edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
17/07/2009
Sacaría a algunos ayuntamientos de la bancarrota

Presiones para reeditar el ‘Plan E’

Propiciará un cambio en el modelo de financiación
Juan José González

Casi medio millón de contrataciones, 31.000 proyectos y 8.000 millones de euros, no parecen malas cuentas para un balance, sobre todo cuando estas cifras son promovidas, motivadas, impulsadas… llámese como quiera, por el Estado. El instrumento que fue capaz de poner en marcha las patas de ese balance es Fondo de Inversión Local, una pieza muy publicitada que dejaba bien claro –y bien grande- que hasta los miopes podíamos distinguir en la distancia. La munición gubernamental causó sensación. En la izquierda –por supuesto- y en la derecha también –con la boca pequeña-. Ayer tarde un grupo de regidores de ayuntamientos de plazas muy representativas, del PSOE y del PP,  y con muy elevado nivel de inversión en sus territorios, preguntaron abiertamente al presidente del Gobierno, si tenía en mente el segundo fondo, la reedición del Plan E, visto el éxito y el movimiento que ha supuesto el primero.

La contestación no fue directa al clavo, fue más bien esquiva, diplomática. En el Gobierno no esperan que sea necesaria una segunda edición del exitoso plan, dicen que no hace falta y lo justifican; existe el convencimiento de que la política económica esta preparada para responder a cualquier asunto que se presente tras el verano, momento en que las medidas anticrisis ya se encuentren totalmente agotadas. La realidad indica que la ausencia de contestación del presidente del Gobierno a los regidores en cuestión, tiene que ver con la estrategia y el tiempo político antes que con la sensación de haberle pillado sin contestación.

Si hubiese confirmado una segunda edición del fondo, es más que probable que muchos de ellos hubieran paralizado las obras en curso o aplazaran unas cuantas, las de mayor presupuesto de ejecución. Si hubiese negado la reedición correría el riesgo de tener que rectificar a medio plazo. Por eso la contestación diplomática, salida de la chistera, sume a los responsables locales en la incertidumbre, que posiblemente es de lo que se trataba, y deja bien claro que el Ejecutivo no tiene dudas acerca de la evolución positiva del empleo para el próximo año, lo que justifica que no vaya a ser necesario otro segundo plan E, una sensación distinta a la que tienen la mayoría de los alcaldes, para quien la crisis será global pero el paro suele ser local.

En todo caso, por encima del resultado que muestra el balance del Plan E, la experiencia de este mecanismo deja al descubierto alguna conclusión, también muy positiva. En primer lugar, queda patente la celeridad y velocidad en la respuesta cuando media cantidad en el negocio. En segundo lugar, demuestra que cuando de resolver problemas se trata no hay color que imponga la razón, se resuelven los problemas y ya está; da igual que se trate de una corporación del PP que del PSOE, dando los representantes del pueblo una auténtica lección de eficacia en la gestión, si se viene con la liquidez por delante. Y en tercer lugar, la eficacia administrativa de los ayuntamientos de España, haciendo gala y demostración sin igual de capacidad de respuesta rápida a los problemas de los administrados, llena de satisfacción a la par que de seguridad a los ciudadanos.

Porque ¿cuándo se ha visto en la historia contemporánea que en apenas quince días laborables se hayan tramitado 8.000 millones de euros, utilizando procedimientos telemáticos y prescindiendo de ventanillas, timbres, sellos, papeles y más papeles? Todo un ejemplo de Administración que oculta el verdadero potencial, que lo esconde bajo esos timbres y procedimientos que usan a diario, haciendo que todo funcione en cámara lenta (si no hay dinero, como en el Plan E, por medio) pero que al tiempo se pueda decir que, cuando queremos, vaya que si podemos. Incluso la ley aprobada sobre la administración electrónica se ha quedado atrás con la operativa del Plan E. En fin.

Pero la aportación de mayor interés para la economía, los ciudadanos y la Administración en sus tres niveles, es la que indica la posibilidad de que aprovechando esa magnífica disposición de esos tres niveles señalados, se podría llegar a cambiar el modelo de financiación local. La idea parte de que en los próximos dos años las tasas e impuestos de los ayuntamientos, los ingresos municipales, ya no van a estar vinculados a las actividades relacionadas con los distintos usos del suelo con la misma intensidad que en el pasado, y que por tanto, la financiación de los ayuntamientos será distinta porque no estará ligada a la especulación del sector inmobiliario. Aunque para esto serían necesarios muchos planes E.

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