edición: 2510 , Lunes, 16 julio 2018
08/06/2017
banca 
Entre cómplices, reguladores y supervisores anda el juego

Popular, la historia trufada del regalo por un euro

Los mexicanos, malos inversores, recuperaron parte de su dinero y el infiltrado amigo hizo bien su trabajo mientras Santander recibe el premio a la constancia discreta y activos limpios de accionistas
Juan José González
Cuando todavía resuenan las palabras de un Luis de Guindos, ministro de Economía, convencido de los superiores niveles de solvencia del banco y seguro de que serán sus accionistas quienes decidan el futuro de la entidad, 312.000 accionistas y bonistas asisten perplejos a la volatilización de un banco de 90 años de edad. Algo debió de fallar en el pronóstico para que el ministro haya errado súbitamente. Tampoco el papel discreto en extremo, se diría que hasta cómplice en la desgracia, del supervisor de los mercados, ha salido ileso del experimento realizado a medias, entre todos, por el ministro, el breve presidente del Popular Emilio Saracho y las autoridades de Bruselas, autores últimos de la fijación del precio -reducción del capital o vaciamiento- del declarado insolvente para su posterior servicio en bandeja al Santander. La escena podría corresponder a esa España cañí diversa, en base al drama nacional de un banco en la ruina, una heredera con su regalo y un pariente casi en el banquillo.
La historia del Popular, en su posterior fase de acoso y derribo, se ve marcada por el sello de las dudas, las zonas oscuras, las luchas internas de accionistas-especuladores de control, un desvergonzado ministro, la hipocresía institucional de un supervisor taimado y un infiltrado y viejo amigo que sirve en bandeja de plata el regalo de un banco a la heredera banquera. Mientras insiste el ministro en convencer al pueblo que el regalo saldrá para todos a buen precio, en especial, al receptor, ya trabajan casi a destajo despachos legales y asociaciones de accionistas que serán los encargados de demostrar a las autoridades que la solución oficial aplicada al Popular no le saldrá gratis a los contribuyentes españoles. Lo que equivale a asegurar que banco Popular ha sido un regalo del pueblo español a los accionistas y propietarios del Santander.

Lo cierto es que la crisis del banco, con independencia de las nefastas decisiones de sus gestores, a la postre, catastróficas, que aseguraron la ruina de la entidad, es una combinación perfecta de despropósitos que han quedado en evidencia con su resolución y venta a, al parecer, mejor y único postor: Banco Santander. La combinación endiablada de dos elementos parece estar en el origen de la etapa final del banco, del mate y posterior remate de la entidad a cargo, por un lado, de unos accionistas -los mexicanos- que eligieron mal la pieza y de un liquidador a tiempo parcial (seis meses) con buen currículum y viejo amigo de la ganadora final del premio.

Se podría hablar de una trama que habría actuado en dos planos diferentes: por un lado, los mexicanos rabiosos por recuperar una inversión fallida y los movimientos en el mercado de cortos, y por otro, la aplicación del método Saracho para conducir a un lacerante Banco Popular hacia la nada, al cero absoluto. Si este era el objetivo de la trama combinada, el resultado, todo hay que decirlo, ha sido un éxito. Asunto bien distinto es el relato oficial que ofrecen las partes; el ministro cómplice, el supervisor pasivo que tolera, el infiltrado que hace su trabajo, coge el dinero y corre y, finalmente, la aceptante, feliz y contenta, todo un pelotazo. 

Relato o versión interesada que unido al misterioso acto de otorgamiento -que el ministro, la banquera y el infiltrado llaman venta- del MUR, el organismo que resuelve su ejecución, termina siendo recogida por los medios. Posteriormente a la adjudicación al Santander se dirá que éste ha contado con varios aliados. Y es cierto porque todos lo han sido en grado similar, casi funcionando como un equipo perfectamente coordinado.

Quién iba a decir que el mecanismo único europeo de resolución de entidades bancarias se estrenaría con el Popular cuando los candidatos al bautizo abundaban en Alemania e Italia, por no citar casos aislados en Portugal, Grecia, etc... Es probable que la jugada de servir en bandeja a la institución europea una crisis como la del Popular pueda ser aprovechada por el ministro de Economía Luis de Guindos pues, desde esta óptica el lucimiento y visibilidad que representa liquidar un banco en 24 horas sirve para presumir al MUR, al BCE y a Bruselas de la eficacia institucional.

Seguramente De Guindos pasará factura más pronto que tarde, aunque más le vale que le salga bien la jugada y consiga un puesto en alguna institución europea de control, una de esas donde se decide que sea un banco español y no uno alemán o italiano el que sirva de cobaya para explicar al resto de la Unión lo que se hace a partir de ahora en Bruselas con los bancos insolventes.

Demasiados puntos oscuros. Uno de ellos es el correspondiente al terreno de las valoraciones. Y oscuro es el experto -del que se desconoce la identidad- de una misteriosa firma independiente que valoró los créditos dudosos y los riesgos por aflorar del Popular, ocultados, o mantenidos en la sombra, por los últimos gestores del banco pero que concluyeron con cifras cercanas a los 8.500 millones de euros. Un directivo implicado en la operación señala al respecto que eran cifras "inasumibles", no aptas para `amateurs´. Fue el instante en el que se descolgaron BBVA y Bankia.

Otro punto, quizá el que más misterio puede suscitar, tiene que ver con el procedimiento, con el método utilizado en la ejecución del mecanismo de resolución, al parecer, incluso desconocida su divulgación entre los expertos jurídicos, como nueva técnica que, de forma instantánea, sin informes ni debates previos tiene la virtualidad de eliminar de un único golpe los derechos jurídicos y financieros de bonistas y accionistas.

En el Popular, el aserto que reza sobre las crisis bancarias, según el cual aquellas se producen sin tiempo para la especulación, resulta ser falso. Desde el pasado mes de enero, momento en el que la crisis del banco era pública y notoria, la actividad en la negociación bursátil registró niveles nunca vistos en la Bolsa española, ni siquiera comparables a las crisis bursátiles que terminaron con Pescanova o Abengoa fuera del mercado bursátil.

Capítulo aparte, mención de honor a la especial habilidad institucional para tirar la piedra y esconder la mano, es para la CNMV. El supervisor se comportó en el vía crucis Popular "como un doliente afectado de bipolaridad" que diría un experto. Si allá por el mes de noviembre los controles de la CNMV se activaban en modo alarma debido a la fiesta que se traían varios millones de títulos del banco (el 8,6% del capital del Popular) en el mercado, operando a todo trapo a corto (como se sabe, venta de títulos cuando la cotización de estos desciende) decidiendo el supervisor poner en marcha una investigación, el paso del tiempo, como la titularidad del alegre 8,6%, no fueron comunicados al público ni sancionados los posibles infractores en tanto que la ley prohíbe las ventas de títulos que no están en poder del inversor.

Las posiciones bajistas registraron esos días de noviembre pasado cifras anormalmente altas, récord en el mercado y hasta entonces desconocidas en el histórico de las cotizadas del Ibex 35. Eran meses de lucha a cara de perro entre el accionista principal del banco, el grupo mexicano liderado por Antonio Valle, que controlaba el 4,25% del capital y cuyos títulos no estaban depositados en España. Y la lucha para recuperar al menos una parte de los 450 millones invertidos en el banco por el mexicano tenía como objetivo alcanzar una fusión con otro banco. 

Al final, nada se supo de la investigación abierta de la CNMV por las posiciones cortas, ni de la titularidad de los especuladores. Tan sólo algunas pistas bancarias que dejaron constancia de la operativa y que apuntan a un grupo potente de inversores que en los últimos cinco meses parecen haber recuperado una parte sustancial de la inversión inicial. El silencio administrativo del supervisor parece haber funcionado como un indulto al infractor, que en este caso habría conseguido su objetivo. 

A partir de ahora habrá que hacer seguimiento en los próximos meses de las decisiones de Santander sobre ajustes de personal y oficinas, si bien la presidenta ya avanzó que, al ser complementarias las dos entidades no serán necesarios cierres de oficinas ni tampoco mandar a gente a su casa. Santander cuenta en España con 2.881 oficinas y 1.779 la red del Popular. Y mientras la plantilla del primero en España es de 22.900 empleados, la del Popular es de 10.634. En la línea de declaraciones diplomáticas, para la galería, queda demostrar la supuesta complementariedad apuntada por la presidenta Ana Botín. Lo cierto es que, claro que habrá ajuste, seguramente antes de agosto puesto que las reestructuraciones no salen gratis -horas de consultoría, asesores jurídicos...- en total unos 1.400 millones de euros dedicados a un ajuste que producirá ahorros significativos al final del tercer año de la absorción.

Se abre ahora una etapa, tan larga como seguramente farragosa, de rendición de cuentas, cuentas en forma de responsabilidades en el campo de batalla judicial, reclamaciones de accionistas obviamente frustrados, bonistas de similar guisa y demás familia acreedora, todo un terreno abonado para la carga y descarga de unos, como para la defensa del ataque de aquellos a cargo de despachos legales, expertos mercantilistas, a cargo de consejeros y directivos de la entidad vendida.

En cualquier caso, las demandas judiciales y reclamaciones económicas, que se prevén numerosas -superiores a las del caso Bankia- contarán con la dificultad de los elevados costes jurídicos además de la añadida en tanto que la instancia es una institución de ámbito jurídico europeo con sede en Bruselas. Se da por hecho que la respuesta a las reclamaciones de accionistas y bonistas no se producirá con tanta celeridad como la venta exprés del Popular. Otro capítulo, sin duda, con emoción asegurada será el relativo a las malas prácticas contables -que de todo ha habido en estos meses- y de algún asunto del pasado menos reciente pero no olvidado como la financiación de la macro ampliación de capital y la adquisición de autocartera. Aunque seguramente el tema de la venta del Popular al Santander hará correr ríos de tinta. 

Triste epílogo para el banco de 90 años que pasa a la historia de la forma menos deseada, como aquel que fue en su día modelo mundial de rentabilidad y ahora convertido en primera piedra del proceso de resolución bancaria europeo.

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