” (la policía política de la antigua RDA) así como  manifestar una hosca desconfianza hacia las presuntas verdaderas intenciones de Alemania con respecto a la UE, y en especial en relación con Alemania.

En algunos de sus mítines, el líder nacionalcatólico se preguntaba si Merkel no estaría pretendiendo restaurar un nuevo Reich y someter a Polonia. Una borrachera verbal de la que no ha querido retractarse ni disculparse con Alemania, gestos que han provocado una ostensible incomodidad entre muchos de sus propios seguidores. Dueño de sus odios y resquemores y de sus propios y amargos recuerdos, Kaczynski no parece ya el líder más adecuado para olvidar afrentas históricas, echar un velo sobre las injusticias del pasado, tender puentes de consenso y llegar a liderar un país decidido a mirar hacia delante desdeñando el retrovisor. Lo más probable, pues, es que su carrera política esté en vías de concluir.   
Los agrarios del Partido Campesino (PSL), que ya han gobernado en coalición con Tusk durante la última legislatura, repetirán seguramente en la que ahora empieza, tanto por haber mantenido su techo electoral en torno al 8% como por la falta de mayoría absoluta de los liberales, que también han cedido terreno a los indignados, o más bien hartos, electores del Movimiento Palikot.

Considerado a la izquierda de los socialdemócratas, el Partido Campesino contribuye a equilibrar un Parlamento de abrumadora presencia conservadora. Asimismo, concederá estabilidad al gobierno de Donald Tusk, y ambos habrán de aceptar seguramente también la colaboración de Palikot para poder gobernar. Con esa excusa, Tusk podría achacar a las exigencias de este socio necesario la implantación de nuevas leyes, que liberalicen el aborto, la fecundación in vitro, las uniones homosexuales o la paridad de sexos, conquistas hasta ahora imposibles en la nueva y envidiablemente próspera Polonia.

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