edición: 2763 , Jueves, 18 julio 2019
07/06/2011

Portugal encarga a la derecha la gestión del ajuste duro

Pedro González
El socialista José Sócrates aspiraba a una derrota digna. No ha sido así porque el pueblo portugués ha desmentido a las encuestas que preconizaban un empate técnico con ligera ventaja del centro derecha encarnado por el Partido Socialdemócrata (PSD) de Pedro Passos Coelho. Su cosecha del 40% de los sufragios le permitirá reeditar el pacto con el derechista Centro Democrático Social (CDS) de Paulo Portas, que ya en 2002 desalojara del poder al Partido Socialista. En aquella ocasión Antonio Guterres, consciente de la derrota que se le avecinaba, eludió presentarse y se refugió como secretario general de una Internacional Socialista venida a menos. Sócrates ha preferido en cambio cargar él solo con la responsabilidad de la debacle, anunciando la lógica convocatoria de un congreso extraordinario que renueve la dirigencia de las huestes socialistas, a la que él ya no aspirará, concluida una dedicación a la actividad política que se ha prolongado por espacio de 23 años.

La primera conclusión que cabe extraer del análisis de los resultados es que el pueblo portugués ha otorgado su aval al durísimo plan de ajuste exigido por la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Negociado por el Partido Socialista, el acuerdo también había sido aceptado por el PSD y el CDS. Estos últimos, que ahora formarán previsiblemente una coalición de gobierno, han dejado caer sus dudas respecto de que el PS, una vez pasado a la oposición, siga apoyando tan dramáticos recortes al Estado del Bienestar, y caiga en la tentación de unirse al bando de la ultraizquierda y de los sindicatos, preconizadores de un rechazo frontal a lo que consideran “imposiciones exteriores” de la UE y del FMI.

Ambas instituciones acordaron prestar a Portugal fondos por valor de 78.000 millones de euros a cambio de un ajuste que conlleva ineludiblemente brutales recortes sociales. Se le puede llamar como se quiera, pero es evidente que la atención médica y sanitaria universal y gratuita pasará a la historia. Las nuevas fórmulas que busque el nuevo gobierno de Passos Coelho insistirán más en su edulcoración semántica que en el fondo del asunto, ya que todos dan por descontada la inevitabilidad del recorte.
 
También sufrirán una rebaja sustancial las prestaciones por desempleo, que hasta ahora podían llegar hasta los tres años. Passos Coelho decretará seguramente que tales subsidios no sobrepasen nunca los 18 meses, e incluso que el montante máximo  a percibir por los más afortunados no supere los 1.048 euros. El paro afecta en Portugal al 12%, un record para el país, que se incrementará casi con toda seguridad al menos en otros dos puntos más. El número de funcionarios estatales y locales se reducirá entre un 1 y un 2%, además de asestar un tajo a las pensiones que perciben los más veteranos para que no superen los 1.500 euros. Una situación, que unida al resto de datos macroeconómicos, hace prever tanto a la UE como al FMI que Portugal tendrá un crecimiento económico negativo del 2%, rectificando las anteriores previsiones del 0,9%.

El triunfo de Passos Coelho fue acogido con satisfacción por los mercados internacionales, que ayer rebajaron los intereses de la deuda lusa. Ahora están pendientes del imprescindible plan de privatizaciones con el que acometer la reducción del déficit público. El dimisionario gobierno socialista se había comprometido a dejarlo en el 3% en 2013, siempre y cuando se cumpla su propia hoja de ruta, en la que estaba estipulado que este mismo año 2011 se rebajara del 9,1% a un máximo del 5,9%. Solo si se cumplen las desinversiones del Estado en los grandes sectores será posible alcanzar tales magnitudes, es decir si se privatizan prioritariamente las eléctricas EDP y REN y la aerolínea de bandera TAP. Es posible que ni siquiera eso sea suficiente, por lo que habrá que ampliar la lista hasta otras entidades, como por ejemplo la Caixa Geral de Depósitos, la compañía petrolera Galp, la gestora de aeropuertos ANA y tal vez la tradicional de Correos y Telégrafos CTT.

Es obvio que lo sucedido en Portugal tendrá repercusiones en España, cuyo gobierno socialista se ha convertido ya en una rareza entre los países más importantes de la Unión Europea. Empresas españolas acudirán seguramente a las privatizaciones, aunque deberán extremar sus cautelas, siquiera sea para que el empobrecido pueblo portugués no las perciba como botín de codiciosos conquistadores que se aprovechan de su desgracia.

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