edición: 2559 , Viernes, 21 septiembre 2018
22/12/2009
Dice qué pero no cómo

Propuestas del Senado para acabar con el déficit público

Reformar pensiones, el sistema de sanidad público y, por supuesto, la Administración

Juan José González
El Ministerio de Economía y Hacienda no se esperaba que la solución a los principales problemas que tiene la economía española, la tuvieran en su mano los senadores que hace unos días le remitieron al Gobierno una Enmienda Transaccional que es digna de ocupar un sitio de honor en el capítulo de los despropósitos de Sus Señorías, en el ejercicio de la noble función de representantes politicos del pueblo. A los senadores no se les ocurrió otro asunto más edificante que aportar una serie de medidas para reducir el deficit público, una batería bienintencionada, desde el punto de vista del sentido común, de acciones sobre aspectos de la actividad económica, que es difícil que cualquier gobernante, de la tendencia que sea, diga que no esta de acuerdo. Con todo, después de apuntar certeramente el qué de los asuntos –reducción del déficit público y las medidas que para ello se proponen- se olvidaron de lo sustancial, el cómo.

A la responsable del Ministerio de Economía no le ha parecido bien y su segundo, Campa, no salía de su asombro al leer la Transaccional. Se trata de ocho propuestas, ocho, que la Cámara Alta española sugiere al Gobierno a modo de medidas, orientadas a resolver ese problema de moda, mal de muchos y consuelo de nadie. Los senadores plantean una propuesta seria de impulsar la consolidación fiscal como vía que haga possible el saneamiento de las cuentas públicas, algo que cuesta trabajo entender porque se desconoce el objetivo de la demanda; ¿qué piden, una reducción del gasto o que aumente la recaudación?

No lo dicen, como tampoco el cómo, lo que sí esta claro es que para sanear las cuentas hay que reducir el déficit, algo en lo que seguramente ya habían caído ministra y secretario de Estado. Porque los senadores a la hora de proponer ‘soluciones’ no se quedan cortos; quieren –dicen- “reconducir la deuda pública dentro de los límites que establece el Pacto de Estabilidad y Crecimiento”, es decir, por debajo del 60%, pero no dicen lo más importante: el cómo.

Sobre alguna de las ocho propuestas, sólo se puede pensar en que no han sido fruto precisamente de la reflexión. Como por ejemplo, la relativa a la recomendación de extender la contención de las ofertas de empleo público. En pocas palabras, se esta aludiendo de forma clara y directa a que Sus Señorías no quieren que se vuelvan a convocar más plazas de empleo público, deseo que en principio no esta mal pero encaminado a no hacer amigos ni en las filas sindicales ni en comunidades autónomas  como la andaluza, donde se puede decir que todas las familias tienen, al menos, un miembro funcionario.

Otra de las medidas que a su juicio resultan “pertinentes para hacer frente al deficit estructural que padecen nuestras cuentas públicas” les lleva, se entiende que sin querer, a pedirle al Gobierno que reforme las pensiones de una vez, camisa de once varas para la que sin embargo regalan un cómo: retrasando la edad de jubilación. Pero al mismo tiempo, hacer frente al que llaman déficit estructural significa una reforma en profundidad del sistema sanitario; vamos que, si había unos cuantos temas de fricción entre Gobierno y oposición, ponerse a hablar ahora de copago, cheque médico, etc… la tormenta perfecta. En el fondo, no deja de ser una propuesta valiente, pero que muy valiente.

Los senadores proponen ahora “impulsar reorganizaciones administrativas que supongan una reducción del gasto real”. Bien planteado, lo que sucede es que a nada que se reorganice cualquier departamento ministerial, se reduce automáticamente el gasto corriente. A más de uno se le ocurre, y sin tener que coincidir con las propuestas del Partido Popular que, reorganizar la Administración pasa por suprimir algunos ministerios. Los más osados apuntan incluso hasta alguna Comunidad Autónoma, pero en fin. En todo caso, son ocho buenas ideas que si creen y están seguros de que pueden llevarse a cabo en 2010, uno no se explica por qué no se han hecho antes. Como por ejemplo, cuando sugieren que hay que fomentar la racionalización de los gastos corrientes, pero no dicen cómo y se queda solo en eso en undeseo. De todas formas, y si pensamos mal, hay que entender que los senadores tenían por irracionales algunas partidas del gasto.

Y ya metidos en recortes y reorganizaciones, los senadores ambicionan un plan de austeridad para cada departamento de la Administración y por supuesto par alas entidades del sector público empresarial, una sugerencia que significaría en la práctica, seguir ‘haciendo amigos’, pero esta vez dentro del Estado, porque, cómo entender la austeridad si no se congeal el sueldo a los funcionarios o se eliminan dos coches por ministro, o uno por alto cargo, etc, etc. Puestos ya a suprimir, nadie se imagina la cantidad que se ahorraría el Estado aplicando el plan de vacaciones danés o alemán de ‘permisos forzosos’, sistema que tiene la virtualidad de ahorrarse muchos sueldos y dietas de funcionarios de la Administración Central del Estado.

En resumen, propuestas para reducir el déficit reformando pensiones, sanidad y Administración Pública, casi nada. Entre Sus Señorías se cuentan un buen número de economistas, letrados, medicos e ingenieros, con más de un postgrado que bien podría impartir docencia en alguna Universidad española. Pero no mucho más allá.

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