edición: 2612 , Lunes, 10 diciembre 2018
16/11/2012

Preocupación en España e Italia por los próximos rating

Las calificadoras han moderado sus opiniones y las expresan con mayor tacto pero no se pueden soslayar las influencias externas
Alemania logró que Moody´s asestara a Portugal (rebaja de cuatro escalones) el golpe final para la intervención
Juan José González

El devenir de la crisis financiera ha terminado por dejar al descubierto algunos de esos dilemas que pasan inadvertidos en épocas de bonanza: el dilema de las agencias de rating. Sobre el terreno, se trata de sociedades privadas, independientes y con ánimo de lucro. Cuentan con todo el derecho a la libre expresión de sus opiniones, amparadas por derecho y en los últimos tiempos, a partir de 2007, más reguladas por los tribunales que en distintos mercados han avalado o censurado su actividad cuando han surgido dudas objetivas. Pero, al parecer, y desde el mismo inicio de la crisis, a las agencias crediticias les siguen los pasos, y cada vez más cerca, los Estados, esos destinatarios últimos de los efectos (los afectados) por las "opiniones" de las calificadoras. Opiniones que han ido poco a poco sumando enemigos, Estados soberanos descalificados, con mayor o menor riesgo de impagar deudas. Estas opiniones son manifestación de libre la expresión y funcionan en la práctica como dictámenes vinculantes con consecuencias directas. 

Ahora una ciudad del sur de Italia (Trani) acaba de cruzarse en el camino de las calificadoras, en el de sus prácticas y así, las agencias S&P y Fitch, son acusadas por el fiscal local italiano por un supuesto delito de manipulación de mercado. Pero la actualidad se complica con la entrada en escena de Luc Coene, el consejero belga del BCE que estima que el rescate a España es inminente, toda una provocación para que las agencias de rating regresen a primera línea de combate.

La fiscalía de la ciudad italiana habla de "artificios" puestos en marcha entre mayo de 2011 y enero pasado, con el objetivo de difundir la calificación de la deuda soberana de Italia. Aclara, además, que dichos artificios son los "idóneos para provocar una desestabilización de la imagen del país en los mercados financieros, una alteración del valor de sus títulos de Estado y un debilitamiento del euro". El fiscal menciona también "información tendenciosa", "desincentivación en la compra de títulos", "manipulación de mercado", "alteración de precios", acusaciones en este caso a S&P y Fitch, que tomadas así, por separado y fuera de contexto son de la máxima gravedad, sólo superadas si como consecuencia de la rebaja de un escalón en la deuda italiana se hubiera producido una muerte, o dos, o quién sabe.

La iniciativa de la fiscalía parece estar recogiendo el clamor popular de los gobernantes, de esos ministros de Economía y sus presidentes de Gobierno que tan a menudo reciben las malas noticias de las cuestionadas calificadoras. Clamor que comparten buena parte de la ciudadanía, empresas y clase política. Puede que estemos ante uno de esas causas capaz de motivar la unión imposible entre poder político, empresa y sociedad. No se trata en esta ocasión de una acción aislada y repentina, consecuencia de un acaloramiento puntual. Se trata de la investigación de unos hechos que se produjeron hace más de un año y desde entonces los investigadores no han dejado de realizar registros y pesquisas de todo tipo para lograr verificar las denuncias contra las calificadoras mencionadas, en este caso, S&P y Moody´s.

Sin embargo, algo parece haber comenzado a cambiar en los últimos meses. Las agencias de rating parecen haber adoptado un perfil más bajo, mayor prudencia en sus informes, mayor mesura en las opiniones y sobre todo, mayor tacto en las apariciones en escena de sus comunicados. Es posible que las tres sociedades más conocidas en el mercado, S&P, Moody´s y Fitch hayan llegado a la conclusión (unidas o por separado) de que su práctica habitual -business as usual- no era, precisamente, el mejor camino para seguir adelante. Se trataba de un camino peligroso en el que las agencias no parecen haber medido la potencia de frenada y que como resultado no ha logrado evitar precipitarse en numerosas rebajas de calificación.

Seguramente perdurará en el recuerdo de los portugueses la rebaja de la nota de Portugal otorgada por la agencia Moody´s: nada menos que cuatro escalones de golpe, golpe que hundió la moral de gobernantes, empresarios y ciudadanos de un país que, por lo demás, ya conocía el veredicto de la Unión Europea, que no era otro sino la intervención total, el rescate soberano. Un capítulo similar al portugués fue el que interesó la nota de la deuda española, evento que en dos ocasiones, una en 2012 y otra en 2011, estuvo a punto de producir un caos en los mercados de deuda y de renta variable españoles. En Italia estuvieron muy cerca también de causar una debacle cuando las dos calificadoras asestaron un duro golpe, primero a Berlusconi y más tarde a Mario Monti.

Ahora el principal riesgo de algunas economías instaladas en el borde del precipicio, España e Italia sin ir más lejos, es la salida a escena de alguna de las calificadoras citadas. El mismo temor que el mes pasado recorría Irlanda, es el que puede estar planeando hoy o mañana sobre los dos temerosos socios europeos. De ahí que interese ahora más que nunca que las agencias extremen la mesura en sus trabajos, valorando de la forma más adecuada sus notas, sin influencias de terceros como cuando Alemania presionaba para poner fin a la situación portuguesa (y logró que solicitase el rescate) o las presiones de ayer de Luc Coene, consejero belga en el BCE, para que España solicite de una vez el rescate.

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