edición: 2490 , Lunes, 18 junio 2018
03/02/2010
La semana pasada, los CDS marcaron valores próximos a la quiebra

Primeros episodios de ‘pánico vendedor’ en el mercado de deuda

Los financieros reprochan que el Gobierno “no defienda las posiciones”
La banca española cree que el impacto del riesgo país en sus cuentas será inevitable
Juan José González

Los mercados huelen sangre; es cuestión de instinto y hasta de propensión. España se revuelve en Davos, en media Europa y donde haga falta, pero no es suficiente. Países vecinos, socios europeos, además de varios organismos internacionales, como FMI y OCDE, acaban de mirar los problemas de la economía española con mal ojo, y si Japón y EE UU están pasando un mal trago, qué no va a pasar en Europa con los más débiles. En este grupo vive instalada España desde hace varios meses, y cayendo, a la baja. La presidencia de turno europea esta dejando al descubierto que el Gobierno esta más preocupado de la imagen que proyecte España sobre el mundo, que lo que el mundo proyecte sobre España. Un juego político esta convirtiendo el fuego enemigo sobre Grecia en avisos de próximo fuego, también enemigo, sobre España. En realidad, los dardos de los medios y grupos de presión anglosajones sobre el país heleno, tienen otro destino: España.

Fuera de las cámaras, de las que dibujan una imagen paupérrima de los gobernantes españoles, con dificultades, incluso de idioma, se viven capítulos intensos de actividad financiera que ponen los pelos de punta a nuestros banqueros, al primero, al segundo, a los medios, a todos. Y también a los empresarios industriales. Si el jueves pasado se vivió una de esas tardes de fuerte actividad en las mesas internacionales de divisas y deuda, la del lunes no resultó menos grave: no es la primera jornada en la que se vive eso que denominan los expertos “pánico vendedor” en el mercado de bonos. Es algo así, explican en una mesa de contratación, igual a una pequeña gripe que luego se transforma en pandemia y más parte se le asigna un nombre propio, ‘A’, por ejemplo.

En el negocio de la deuda, en los mercados de deuda, la tragedia de Grecia tiene una dimensión infinitamente mayor que la que se percibe en los medios de comunicación e, incluso, que la percibida por la clase política, a mucha distancia de comprender que la semana pasada España llegó a superar como no lo había hecho nunca, los 100 puntos básicos en el diferencial de rentabilidad de la deuda. La rentabilidad del bono español a diez años subía y alcanzaba el viernes el 4,110%, en línea con el italiano y frente al alemán, situado en el 3,196%. Esta situación, ha llegado ya a la banca, a pesar de que en un principio se daba en la dirección contraria, y ahora son las entidades financieras las que contemplan y sufren ese riesgo país más cerca.

Los grandes bancos preparan estos días sus sistemas para actuar en función de la evolución de los CDS. En las últimas jornadas, Santander y BBVA vienen constatando un mayor temor del mercado, como demuestra la subida del CDS en un 88%, un aumento que para algunos operadores del mercado indica que nos encontramos en la antesala de una nueva fase de la crisis financiera. Los indicadores apuntan a valores de CDS próximos a la quiebra, un dato objetivo, que no político, reflejo de los temores sobre la economía griega, la incertidumbre respecto a la economía china y los tambores de guerra de los gobiernos con sus armas de nuevas regulaciones, exigencias y límites destinados al sector financiero, sobre el que pesa la fuerte amenaza de una creciente intervención.

Las presentaciones que de los resultados del pasado ejercicio hicieron las dos últimas semanas, sirvieron para tomar en cierta medida el pulso a los principales responsables del sector. La tónica general muestra su preocupación por ese contagio que están sintiendo en diversas zonas del negocio bancario, al tiempo que se añade una crítica, también compartida, sobre la insuficiente acción de gobierno en defender unas posiciones económicas mejores que Italia, Portugal, Irlanda, Grecia, e incluso, hasta mejor que Reino Unido en algunos indicadores.

Y mientras tanto, los bancos se muestran más preocupados por la ‘peste’ normativa que a modo de pandemia amenaza a la comunidad financiera. Cada uno a lo suyo, como las agencias de calificación, que a la vuelta de la esquina pueden terminar por poner la puntilla a una situación casi insoportable para algunas cuentas de resultados. En esta ocasión, una rebaja de la perspectiva de la deuda española obligaría a adoptar medidas económicas más contundentes –reducción de salarios, subida de impuestos o copago de sanidad…- que la liviana propuesta de ampliar la edad de jubilación hasta los 67 años, por lo demás necesaria, por dolorosa que resulte.

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