edición: 2594 , Martes, 13 noviembre 2018
08/01/2010
Modelos alemán y francés para limitar la salida de funcionarios
Miguel Ángel Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España

Primeros pasos para revisar el régimen de incompatibilidades de los inspectores del Banco de España

El fichaje de Piñán por el Santander no se considera ‘hostil’ en el sector
Juan José González

Se acabó eso de trabajar “codo con codo con nuestros contables” como viene señalando Emilio Botín, presidente de Banco Santander, en sus últimas intervenciones públicas, cuando le preguntan sobre la supervisión de los inspectores del Banco de España. Lo cierto es que el fichaje de José Piñán, responsable de regulación financiera y normativa del Banco de España por Banco Santander, donde oficiaba de jefe de equipo de uno de los tres grupos integrados por los 59 funcionarios del Banco de España que ‘viven y trabajan’ de forma permanente en Boadilla, ha causado un revuelo que va más allá del simple ‘paso al enemigo’ de uno de los de Cibeles. Mucho más allá. Desde acusaciones al banco privado sobre prácticas contrarias a la ética profesional, hasta la cuestionable independencia del supervisor, pasando por las remuneraciones, parece que desfasadas, del cuerpo de funcionarios públicos de la inspección. De todo se ha escuchado en las últimas semanas al respecto por el cambio de filas de este cualificado funcionario público.

Como si fuera la primera vez, el 26 de noviembre sonaron las alarmas en varios departamentos del Banco de España, y del Ministerio de Economía también, tras haber comunicado el Santander el fichaje del inspector José Piñán como responsable de regulación financiera y normativa contable del grupo bancario privado. La reacción discreta y silenciosa del Gobernador del Banco de España –de comedida sensatez- ha suscitado en el sector financiero la posibilidad de que el fichaje fuera realizado entre las dos cúpulas –Santander y supervisor- dentro de la máxima cordialidad y camaradería debida entre supervisor y supervisado, entre el primer grupo bancario español y su Banco central, con la particular atenuante de que se trataba, no de un fichaje sino de una sustitución mortis causa, puesto que Piñán sustituirá (a partir de marzo) a José María García Tubio, fallecido e igualmente procedente de la plantilla de inspectores del Banco de España.

Por otra parte, incluso dejando bien claro que no es la primera vez que se produce un fichaje de este tipo, las empresas privadas cuentan con la libertad suficiente como para realizar contrataciones en un mercado libre, sin perjuicio de que exista una limitación que impidiera contratar a un funcionario público cualificado. Y aquí es donde comienzan a moverse los servicios jurídicos del Banco de España y del Ministerio de Economía, para echarle un vistazo a una regulación que ahora (a buenas horas mangas verdes) les parece demasiado laxa, y ante la cual se quiere reaccionar promoviendo algo así como una especie de régimen de incompatibilidades al estilo de la normativa francesa o alemana, con el fin de limitar el flujo de funcionarios de la inspección pública a la práctica privada.

Recordar aquí que no hace mucho tiempo, un alto cargo del Banco de España mostraba su inclinación hacia la conveniencia de que ese flujo entre el Banco y las entidades privadas supondría poner en valor la independencia política de los inspectores, lo que elevaría al tiempo su prestigio profesional y también social. Desde medios financieros es mayoría la opinión que ve en esta aseveración la principal razón para ‘permitir’ el paso del supervisor Piñán al supervisado Santander. Otro asunto es que desde el sector público se quiera aprovechar el movimiento para darle unas vueltas a la regulación de las incompatibilidades de altos cargos para incluir en un paquete de reformas de las que el Banco de España esta ciertamente necesitado.

Por otro lado, en las últimas reuniones del G-20 se han escuchado algunas opiniones sobre el creciente problema de las ‘capturas regulatorias’ de moda en los dos últimos años y cuyo origen se encuentra en el principio mismo de la crisis financiera actual. Los cambios en EE UU, o flujos de funcionarios, entre destacados responsables de Goldman Sachs a la FED (Dudley) o hacia el Tesoro (Paulson), incluso el presidente de JP Morgan Chase, etc, etc, son un ejemplo, y no precisamente bueno, de que ese flujo de inspectores desde la supervisión hacia el sector privado puede complicar la independencia de los organismos a los que representan para tomar decisiones en contra de las entidades privadas. Y con todo esto se pretende acabar consensuando una regulación de principios generales orientados a preservar la independencia de los supervisores respecto a los sectores financiero y político.

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