edición: 2827 , Jueves, 17 octubre 2019
30/06/2016
El Banco de Pagos Internacional protagonista
Sede dek Banco de Pagos Internacional, en Basilea

Primer movimiento institucional contra la política monetaria

Ni la economía mundial está tan mal ni los tipos de interés pueden mantenerse tan bajos por tanto tiempo
Juan José González
Reacción institucional abanderada por el Banco de Pagos Internacional para llamar la atención sobre la necesidad de dar un golpe de timón a las políticas económicas dominantes. Entiende el organismo que el culpable de la situación actual es el modelo de crecimiento basado en la deuda. Pero la deuda ha dejado de ser un sustituto de otras herramientas para el aumento de los ingresos. En otras palabras, la monetaria de bajos tipos de interés debe ser sustituía por otras políticas, entre otras razones por que la deuda mundial ya supera el 250% del PIB mundial y porque ya resulta innecesario, habida cuenta que la economía mundial muestra que no está tan mal como suelen afirmar algunos gobiernos. No hay que descartar que las instituciones supranacionales, el BPI entre ellas, esté convencido de que el nivel de deuda mundial no sólo es insostenible, sino además impagable.
Las deudas acaban al final por convertirse en verdugos. La situación de endeudamiento global no deja lugar a dudas: si en 2007, inicio de la crisis, la deuda mundial, suma de la pública y de la privada, era de unos 100 billones de dólares, ocho años más tarde supera los 150 billones. La carrera no termina ahí si no que continua ofreciendo nuevos registros, como es el de la deuda pública, que ya ha superado los nueve billones de dólares en los seis meses transcurridos del año, un motivo de preocupación que ha disparado las alarmas en los banco centrales e instituciones financieras, puesto que el aumento en ese período de tiempo se desarrolla en un escenario con tipos de interés negativos.

Las alarmas suenan con mayor insistencia en la medida en que se amplía el horizonte para los tipos de interés negativos, crece la deuda pública, se mantiene al alza también la privada y los hogares parecen seguir en la misma dirección. Se mantienen las compras de títulos de deuda pública por parte de las entidades bancarias que, por otro lado, no pueden mejorar sus márgenes habida cuenta de los interese negativos de la deuda pública. Es un círculo vicioso que está deteriorando a mayor velocidad los balances bancarios. En el caso de España, sirva de consuelo que la deuda pública con tasas de interés negativo alcanza tan sólo tres años, muy lejos de los 10 años de la deuda alemana o la exagerada de 15 años de China.

Pero es el juicio del BPI sobre la economía el asunto que reclama mayor atención porque en su opinión ya no está tan mal como recogen los informes macro de los organismos y de algunos gobiernos y porque es probable que el crecimiento mundial esperado (sin contar con el Brexit) del 3,2% anual sea suficiente como para terminar con la política monetaria aplicada hasta hoy. La recuperación, con ser escasa y limitada, debe acostumbrarse a vivir con un crecimiento como el previsto y que, según el BPI se encontraría muy cerca de los promedios históricos, a pesar de las bajas tasas de interés.

El llamamiento a los bancos centrales y a los gobiernos para afrontar los problemas económicos con menos dependencia de los tipos de interés bajos y negativos se convierte en el principal grito de la reclamación mundial en contra de la política monetaria actual. Una bandera reivindicativa que nace en el BPI, precisamente, la institución en la que se dan cita los 60 bancos centrales más influyentes del mundo. Luego habrá que entender que la postura de la presidencia de la institución (Jaime Caruana) no es a título individual sino que recoge el interés y las opiniones mayoritariamente favorables de los representados. Una postura consciente de que una banca mejor capitalizada y solvente puede prestar más crédito a un mercado con mayor capacidad de crecimiento.

Reacciona el BPI, como también lo hace el FMI, la OCDE y algunos países con escaso peso en el concierto mundial, en contra de la persistencia de unos tipos de interés que se muestran lesivos para las finanzas, perjudiciales para las entidades bancarias. Y surge ahora ese lamento institucional antes por la necesidad de ayuda y auxilio que reclama el sector financiero (que no hay porqué negar) que por la urgencia en mejorar las condiciones de la economía y así la mejora del mercado laboral. Siendo obvio que una mayor actividad económica se debe corresponder con un mayor nivel de empleo, quizá el BPI (y el resto de instituciones) deberían haber mostrado más reflejos en su reacción y evitar el deterioro financiero provocado por una política monetaria que ellos mismos han amparado.

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